No solo es Brasil: la democracia está en peligro en toda Latinoamérica

El 2023 ha empezado de manera convulsa en Brasil. Tras la investidura de Lula, miles de seguidores radicales de Bolsonaro pusieron en jaque la democracia en el país con el asalto a las sedes del Congreso, la Presidencia y la Corte Suprema.

Este intento de golpe de estado para derrocar al recién elegido presidente ha tenido en vilo a la nación brasileña y ha contado con el rechazo unánime de la mayoría de países. Finalmente, la Policía ha conseguido recuperar el control de las instituciones.

Asalto de los partidarios de Bolsonaro a las principales instituciones de Brasil.(Photo by Joedson Alves/Anadolu Agency via Getty Images)
Asalto de los partidarios de Bolsonaro a las principales instituciones de Brasil.(Photo by Joedson Alves/Anadolu Agency via Getty Images)

Sin embargo, el hecho de que haya fracasado el golpe no despeja las dudas sobre si los cimientos democráticos construidos en Brasil durante varias décadas son lo suficientemente robustos. Una situación vulnerable que se puede hacer extensiva a la mayoría de Latinoamérica.

Y es que en los últimos 15 años ha habido varios momentos en países tan diversos como Honduras, Paraguay, Bolivia o Perú, que han puesto en cuestión los derechos y libertades adquiridos con tanto esfuerzo. Una prueba de que las democracias en la región pueden estar en serio peligro de extinción.

Brasil ha sido el último ejemplo, pero en la memoria hay muchos otros. Mirando al norte del continente, no se olvida tampoco el asalto al Capitolio de Estados Unidos de los partidarios de Donald Trump, tras su derrota en las elecciones. Un momento en el que la democracia estadounidense pendió de un hilo.

Golpe de Estado a Manuel Zelaya en Honduras

En el año 2009, en mitad de una grave crisis política en el país, el presidente, Manuel Zelaya, intentó instalar una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva Constitución. La sociedad hondureña debía participar en un plebiscito que decidiera si se formaba esa Asamblea, sin embargo, nunca llegó a ser una realidad.

El 28 de junio, día que se debía celebrar la consulta, Zelaya fue detenido por los militares y expulsado a Costa Rica, pese a ser el presidente que había sido elegido de manera legítima en las urnas. Tras el golpe, el país ha vivido mucha inestabilidad. Finalmente, en 2021, Xiomara Castro, esposa de Zelaya, se convirtió en presidenta, tras imponerse en las elecciones generales.

Destitución de Fernando Lugo en Paraguay

En el año 2012, Paraguay vivió una grave crisis política por la destitución de su presidente, Fernando Lugo. La Cámara de Diputados le acusó de mal desempeño de funciones, responsabilizándole de los enfrentamientos entre policías y campesinos. Tras un procedimiento exprés, que apenas duró 48 horas, fue destituido de su cargo por una amplia mayoría parlamentaria.

Pero el proceso estuvo envuelto en polémica y sus críticos denunciaron serias violaciones, falta de pruebas reales y la presentación de acusaciones falsas. Menos de un año después, en abril de 2013, se celebraron elecciones generales en las que se impuso Horacio Cartes.

Fernando Lugo tras ser destituido de su cargo en 2012. (NORBERTO DUARTE/AFP/GettyImages)
Fernando Lugo tras ser destituido de su cargo en 2012. (NORBERTO DUARTE/AFP/GettyImages)

La caída de Evo Morales en Bolivia

Fueron varias semanas de protestas en Bolivia en 2019 contra el Gobierno del presidente Evo Morales, acusado de haber cometido fraude electoral en las elecciones celebradas unos meses antes. El político hizo un llamamiento para convocar nuevos comicios, pero el desenlace se precipitó.

Las Fuerzas Armadas, mediante un mensaje transmitido por televisión, le sugirieron la renuncia y Morales terminó exiliado en México, mientras que su vivienda sufría ataques y daños. Fue sustituido por Jeanine Áñez, que era segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores. Actualmente, gobierna Luis Arce, que había sido ministro con Morales, aunque ahora están enfrentados.

El autogolpe de Pedro Castillo en Perú

Cuando llevaba poco más de un año como presidente de Perú, Pedro Castillo intentó un autogolpe de Estado con el objetivo de frenar un inminente tercer proceso de destitución en su contra. En un discurso televisado, el mandatario elegido democráticamente anunció su decisión de disolver el Congreso e intervenir las principales instituciones del país.

Este movimiento fracasó debido al rechazo de estas a permitir cualquier acto contrario al orden constitucional. Castillo fue arrestado y reemplazado por Dina Boluarte, vicepresidenta hasta entonces.

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