‘La voz en el tiempo’, antología poética de Ángel Cuadra

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Justo al cumplirse un año del fallecimiento de Ángel Cuadra, ex prisionero político, poeta y uno de los fundadores del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio, la Academia Norteamericana de la Lengua Española ha publicado, La voz en el tiempo, una abarcadora antología poética (preparada por el mismo Cuadra) que reúne su obra escrita entre los años 1957 y 2018.

Incluidos están, aunque no en un orden cronológico, tanto sus primeros poemarios -Peldaño (Talleres Ucar García, 1959), Tiempo del Hombre (Hispanova, 1977), Impromptus (Solar, 1977), Poemas en correspondencia (Ediciones Solar, 1979)- como los que siguieron: Esa tristeza que nos inunda (Playor, 1985), Las señales y los sueños (Premio Amantes de Teruel, 1988), La voz inevitable (Universal, 1994) y De los resúmenes y el tiempo (Universal, 2003).

Por su propia extensión, la obra poética de Ángel Cuadra ha transitado por los más variados estilos. Pero uno de ellos, el soneto, es el que predomina. Siempre he pensado que esta es una de las composiciones poéticas más complejas que existen. Sin embargo, leyendo los de Cuadra, no deja de sorprenderme cómo logra, con aparente facilidad, que en catorce versos endecasílabos, distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos, el primero rimase con el cuarto y el segundo con el tercero, como hizo en Diez sonetos ocultos (Universal, 2000), cuando nos dijo: “Y trazará tu mano en el abismo/ los signos del amor con letras de humo;/ vivo silencio que habla, y que resumo/ en diálogo interior conmigo mismo. / Asomará en tu rostro el espejismo/ de un beso de ternura que presumo/ en demorada oferta, y que consumo/ en la pura estación del idealismo.”

La temática en su obra, como los estilos, también fue variada. Pero es el tema del amor el que siempre estuvo presente. No solo en los sonetos, como ya vimos, sino en sus versos libres por igual, como este que escojo al azar: “Fue el amor. / Fue después de esa cosa que no sabemos definirla/ sino con mirarnos las manos / y pensar que acabamos de apretar un lucero. / Mira, no sé mañana, / pero yo no te buscaré por otra parte/ sino por esos rumbos donde fuimos/ por ser los mismos, diferentes”.

Aquí están también los poemas de La voz inevitable (Universal, 1994) escritos en el horror del presidio y que Octavio Paz definió de esta manera: “Estos poemas no pertenecen al turbio género panfletario, no son “poesía comprometida”, militante y al servicio de un partido o una ideología. Son poemas líricos que expresan una situación humana”.

Ha hecho bien la Academia Norteamericana de la Lengua Española en publicar este valioso libro que reúne en un solo volumen toda la obra de uno de los poetas más importantes del exilio cubano. Fueron muchas las personas que hicieron posible esta importante antología. A ellos, por su esfuerzo, nuestro agradecimiento: Guillermo A. Belt, Emilio Bernal Labrada, Julio Bariani, Alicia Fraiman, Mariela A. Gutiérrez, Eduardo Lolo, Maricel Mayor Marsán, Gerardo Piña-Rosales, Marco Antonio Ramos, Juana Rosa Pita, Orlando Rossaardi, Cecilia Sarraff y Graciela S. Tomassini.

Ángel Cuadra nació el 29 de agosto de 1931, en La Habana, Cuba. En 1967 fue condenado a 15 años de prisión por el delito de Conspiración contra la Seguridad del Estado. Adoptado como prisionero de conciencia por Amnistía Internacional, fue excarcelado en 1985. Tras ser liberado, viajó a Suecia y Alemania, los países que más habían abogado por su caso. Fue uno de los fundadores, en 1997, del PEN Club de Escritores Cubanos Exiliados. En 2017 ganó el Premio Nacional de Literatura Independiente de Cuba. Falleció en la ciudad de Miami el 13 de febrero de 2021.