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Santiago Abascal, líder de Vox: “Javier Milei contribuye con un estilo muy contundente en la batalla cultural”

El líder del partido español Vox, Santiago Abascal, de visita en Buenos Aires para la asunción presidencial de Javier Milei
El líder del partido español Vox, Santiago Abascal, de visita en Buenos Aires para la asunción presidencial de Javier Milei - Créditos: @CAMILA GODOY

Líder del partido de la ultraderecha española -término que él rechaza- Vox, Santiago Abascal no quiso perderse la asunción de Javier Milei, con quien se siente “hermanado” y cuya llegada a la presidencia ve como un ejemplo y una inspiración para otros movimientos afines.

Vox se hizo un lugar en la política española situándose más a la derecha del Partido Popular (PP), y con la misma retórica de Milei de cuestionar el modo de hacer las cosas de los partidos de costumbre.

“Hermanados de manera irrevocable en la batalla cultural y política por la libertad y contra la ruina izquierdista”, escribió Abascal en su cuenta de X tras reunirse con Milei en Buenos Aires, como parte de su veloz agenda en la Argentina que incluyó un diálogo con LA NACION.

Santiago Abascal, líder del partido español Vox
Santiago Abascal, líder del partido español Vox - Créditos: @CAMILA GODOY

–¿Qué significa esa batalla cultural y qué significa el triunfo de Milei para ustedes en Vox?

–Creo que el triunfo de Milei tiene un impacto no solo nacional en la Argentina o regional en Iberoamérica sino un impacto internacional. Y tiene que ver precisamente con la batalla cultural porque Milei contribuye no solo en el fondo sino probablemente en la forma, con un estilo muy contundente, descalificador del oponente izquierdista y del que ha dejado en la Argentina en esta situación. Pero, sobre todo, desde una convicción que es la que nosotros compartimos, y por eso hablo de hermanamiento, de que hay que enfrentar a la izquierda no solo en el terreno de las cuentas -que es lo que ha hecho la centroderecha clásica, que piensa que la cuestión cultural del fondo político es cosa de la izquierda-. Por eso las derechas cuando llegan al poder solo se dedican al equilibrio de las cuentas públicas.

–¿Cuál fue el mayor déficit en general de los partidos tradicionales para que puedan hacer cuña partidos como el suyo y como el de Milei?

–El mayor déficit de los partidos del establishment es su conversación. No tiene nada que ver la conversación de las tertulias, la conversación de los políticos en los Parlamentos, con la conversación de la calle. Hablan un idioma completamente distinto, tienen otras preocupaciones, imponen agendas globales en muchas ocasiones que no acepta el pueblo. Entonces yo creo que hay una desconexión muy grande entre el establishment político y mediático y la gente, y yo creo que eso es lo que ha facilitado el surgimiento de otros partidos. Pongo solo un ejemplo, en materia de inmigración. Nosotros decimos que hay que impedir la inmigración ilegal; que la migración solo puede ser legal, ordenada, en función de las necesidades de la economía nacional y de la capacidad de adaptación del inmigrante, es decir, que hay que discriminar. Y eso ha sido calificado de manera total y absoluta como xenófobo por los políticos mainstream y por los medios de comunicación. Pero si uno pregunta en la calle, todo el mundo está de acuerdo con nosotros. Y solo es un ejemplo, da igual que hablemos de inmigración, que hablemos de la consecuencia de las políticas derivadas de la agenda 2030, de cualquier asunto. Hay un gran choque entre la opinión pública real y la opinión publicada.

–Hace unos años surgió Podemos, que se mostraba como la alternativa al mainstream, y eran diametralmente distintos a ustedes.

–Bueno, ahí había una indignación natural contra la corrupción política, aprovechada por un comunismo camuflado, que era lo que representaba Podemos. En cuanto ese partido, que es votado por mucha gente que no es de izquierda ni es comunista, muestra su patita, comienza a perder los apoyos inmediatamente. Es un problema que tiene, en primer lugar, con la nación. Es un partido que rechaza la bandera, que rechaza la idea de una patria unida, que coquetea con los separatistas. Surgen como algo propio del pueblo pero se comportan como un establishment ideologizado, que no se identifica con lo que piensa el pueblo, con el pueblo que quiere a su patria, que se identifica con su bandera, con su himno.

