La generación en México que no le tuvo miedo a AMLO

De izquierda a derecha: Miguel Millán, Janice López, Jim Valdés, Vania López, Martín Hernández, María Fernanda Avilés, Carlos Damián | Foto: Josué Parra / Yahoo

Por Miguel Ángel Castillo

Fue la generación de votantes más grande en la historia de México, un tercio del padrón electoral, 25 millones de jóvenes ante una elección que cambió el rumbo del país y le dio por primera vez el poder a la izquierda con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia. Es la generación en México que no le temió al Apocalipsis que tanto vendieron los adversarios de López Obrador.

Sí, porque durante todo el 2018 la versión que circuló en el país era que todo sería un completo desastre, en contraposición a los que siempre creyeron que no había de otra, que López Obrador sería el único que podría darle a México un cambio radical, pero para bien. Y eso es lo que aún se vive ahora, un ambiente polarizado que ha durado desde que iniciaron las campañas hasta ahora que Andrés Manuel López Obrador ya es presidente de México.

Para los que pensaban que el triunfo de López Obrador se traduciría en tomar un rumbo hacia la catástrofe, poniendo como ejemplo el caso de Venezuela, su idea no ha cambiado en lo más mínimo y la presencia de Nicolás Maduro en la toma de posesión no ayudó a disminuir esa percepción. Para los otros, los 30 millones que votaron por AMLO, nada podía ser peor que ver ungidos a Ricardo Anaya o José Antonio Meade, pues eso hubiera sido perpetuar y acentuar la enorme brecha de desigualdad social y económica, así como la corrupción, impunidad y violencia que prevaleció durante los gobiernos del PRI y el PAN. En el momento crucial de decisión, todos los bandos temía lo peor. Menos la generación más joven. Y eso en parte, inclinó la balanza.

México cuenta con la generación de jóvenes más grande de su historia y por eso mismo, representaron casi un tercio del padrón electoral. Fueron alrededor de 25 millones de entre 18 y 29 años de edad, de los cuales, 12 millones tuvieron la oportunidad de ejercer su voto por primera vez en su vida, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional Electoral (INE).

De izquierda a derecha: Miguel Millán, Janice López, Jim Valdés, Vania López, Martín Hernández, María Fernanda Avilés, Carlos Damián | Foto: Josué Parra / Yahoo

Para este último segmento de electores, el discurso de miedo que pintó escenarios apocalípticos no causó el mismo efecto que en las generaciones anteriores y fue su mismo contexto histórico el que lo explica. Los jóvenes que votaron por primera vez tienen entre 18 y 20 años de edad y nacieron justo en la llamada transición democrática del país, esa en la que el hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió la presidencia luego de 70 años en el poder.

Por eso mismo, las referencias de este grupo de electores no fueron las grandes crisis económicas de los años 80 y 90, ni tampoco el sistema antidemocrático de sucesión presidencial donde el mandatario en curso nombraba a su sucesor, con una oposición sin fuerza o casi inexistente y que cuando llegaba a tener presencia, era arrasada por un sistema electoral controlado por el mismo gobierno.

A esta generación la caracteriza el vivir y crecer bajo un panorama de economía de mercado abierto (el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, Estados Unidos y Canadá entró en vigor en 1994) y una revolución tecnológica donde la telefonía celular es preponderante, el consumo de música y video es digital y las comunicaciones y la información se basan más en el Internet y sus redes sociales y no en la radio y la televisión.

Pero también ha vivido bajo un panorama de violencia continuo en su memoria. Cruzaron de la niñez a la adolescencia y después a la edad adulta bajo una guerra del gobierno contra los cárteles del narcotráfico que ha dejado cientos de miles de muertos y desaparecidos. Para ellos, la desaparición de 43 estudiantes en Iguala, Guerrero, es una herida reciente y los escándalos de corrupción de gobernadores y funcionarios públicos de todos los partidos, incluido el ahora expresidente Enrique Peña Nieto y su esposa, los puso en la disyuntiva de si en verdad era posible un cambio sustancial en México, incluso si López Obrador llegaba al poder. Y así fueron a las urnas, sin miedo, seguros de que, pasará lo que pasara, el país seguirá adelante. Por más negro y desolador que quisieron pintarles el futuro.

