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Marcelo Flores, el jugador que hace dos años todos veían como figura y hoy lo tachan de fraude

Marcelo Flores el sábado pasado en el partido entre América y Tigres. (Héctor Vivas/Getty Images)
Marcelo Flores el sábado pasado en el partido entre América y Tigres. (Héctor Vivas/Getty Images)

Marcelo Flores vivió un partido de espanto el sábado pasado en el Estadio Azteca. Su equipo, Tigres, cayó en el América por 2-0. Él fue protagonista de dos jugadas para enmarcar. En la primera, porque quedó en el piso a causa del fulgurante gol anotado por Javairô Dilrosun. En la segunda, ya con el cotejo perdido y acabado, porque erró de manera grotesca frente al arco tras un desborde excepcional de su compañero Ozziel Herrera. Fue una noche para el olvido que sirvió para encender las críticas contra él. Hoy ese es el camino más sencillo. En 2022 el camino cómodo, cuando se opinaba de él, era otro.

Todo parece tan diferente a lo que se leía y escuchaba hace dos años. Flores, nacido en Canadá, de padre mexicano y madre canadiense (con ascendencia inglesa), era toda una joya para el futbol mexicano. Por algo estaba en el Arsenal. No faltaron las voces grandilocuentes que lo pidieron no sólo para la Selección Mayor: querían verlo directamente en el Mundial de Qatar 2022. No sólo para quitárselo a Canadá (Inglaterra nunca se interesó en él), sino porque se creían que podía marcar diferencia real en una época particularmente oscura.

Y los más cautelosos decían que su momento tardaría un poco más en llegar: que debía ser piedra angular para el Mundial de 2026. Los mismos que hoy lo liquidan veían en él al futuro de la Selección Mexicana. Su primera convocatoria con la mayor, por obra de Gerardo Martino, se saldó con un penal fallado contra Surinam en la Liga de las Naciones. Había que tener calma. Pero nadie la tuvo. Sus halagadores se apresuraron más que nunca.

Pusieron en él todas las expectativas posibles. Unas expectativas con las que él no podía cargar. Calidad la tenía. Pero no la suficiente para ser considerado por el Arsenal, que lo arropó en divisiones inferiores, pero nunca lo contempló para su primer equipo. Lo dejaron salir en septiembre de 2023 a Tigres, en un movimiento que se sintió como un retroceso. Al menos podría jugar en México y demostrar por qué se le había defendido tanto durante varios años. A medio año de distancia, Flores ha sido incapaz de consolidarse y, tras el partido del sábado, se levantó una ola de críticas en contra suya.

El mismo entorno, prensa y aficionados, que lo elevó, que pidió su nombre en el Tri, ahora lo llama fiasco, sobrevalorado y desperdicio de talento. Por un partido que, sí, fue desastroso, pero que no define la carrera de Flores ni de todos aquellos que han tenidos noches igual de macabras. Flores, con todo, sigue teniendo las cualidades que supieron apreciar en Londres: técnica, capacidad para asociarse, criterio con el balón y dinámica propia de quien fue formado en Inglaterra.

Quizá nunca sea el jugador que muchos pensaron, que tantos soñaron de manera ingenua: lo veían como una joya de alcance mundial. Exageraban entonces y exageran ahora. Para quedar bien hace dos años había que alabar al posible jugador del futuro. Para quedar bien hoy la consigna es criticar al decepcionante Marcelo Flores por no cumplir las expectativas que otros generaron sobre él.

No hay lugar para grises. Todo tiene que ser absoluto. Como si no tuviera 20 años y todavía una carrera inmensa por delante. Pero este es el ritmo que dicta el humor del futbol mexicano: un día eres una promesa que bajará las estrellas del cielo y luego te conviertes en un fraude que le vio la cara a todos. Nadie sabe qué será de Marcelo Flores en otros dos años. Su nombre, eso sí, ya nunca será olvidado ni por halagadores ni por detractores (que a veces son los mismos).

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