–Los partidos mainstream terminan muchas veces absorbiendo a los movimientos disruptivos. Además de estas protestas contra los partidos tradicionales, ¿qué es lo que Vox le ofrece al votante para que se enamoren de esas propuestas?

–Yo discrepo en que hayan sido absorbidos estos partidos. En Europa han desaparecido los dos partidos mainstream, el Partido Popular o el Partido Socialista en Francia, por ejemplo, han desaparecido y han sido sustituidos por dos opciones nuevas, una es el partido de Marine Le Pen y otra es el partido de Emmanuel Macron. Es un nuevo mainstream, pero no es de los viejos partidos. En Italia gobierna Giorgia Meloni que ha conseguido un acuerdo con la vieja centroderecha y con otra fuerza que podría ser equiparable, como La Liga. En Holanda acaba de ganar Wilders; en España, Vox es la tercera fuerza. Y está pasando en otros lugares de Europa: en Austria, en Alemania, en Hungría, en Polonia. Los partidos que defienden las cosas que defiende Vox son partidos que van a decidir el futuro de Europa. Vox nada más está empezando.

–¿Cree que estos partidos –que desde afuera se los define como ultraderecha, aunque ustedes lo ven distinto– pueden pasar a dominar la escena de Europa como lo hizo en su momento la socialdemocracia?

–Creo que es cuestión de tiempo, de muy poco tiempo, de una legislatura europea o de dos, para que estos partidos se conviertan en los partidos principales de la Unión Europea. Nosotros somos un partido que defiende la unidad nacional, la democracia, la separación de poderes, la seguridad jurídica, unas fronteras fuertes y seguras; que defiende que los partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones patronales y los colectivos o asociaciones deben financiarse con la cuota de sus asociados y no a través del poder público, que defendemos cosas para las que no hace falta ser de derecha o de izquierda. Creemos que las etiquetas ideológicas -liberal, conservador- son etiquetas quizá muy antiguas, no identifican a la gran mayoría de la población que camina por la calle, que no va pensando si es socialdemócrata, si es conservador, si es liberal.

–¿Y qué piensa de la etiqueta de extrema derecha?

–Bueno, que es un modo de descalificar por parte de la izquierda y por parte de la centroderecha. No nos identificamos con ello pero no perdemos tiempo en justificarnos, porque hemos venido a señalarlos a ellos. Nosotros somos los que acusamos, ellos en su desesperación intentan insultarnos, demonizarnos, pero así insultan y demonizan a gran parte de sus votantes. Vuelvo a la inmigración en España y en Europa: nuestras propuestas en materia migratoria que son calificadas de xenófobas por los medios de comunicación y por los otros adversarios políticos son aprobadas en las encuestas por un porcentaje elevado de socialistas, de comunistas, de populares [conservadores], y por supuesto de nuestros votantes, porque responden a una realidad, a un sentir sobre un problema cierto y por eso tienen que descalificarnos, porque no pueden entrar al fondo de la cuestión. Nos llaman negacionistas climáticos, nosotros no entramos en esa cuestión. No decimos ni una cosa ni la contraria, pero no aceptamos las restricciones derivadas de la transición energética que afectan a las personas más humildes, no aceptamos que en períodos de sequía se vuelen las presas en España, tampoco aceptamos que se dinamiten las centrales térmicas cuando hay un problema de desabastecimiento energético y de encarecimiento de la energía como consecuencia de la crisis entre Rusia y Ucrania. Nosotros hablamos de problemas reales, somos propositivos, hablamos de problemas que tiene la población, que tienen los españoles. En realidad son ellos los que no son propositivos, son descalificatorios. Todo tiene un insulto porque se han acostumbrado a que esos insultos funcionasen para amordazar y atar de pies y manos a la vieja centroderecha. Pero con nosotros no funciona y por eso la agresividad contra nuestros planteamientos es mayor.

