El acusado de agresión sexual que estuvo a punto de ser cónsul de México en la 4T

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Es una práctica común entre los políticos que llegan a ocupar posiciones de primer nivel en el gobierno, recomendarse mutuamente a personas de su confianza, con la intensión de que les informen sobre lo que sucede en esa dependencia a la que “envían” a su recomendado. Obviamente el recomendado es “ampliamente” avalado por quien gestiona la posición, que a su vez queda comprometido a corresponder cuando le soliciten igual favor.

Esa costumbre quedó en evidencia cuando el canciller Marcelo Ebrard ordenó que fuera suspendido el nombramiento de Víctor Alberto Barreras Castro como nuevo cónsul de México en Las Vegas, acusado de tener antecedentes penales por tener relaciones sexuales con una menor de edad. El juzgado cuarto de primera instancia de lo penal de Ciudad Obregón, Sonora, en mayo de 2011 giró orden de aprensión en su contra por el delito de estupro.

La periodista Dolía Estévez publicó un artículo en el que documentó el abuso sexual, en agravio de una menor, cometido por Barreras Castro, nombrado en septiembre cónsul por recomendación de Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, que antes lo había nombrado en esa dependencia director general de la Unidad de Políticas y Estrategias para la Construcción de la Paz.

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En su cuenta de Twitter Marcelo Ebrard explicó su decisión: “Leí la información que publica Dolia Estévez respecto a Víctor Alberto Barreras. Estoy ordenando que el Comité de Etica de la SRE verifique, mientras tanto el nombramiento queda suspendido. Toda la vida he sido feminista, actuaré en consecuencia respetando el debido proceso.”

En su artículo Dolía Estévez relata que cuando sucedió el abuso en 2011, Barreras Castro tenía 24 años y la víctima era una menor de 14 años, que estudiaba en la Secundaria Técnica número 56 de Ciudad Obregón, Sonora, donde éste era profesor suplente de la materia de inglés y fue ahí donde la conoció. Fue denunciado, pero quedó libre luego de pagar una fianza.

“La denuncia fue interpuesta por la madre de la menor y habría contado también, con la declaración de la madre del acusado Olivia Castro Pérez quien declaró que su hijo le confesó haber sostenido relaciones sexuales con la menor en el domicilio de la casa que tienen en el Pueblo Yaqui.

“Luego de los exámenes periciales y psicológicos que comprobaron el abuso, el sujeto llegó a un acuerdo económico con los familiares para lograr el sobreseimiento de su caso, lo que le permitió salir de la cárcel bajo fianza.” (Sin Embargo, 29 de octubre de 2019)

A la denuncia del abuso contra la menor denunciado por Dolía Estévez se agrega la falsificación de documentos oficiales cometido por Alberto Barreras Castro para ocultar sus antecedentes penales.

Cuando fue nombrado director general por Alfonso Durazo presentó una “Carta de No Antecedentes Penales” que, ahora se sabe, fue posible porque antes “mandó desaparecer el expediente del juzgado”, lo que posteriormente le permitió acceder al nombramiento de Cónsul en Las Vegas, cuando la Secretaría de Relaciones Exteriores, al investigarlo, no encontró la información sobre sus antecedentes penales.

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El artículo de la periodista Dolía Estévez lleva a cuestionar, una vez más, la práctica de confiar posiciones dentro de la administración pública a personas de dudosa capacidad profesional y moral, lo que se supone no debería estar sucediendo en plena 4T, pero sucede a pesar de los dichos de Ya Sabes Quien de que la corrupción ya se acabó.

La práctica de las recomendaciones mutuas es una forma de corrupción que ahora quedó a la vista por la denuncia de la periodista Estévez, pero que seguramente existe en toda la estructura del poder, es lo de siempre, en posiciones “clave” son ubicados los de “confianza”, los incondicionales que permiten al de arriba hacer la “transa” sin meter la mano.

Las últimas dos semanas no ha sido fáciles para Alfonso Durazo, primero el triste papel de la Guardia Nacional y el Ejército en Culiacán por el que tiene que dar explicaciones al Senado, a lo que se suma la vergüenza de haber recomendado y antes contratado a un presunto delincuente, con el que posiblemente contaba para el futuro en el que se piensa como candidato de Morena al gobierno de Sonora. La ambición de poder los vuelve torpes y descuidados. En los detalles está el diablo.