El pasado que alcanzó al expresidente Felipe Calderón en forma de repudio

REUTERS/Brendan McDermid

La noche del 19 de marzo de 2010 fueron asesinados Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, estudiantes de posgrado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Monterrey. Salieron de la biblioteca para dirigirse a su domicilio y en ese momento, en la avenida Eugenio Garza Sada, se enfrentaban militares de la IV Región Militar contra delincuentes, que hicieron uso de fusiles de asalto y granadas e ingresaron al campus.

Los estudiantes fueron muertos por las balas de los militares, quienes les colocaron armas, escondieron sus identificaciones y consignaron en el parte oficial que eran dos sicarios.

El enfrentamiento se dio en el contexto de la guerra que el gobierno de Felipe Calderón lanzó contra la delincuencia organizada, por lo que avaló el parte de los militares.

Casi diez años después el pasado alcanzó a Felipe Calderón, considerado por parte de la comunidad del Tec de Monterrey, como el principal responsable, no solo del asesinato de Jorge y Javier, sino de cientos de miles de personas que han perdido la vida en la supuesta guerra contra el narcotráfico.

El expresidente Felipe Calderón fue invitado a dar una conferencia por la Sociedad de Alumnos de Derecho a participar en el Simposio Internacional de Derecho en Juicio, lo que generó polémica entre los estudiantes del Campus. Se manifestó el rechazo a su presencia en la institución y se lanzó la petición de cancelar su participación en el simposium, mediante una carta firmada por 14 mil 298 estudiantes y académicos.

El Colectivo “Todos Somos Jorge y Javier”, formado por estudiantes y familiares de los dos jóvenes, mediante un comunicado publicado en redes sociales manifestó que “Felipe Calderón no debió ser invitado a participar de ninguna actividad académica en el Tecnológico porque representa los valores contrarios al humanismo que cualquier institución educativa debería promover entre sus alumnos, pero sobre todo por respeto a la memoria de los jóvenes de la comunidad Tec, asesinados al interior de la institución”.

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En su comunicado el Colectivo explica que Calderón sabía que los familiares de los estudiantes, muertos por los soldados, reclamaron que su gobierno “limpiara su memoria, se les regresara su identidad y que se les reconociera como los estudiantes que eran. Sin embargo, el expresidente ni siquiera tuvo el valor necesario para que el gobierno, que él encabezaba, hiciera lo mínimo posible para aclarar la verdad”.

El Colectivo expresó su reconocimiento a la dificultad de cancelar la participación de Calderón en el Simposium y solicitó a los organizadores “se permita cuestionar al expresidente”, mediante “un diálogo libre y accesible para preguntar y cuestionar a quienes tienen y tuvieron la autoridad para salvaguardar nuestras vidas y la responsabilidad de hacer justicia”. (El Sol de México, 8 de octubre de 2019)

Un día antes del evento en el que participaría, Felipe Calderón canceló su asistencia al Tec de Monterrey, luego de que Rosa Elvia Mercado, madre de Jorge Antonio Mercado, asesinado por los militares, envió una carta al rector, David Garza Salazar, en la que expresó su desacuerdo con la presencia del expresidente en el Campus.

Al respecto, Calderón dijo en su carta de cancelación, que consideraba de la mayor importancia atender la opinión de la señora Mercado, reunirse con los familiares de Jorge y Javier y dialogar con ellos. “Para mí, es fundamental respetar ese dolor, independientemente de que haya quien utilice esa circunstancia con propósitos mediáticos y políticos”.

El repudio que la comunidad del Tec de Monterrey manifestó contra Felipe Calderón es evidencia de que la sociedad no está dispuesta al silencio, el olvido y el perdón. No solo desmanteló una tribuna significativa para el expresidente, también envió el mensaje de que los agravios que el poder comete contra la sociedad en algún momento de la historia serán sancionados y juzgados por los afectados.

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Para los políticos que llegan a lo más alto del poder, parece extremadamente difícil reconocer los errores que se cometen en su gobierno, que no es de una sola persona, sino de miles, lo que lo hace extremadamente complicado, y se confunden al no disculparse por considerar que hacerlo es una debilidad.

Felipe Calderón tuvo la oportunidad de limpiar la memoria de los estudiantes muertos por los militares, y posiblemente la soberbia le dijo que no lo hiciera.

Ahora, sin proponérselo, la madre de una de las víctimas de su “guerra” le dio la excusa para no presentarse a un auditorio que lo cuestionaría. Y ahora sí aprovechó la oportunidad para no explicar lo que no puede o no quiere.