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, en rueda de prensa en Madrid (Archivo)
El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, en rueda de prensa en Madrid (Archivo) - Créditos: @Diego Radamés - Europa Press

–¿Qué piensan hacer en este nuevo gobierno de Sánchez?

–El problema de Sánchez es que tuvo una legislatura anterior que era un gobierno ilegítimo, no digo ilegal pero sí un gobierno ilegítimo, porque partía de la mentira a los electores prometiendo en todas las entrevistas, en todos sus actos públicos, que no pactaría con tres fuerzas políticas: la comunista, la separatista y la heredera del terrorismo, y pactó con todas. Ahora ha pasado de ser un gobierno, además de ilegítimo, un gobierno ilegal, sostenido en la concesión de una ley de amnistía que el propio Pedro Sánchez dijo que era inconstitucional y que no cabía en nuestro ordenamiento jurídico. Es una ley inconstitucional que supone la abolición del Estado de derecho, el inicio del fin de la democracia, incluso la supresión del Poder Judicial. Nosotros lo hemos calificado de golpe de Estado. Cuando uno de los poderes suprime al otro creemos que se está produciendo un golpe de Estado. En España nuestra Constitución dice que puede haber una ley de indultos, pero que los indultos generales están prohibidos, que esa ley de indultos no podrá incluir indultos generales. La amnistía va más allá de un indulto. Porque el indulto supone que has tenido un juicio justo y después, por circunstancias sociales o personales, el poder político decide perdonar la pena. En el caso de la amnistía es mucho más grave porque se hace un borrado y por lo tanto se legitima la comisión del delito.

–¿Pero qué piensan hacer en la práctica con esa denuncia ?

–Vamos a hacer oposición parlamentaria, oposición judicial, oposición en las calles y alerta internacional sobre lo que está pasando en España. Es nuestra única obligación. Estamos concentrados en ello y vamos a tener que seguir.

–O sea que ustedes deslegitiman al gobierno y no van a avalarlo. ¿No van a sentarse al Parlamento?

–En el Parlamento sí nos vamos a sentar, lo que está deslegitimado es el gobierno. Nosotros lo que decimos es que es un gobierno ilegítimo por llegar con la mentira y además sostenido sobre la ilegalidad. ¿Qué hacemos? Utilizar todas las herramientas que el Estado de derecho nos otorgue, y por eso digo que acudimos a los tribunales y hacemos oposición parlamentaria. Pero nosotros no vamos a aceptar esa nueva normalidad, no vamos a darla por buena. En ningún momento vamos a arrear esa bandera.

–El funcionamiento del Estado va a seguir, de todos modos…

–El funcionamiento del Estado va a seguir, pero como ha seguido en Venezuela. Lo que no sabemos es qué va a ser de nosotros. Lo que no sabemos es hasta qué punto la deriva autoritaria de Pedro Sánchez va a afectar a las libertades de los españoles en otros terrenos. No sabemos en qué medida la Unión Europea va a responder y va a ser capaz de amparar a los españoles ante un problema con nuestro Estado de derecho. La Unión Europea persigue a Polonia y a Hungría diciendo que tienen problemas en su Estado de derecho, en el control judicial, y calla ante España, dice que es un problema interno español y cuando en realidad lo que ocurre en España es lo verdaderamente grave.

–Usted ha sido bastante crítico con la Unión Europea…

–Somos críticos con la deriva, pero nosotros nos sentimos identificados con la Unión Europea de los padres fundadores, que es respetuosa con la soberanía de los Estados que la integran, y con el funcionamiento a través de la unanimidad, no de las mayorías que pretenden dejar indefensas a muchas naciones. Ha habido una socialdemocracia que ha domesticado a los partidos populares europeos y que está ideologizada, y que a través de los burócratas de Bruselas persigue a unas naciones y con otras no hace nada. Esa es nuestra crítica, que hay un avance en la federalización de la Unión Europea que va mucho más allá de los tratados y quieren forzar ese avance.