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Tener un techo en Damasco, cada vez más incompatible con los salarios sirios

Damasco, 5 dic (EFE).- En medio de una grave crisis económica que ha azotado con especial fuerza al mercado inmobiliario, muchos jóvenes sirios se resignan a tener más de un trabajo para poder pagar alquileres diez veces más altos que el salario medio y dejan escapar sus sueños de llegar a poseer un inmueble propio.

El sueldo medio en el país árabe oscila actualmente entre los 20 y 30 dólares mensuales para el sector público, y entre 40 y 50 para el privado, mientras que alquilar un piso en el centro de Damasco no baja del equivalente a unos 300 o 400 dólares.

La alternativa son zonas capitalinas alejadas del centro o ubicadas en las áreas rurales adyacentes a la ciudad, donde el precio por arrendar disminuye a la mitad a cambio de prescindir de un suministro digno de servicios tan básicos como la electricidad, el agua o el trasporte.

Con la nación bajo el yugo de una depresión y sin los programas gubernamentales que antes del estallido de la guerra en 2011 apoyaban la adquisición de viviendas a plazos, las nuevas generaciones sirias ya se han hecho a la idea de que nunca se podrán permitir un techo con su nombre.

"Como hombre joven, todos mis sueños en el país han muerto. Si quiero poseer una propiedad, no puedo poseer una propiedad (...) Que Dios nos dé alivio", lamenta en declaraciones a EFE el ciudadano Mahmoud al Nada, de 35 años.

Escasez de materiales

A la falta de poder adquisitivo y los impuestos a la venta de inmuebles, se suman los altos precios de materiales para la construcción como el cemento, cuyo precio oficial ha alcanzado ya el equivalente a unos 7 dólares por saco, el doble de lo que costaba a comienzos de año.

Muchos de estos productos incluso escasean en un país azotado por doce años de conflicto armado y sobre el que pesan una miríada de sanciones internacionales que dificultan su importación.

La situación ha llevado a muchos promotores inmobiliarios a optar por invertir su capital en otras naciones de la región, mientras los precios del sector local fluctúan a diario a merced de la oferta y demanda, sin una legislación clara al respecto que ayude a controlar las disparidades.

"Si hablamos de una casa que necesita nuevo mantenimiento, costará no menos de 1.800 millones de liras (unos 128.600 dólares) a 2.000 millones (142.900 dólares). Si la superficie alcanza los cien metros cuadrados, puede subir o bajar un poco", explica a EFE el agente inmobiliario Mohamed Akkad, con dos décadas de experiencia en el sector.

Según el experto, los alquileres varían en gran medida de una zona a otra de la ciudad.

Hoy, vivir en el centro de Damasco solo está al alcance de la cada vez más reducida clase alta y de aquellos que reciben remesas de familiares en el exterior, mientras la clase media que un día fue mayoritaria va desapareciendo y perdiendo la batalla al encarecido mercado inmobiliario.

Una brecha insalvable

Ante la presión, muchos sirios se ven obligados a compartir los gastos del alquiler con otras familias, a utilizar sus ahorros para poder seguir pagando a sus caseros o, directamente, a vender sus viviendas en Damasco para mudarse a las áreas rurales donde los servicios básicos escasean.

"Realmente no hay ninguna paridad entre los ingresos de un individuo en Siria y su capacidad para comprar ninguna propiedad", explica a EFE el analista económico Alaa Asafari, quien atribuye la brecha a los bajísimos salarios actuales y a la fuerte pérdida de valor de la lira siria en los últimos años.

Muy posiblemente, la coyuntura perdurará al menos hasta que el país logre abordar la ardua tarea de la reconstrucción tras la guerra, un proceso que el Instituto de las Naciones Unidas para la Formación Profesional y la Investigación (UNITAR) estima costará unos 400.000 millones de dólares.

En un estudio sobre la destrucción causada por el conflicto en una serie de ciudades del país, el instituto estimó que unos 34.000 inmuebles quedaron afectados en los suburbios damascenos.

Sin embargo, la reconstrucción de Siria deberá seguir esperando a que se den las circunstancias políticas adecuadas y a que desaparezcan una serie de trabas económicas, incluyendo recabar apoyos internacionales para sacar adelante el proceso.

Hanna al Saleh

(c) Agencia EFE