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Por qué Netanyahu tiene mucha culpa de la fuerza que tiene Hamás hoy en día

Israel y Gaza se han convertido en un gran cementerio en el que las víctimas mortales se cuentan por cientos. El ataque por sorpresa de Hamás ha obtenido una dura respuesta por parte de Netanyahu y el conflicto está en un momento de máxima tensión. Pero, curiosamente, ha sido el propio primer ministro israelí uno de los principales culpables de que el grupo sea hoy tan fuerte.

Precisamente, son esos dos nombres, Hamás y Netanyahu, los que han marcado y marcan la política en la región en las últimas décadas. Dos actores principales que han coexistido y que con sus acciones explican la situación actual. Y también, por qué no decirlo, los dos principales responsables del grado de polarización insoportable que se vive en ambos territorios.

Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. (Abir Sultan/Pool Photo via AP)
Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. (Abir Sultan/Pool Photo via AP)

Los orígenes de Hamás se remontan a 1988 y nació con la vocación de no firmar ninguna paz permanente con los judíos. En sus estatutos fundacionales definen los territorios históricos palestinos como tierra islámica. Una delimitación que incluye el actual Estado de Israel, por lo que lograr sus objetivos supone la desaparición de los hebreos del territorio. Desde 2007, este grupo, categorizado como banda terrorista por Estados Unidos o la Unión Europea, gobierna Gaza.

Por su parte, Benjamin Netanyahu ha sido primer ministro de Israel en tres etapas distintas. La primera de ellas, entre 1996 y 1999; la segunda, entre 2009 y 2021 y la última, desde finales de 2022. Es decir, en los 16 años que lleva Hamás controlando la Franja, en la mayoría de ellos enfrente ha estado el político hebreo.

Mientras tanto, en Cisjordania, la otra parte del territorio palestino, gobierna Fatah, un partido nacionalista que también persigue la creación de un Estado palestino. A diferencia de Hamás, no defiende la lucha armada y ha reconocido el Estado de Israel, por lo que no forma parte de la lista de organizaciones terroristas. Al contrario, actualmente es un interlocutor válido en el escenario global. Unas circunstancias que estropean el relato de Netanyahu.

En todo estos años, el político hebreo se ha caracterizado por la durísima represión contra los territorios palestinos, al tiempo que fomentaba los asentamientos ilegales de los colonos israelíes. La Franja sufre un bloqueo salvaje por parte de Israel, que deja al territorio sin electricidad, alimentos o combustible.

Gaza en ruinas tras las bombas de Israel. (Photo by SAID KHATIB/AFP via Getty Images)
Gaza en ruinas tras las bombas de Israel. (Photo by SAID KHATIB/AFP via Getty Images)

Un factor muy importante en un conflicto de larga duración como este (más de 70 años) es la imagen exterior que se proyecta. Y al primer ministro israelí le interesa mucho más que el mundo asocie a los palestinos como terroristas que como un pueblo pacífico y reprimido que defiende la creación de un Estado. Dos caras bien distintas de la causa palestina.

Por eso, en los últimos años Netanyahu ha fortalecido a Hamás. En sus cálculos políticos, le ha interesado que sonara mucho más la voz y las acciones de Hamás que la de Fatah. Esto no lo digo yo, lo admitió el propio primer ministro israelí en 2019, tal y como contó el periódico hebreo Haaretz.

"Cualquiera que quiera frustrar el establecimiento de un Estado palestino tiene que apoyar el refuerzo de Hamás y la transferencia de dinero a Hamás", les dijo a los miembros de su partido Likud en la Knesset /Parlamento) en marzo de 2019. "Esto es parte de nuestra estrategia".

Es decir, en vez de fomentar el diálogo que permita la convivencia pacífica de los dos Estados, Netanyahu se ha centrado en potenciar a Hamás por encima de Fatah, con la idea de debilitar la causa palestina internacionalmente. Aunque la propia coherencia ya dictaba que esto era un error, los hechos se han encargado de demostrarlo. Incluso, hay periodistas israelíes que ya lo han cuestionado.

Igual que pasó con Estados Unidos y Bin Laden, si alimentas al monstruo, este puede terminar devorándote y los ataques que ha llevado a cabo el grupo extremista lo reafirman.

La política de confrontación permanente y alimentar las diferencias tiene un saldo demoledor. Desde 1988 han muerto más de 13.000 personas, mayoritariamente palestinos. Se da además la circunstancia que casi todos ellos eran civiles. Personas inocentes que han pagado con sus propias vidas un conflicto en el que hace mucho tiempo que nadie intenta poner soluciones.

En esta ocasión no es diferente. Los enfrentamientos entre Israel y Gaza se han recrudecido y la cifra de muertos crece sin parar. Veremos cómo evoluciona un conflicto que vuelve a poner en llamas a la región.

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