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Zamorano, la leyenda que se enamoró del América y lo prefirió antes que Boca Juniors

Iván Zamorano celebra el título con el América en mayo de 2002. (JORGE UZON/AFP via Getty Images)
Iván Zamorano celebra el título con el América en mayo de 2002. (JORGE UZON/AFP via Getty Images)

Iván Zamorano llegó al América a cerrar su vida en el futbol. Sus mejores momentos ya se habían visto en Europa en los cuatro clubes como los que militó: St. Gallen de Suiza; Sevilla y Real Madrid en España; Inter de Milán en Italia. Además, había conseguido la medalla de bronce con Chile en los Juegos Olímpicos de Syndey 2000. Junto a Marcelo Salas, otro mito del futbol chileno, esperanzó a su país en la Copa del Mundo de Francia 1998 —no lo sabían, pero a partir de entonces tendrían que esperar 12 años para volver a un Mundial—. Remate, técnica y pura garra. Era un delantero letal de recursos sensacionales para definir.

No tenía nada que demostrar. Eligió venir a México al América, el club que más reflectores garantiza. Y el más exigente, incluso con aquellos que porten la etiqueta de leyenda. Lo prefirió por encima de Boca Juniors, según contó a TyC Sports en una entrevista de 2022. “Estuve muy cerca de jugar en Argentina, en Boca Juniors. Yo terminaba mi contrato con el Inter: no estaba cómodo, quería volver a estar más cerca de Chile y apareció el América. Contrato en blanco (el que le ofrecieron en Argentina). Me dijeron: 'firma acá porque el proyecto parte contigo'. Pero mi palabra ya estaba echada con el América, y mi palabra vale más que cualquier cosa".

Zamorano viviría dos años de ensueño en México. Es verdad que perdió la oportunidad de ganar la Copa Libertadores que Boca Juniors logró en el 2001, pero sus lágrimas de campeón en México valían más que un contrato en blanco y que la propia Libertadores: "Se me cayeron las lágrimas. Con 35 años vine a México a encontrarme conmigo mismo y me he encontrado con un país maravilloso. Un club que me abrió las puertas y estoy muy emocionado la verdad. Estoy muy orgulloso de haber vestido esta casaquilla", dijo el Bam Bam tras obtener el título del Verano 2002, en aquella final en el Azteca que Las Águilas le ganaron al Necaxa.

Zamorano anotó 38 goles en los cuatro torneos que jugó con el América. Aunque los problemas en su rodilla limitaron su actividad al final de su estancia, la huella que dejó en Coapa se mantiene intacta al paso de los años. Todavía le dio tiempo de volver a su amador Colo-Colo y cerrar su carrera sin ninguna deuda emocional pendiente, en 2003. Triunfó en Europa, con su país y en México.

El América repitió lo hecho con Zamorano gracias a la llegada de Claudio Piojo López en 2004. El delantero argentino, dos veces mundialista y figura en el Valencia, quedó campeón en aquel equipo dirigido por Mario Carrillo del Apertura 2005. Sus socios, Cuauhtémoc Blanco y Kléber Boas formaron uno de los mejores tridentes que se hayan visto en el futbol mexicano. Pero fue el último vestigio de esa tradición americanista de hacer fichajes "bomba" y que además fueran útiles, como pasó en los casos de Zamorano y López —y destacar que si bien el nivel del Piojo fue de primer nivel, no jugó en clubes de la grandeza de Madrid e Inter—.

Desde entonces, los intentos más sonados han sido de otros clubes. Y ninguno salió bien. Ronaldinho en Querétaro tuvo chispazos, pero su falta de disciplina generó incluso que Víctor Manuel Vucetich lo sentara en el banco. La experiencia más decepcionante la tuvo Pumas, que firmó a Dani Alves: el brasileño apenas cumplió un torneo y tuvo que dejar al club al ser acusado por abuso sexual en Barcelona (ha sido condenado a cuatro años de prisión). El caso de Zamorano es de esos que se dan una vez en la vida.

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