OPINIÓN | ¿A qué se debe el prolongado -y revelador- silencio de Biden?

Joe Biden (Photo by Mandel NGAN / AFP) (Photo by MANDEL NGAN/AFP via Getty Images)

Por Julio Túpac Cabello

Si no hubiese sido porque está siendo demandado por abuso sexual, de Biden sabríamos muy poco, pues sus apariciones en zoom con su esposa, versando sobre la importancia del distanciamiento social, han sido de tan poco riesgo y tan matizadas, que no han sido noticia. 

No tiene, digamos, la responsabilidad formal de hacerlo. Pero es que el liderazgo y el servicio público son, en ciernes, una vocación, no la función de un cargo.

Con todo y lo cuestionado que es Trump, y más allá de cualquier evaluación, el hombre ocupa la Presidencia porque, a pesar de su edad y sus millones, decidió apostarle a su nacionalismo, a su deseo de poder, a su visión del mundo que, por cierto, terminó representando a más gente de la que uno creía, pero ése es otro tema.

Lo que es preciso decir es que Trump está ahí de Presidente por su deseo, no por el sueldo. Por la ambición, no por la conveniencia.Y, aunque por razones distintas -tienen distinto extracto, historia disímil e ideologías absolutamente adversas- uno esperaría que Joe Biden, que aspira a arrebatarle la primera magistratura a Trump, tuviese alguna notoriedad en medio de la pandemia más aniquiladora que haya vivido su país y la población que desea representar.

Ahora Trump anuncia de una forma no muy organizada que la sociedad debe volver a sus quehaceres económicos, aunque los números, bien estando en un plató, aún son alarmantes.

¿Y cuál es la posición de Biden? No se sabe. 

La defensa de rigor es no decir nada que se le conviertan en bumerang, así que tampoco semejante acusación nos los ha hecho aparecer. En tanto, los demócratas, parecen más ocupados de escoger candidato (a) a VP que otra cosa.

Y cómo no, sí, "la campaña silente", como la llama CNN, está saliendo bien en los sondeos, gracias a las confusiones creadas por Trump al frente de la pandemia.

Semanas atrás, el nombre de Biden había aparecido en los medios sólo por dos razones: Obama y Warren lo apoyaron, y haciendo lo mismo y retirándose de la candidatura, también se pronunció Sanders.

Pero, y Biden, ¿dónde está? ¿Qué dice? ¿Qué aconseja? ¿Qué críticas tiene? ¿Qué inspira? Nadie lo sabe.

Fácil no debe ser. En medio de una crisis como esta, criticar al Presidente podría lucir como un intento por tratar de aprovecharse de sus errores aunque le cuesten vidas y ruinas a Estados Unidos, a cambio de rédito electoral.

Y en la acera contraria, unírsele a Trump para hacer un liderazgo común que acompañe y acolchone a los norteamericanos en medio de la penuria, el aislamiento, el luto y el miedo, puede hervirle la sangre a la ahora más numerosa izquierda emocional que está en las bases del partido del burro.

Silencio incómodo

Pero esas son hipótesis de analista o de consultor. Miradas de laboratorio. En tanto, ¿lo que tiene Biden que decir es este estruendoso silencio?

¿No hay nada natural en su liderazgo que lo lleve a darle una palabra ponderada, de aliento, de peso, a los 300 millones que dice querer representar? 

No tendría que arriesgarse exponiéndose más que a un teléfono, una cámara o un ordenador. Biden no tiene nada que decirnos, a los naturales, naturalizados e inmigrantes: ¿Biden no tiene opinión respecto a una y otra estrategia?, ¿respecto a lo que hace Alemania o Corea del Sur, o Suecia o Nueva Zelanda?¿Biden no tiene posición acerca de los plazos de las vacunas, los modelos estadísticos y el aplanamiento, los exámenes para identificar la enfermedad, la reapertura de le economía o los rebrotes?

Pareciera que su voz son las recomendaciones. Pasar agachado. Que la pandemia no le afecte, sino que las consecuencias recaigan sobre Trump. Que el partido adelante los mensajes estos que vemos en las redes y en la tele, sobre las acostumbradas verborreas de Trump según las cuales un día todo estaba bajo control y el otro estábamos frente a un virus asesino.

Predecir el futuro en política, como en los deportes, es un arte suicida. Pero si en este momento alguien tuviese que tomar la foto de Estados Unidos, Biden no estaría o, peor, se le vería apenas parte de su cabello blanco, tapado por algún otro personaje que se haya atrevido a participar de este difícil trance, aunque fuese equivocándose.

El silencio es asombroso. Prolongado y decepcionante. Porque termina expresando lo que quizás sea lo último que a Biden le gustaría expresar, que es que a él poco le importa.  

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