Los jóvenes, el centro de todo

Vania López tiene 19 años, estudia Comunicación en la Universidad Anáhuac y si de algo estuvo segura es que participaría en la elección presidencial de este año. De hecho, su voto no fue para el ahora presidente de México. Aún así, nunca creyó que el país fuera a derrumbarse si ganaba AMLO. Aunque criticó el dispendio hecho en las campañas electorales, sobre todo en la parte de propaganda por considerarla errónea e ineficiente, no dejó pasar de largo esta primera oportunidad de enfrentarse a las urnas.

Vania López, estudiante de Comunicación en la Universidad Anáhuac campus Querétaro | Foto: Josué Parra / Yahoo

Todo lo contrario pasó con Martín Hernández del Tec de Monterrey,  quien  a pesar de que estaba seguro de que iría a votar, lo hizo como una mera experiencia y no porque considerara que su participación pudiera lograr un cambio significativo, ni mucho menos cambiar el rumbo y el destino del país. Es más, para él la mejor opción de vida ni siquiera la visualiza en México, sino en algún país del extranjero. Sin embargo, tampoco temió por el triunfo de López Obrador. Simplemente el país seguiría su rumbo, sin caos, sin dramas, y él, su propio camino.

Martín Hernández, estudiante de Administración y Estrategia de Negocios en el Tecnológico de Monterrey | Foto: Josué Parra / Yahoo

María Fernanda Avilés, de 18 años y estudiante de Relaciones Internaciones en la UNAM, más allá de elegir a López Obrador por simpatía o porque las encuestas dijeran que él iba a ganar, consideró que lo importante era participar porque no sólo votarían por un cambio en el país, sino por la persona que dirigirá México justo cuando tenga que insertarse en el campo laboral ahora en un corto plazo.

Justo por eso, si bien nunca vio un panorama catastrófico, lo que sí auguró fue un escenario de desilusión para los próximos años, pues considera que López Obrador no podrá cumplir con las altas expectativas que han generado con sus propuestas por la sencilla razón de que fueron más allá de lo realizable.

María Fernanda Avilés, estudiante de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México | Foto: Josué Parra / Yahoo
¿El nuevo PRI perdió una oportunidad histórica para redimirse?

Miguel Millán tiene 20 años y es mecánico de bicicletas. De eso vive y le va bien. Por años, su familia, conformada principalmente por policías, votó por el PRI. Pero esta vez no lo hizo. Ni él tampoco en esta su primera vez. Su elección fue Andrés Manuel López Obrador. No porque le tuviera aversión al PRI, aún cuando las historias negras sobre esa institución en el siglo pasado se las contaron una y otra vez. De hecho, dice, no conoce a alguien que no hable mal del PRI. Pero a él le bastó un solo sexenio, el de Enrique Peña Nieto, para saber que no votaría por ellos, por la Reforma Energética, los escándalos de corrupción del exgobernador Javier Duarte (ahora en prisión), el aumento de la violencia, entre otras cosas. Simplemente, apunta, “lo echaron a perder”.

Miguel Millán, mecánico de bicicletas | Foto: Josué Parra / Yahoo

Que un alto porcentaje de los jóvenes tuviera preferencia por AMLO fue una evidencia clara de la baja popularidad del último gobierno priísta. De regreso en 2012 tras haber perdido una hegemonía de 70 años en el año 2000, lo que el presidente Enrique Peña Nieto prometía como un Nuevo PRI finalmente no terminó por darse cuando su administración se vio envuelta en casos de corrupción (Odebrecht) o presunto tráfico de influencias (la casa de su esposa comprada con el préstamo de un contratista del gobierno), aunado a seguir la misma estrategia contra los cárteles de la droga que no redujo la violencia sino que incrementó el número de muertos con respecto al sexenio anterior.

Si a eso se le agregan las múltiples protestas por el aumento del combustible que derivaron hasta en saqueos y reformas estructurales que no han sido para nada populares (energética, educativa) podría decirse que el PRI tuvo una oportunidad de oro para redimirse y ganarse a una generación a la que no había gobernado jamás. Y la dejó ir.

Para Vania López, estudiante de la Universidad Anáhuac, el PRI fue uno de los factores que hicieron que no se decidiera a votar por José Antonio Meade, pues a pesar de considerarlo la persona con más experiencia en el campo de la administración pública, no pudo quitarse de encima el estigma de ser candidato de un partido cuyo último gobierno se vio envuelto en escándalos.

“A mí Meade se me hacía una persona muy preparada y muy coherente, pero la carga de este partido que lleva atrás que es el PRI no le permitió avanzar. Es un partido que ha propiciado una serie de situaciones que derivan en muchas de las deficiencias que ahora tenemos en nuestro sistema democrático; para mí, el PRI sólo buscaba salvarse a sí mismo”, agrega María Fernanda Avilés, estudiante de la UNAM.

En el caso de Carlos Damián Aguilar, músico de orquesta con 18 años de edad, el PRI no significaba ese ente tan satanizado del que ha escuchado desde que era niño, más cuando creció dentro de una familia sumamente politizada con inclinaciones de izquierda y donde por ende, todos votaron por López Obrador. Aún así, no consideró a Meade como una opción, pues desde su perspectiva, la reforma educativa no fue de las mejores decisiones que pudo tomar el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Carlos Damián Aguilar, músico de viola en la Orquesta Infantil y Juvenil de Azcapotzalco | Foto: Josué Parra / Yahoo

La desconfianza, el reto que se pudo vencer.

La última elección presidencial polarizada al extremo en México sucedió en 2006, cuando Felipe Calderón, del PAN, venció a Andrés Manuel López Obrador en una final de fotografía que terminó con una diferencia de 0.56% entre uno y otro candidato. Esa mínima diferencia en un sistema electoral donde no existe la segunda vuelta polarizó a la sociedad mexicana con una crisis de legitimidad para el presidente electo y una sospecha de fraude que aún prevalece en estos días. Pero fue el Instituto Federal Electoral (ahora INE) el que se vio más afectado en su credibilidad al no anunciar resultados sino hasta dos días después.

Esta vez el INE tuvo la titánica misión de generar confianza entre los mexicanos, una tarea que no tuvo fácil bajo un escenario de crispación donde tanto candidatos como sus seguidores reclamaron su actuación y toma de decisiones en el proceso electoral. El caso de las candidaturas independientes (modalidad que se aplicó por primera vez en la historia del país) fue la gota que derramó el vaso, cuando a pesar de documentar el mismo Instituto que uno los aspirantes falsificó firmas para obtener su registro, tuvo que validarlo para que compitiera por la presidencia, por orden del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, un órgano autónomo e independiente cuyas decisiones deben ser acatadas por el INE.

Jim Valdés, estudiante de la UNAM con 18 años de edad, sabía de la magnitud que implicaba la elección presidencial de 2018 y por eso mismo, del fantasma de un posible fraude, de tal forma, que nadie estaría seguro de si la elección fue limpia o no, a menos que el resultado fuera avasallador. Para fortuna del INE y del mismo López Obrador, los números no dejaron lugar a dudas: más del 53% de los votos fueron para el candidato de Morena para sumar un total de 30 millones de personas eligiéndolo, el mejor resultado que haya tenido un presidente en la historia de México.

Jim Valdés, estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México | Foto: Josué Parra / Yahoo

Janice López, de 21 años y estudiante en la Universidad Panamericana, no consideraba que el Instituto fuera confiable, al menos no al 100%, por todo lo que se ha visto en el pasado. Sin embargo,  aunque no comulga con las ideas de López Obrador está convencida de que su triunfo no llevará a México a convertirse en Venezuela.

Janice López, estudiante de Comunicación en la Universidad Panamericana | Foto: Josué Parra / Yahoo

Y así fue como la generación de jóvenes más grande en la historia de México estuvo ahí, participó y decidió, muy activos en la crítica, a su manera, a veces con memes, pero no inertes. Impávidos ante los discursos de miedo . Sin temor al Apocalipsis. Ese discurso no funcionó con ellos. Al final de cuentas, el futuro es suyo, con o sin López Obrador. Y ellos lo saben.