La selección: cuando palabras como violencia y tregua parecen significar lo mismo

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“Words like violence break the silence”. La letra de la mítica canción Enjoy the Silence, de los británicos Depeche Mode, parece repetirse una y otra vez en el aire desde hace unos días. Lo hace de manera tan machacona que genera ansiedad en el ambiente: “Palabras como violencia rompen el silencio”.

Ucrania, Rusia, Palestina, Israel y un Donald Trump completamente desbocado están llevando el temor y la incertidumbre a medio mundo de tal forma que quizá nunca como ahora habíamos sido tan conscientes del verdadero significado de la palabra tregua. Nunca la habíamos escuchado tanto y había sido tan manoseada por unos y otros, usándola en su significado más básico: como vil moneda de cambio.

El mundo necesita paz, necesita descansar de tanta violencia, la que le generan, por ejemplo, palabras como las que Donald Trump espetó al presidente ucraniano Volodimir Zelensky hace unas semanas.

En una conferencia de prensa cargada de tensión, el presidente estadounidense le dijo sin titubeos: “Usted juega a las cartas. Juega con la vida de millones de personas. Juega con la Tercera Guerra Mundial. Y lo que hace es muy irrespetuoso con este país, este país que le ha apoyado mucho más de lo que muchos han dicho que debería haber hecho”.

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Mientras tanto, en Oriente Medio, el conflicto entre Israel y Palestina se recrudece. Israel ya ha violado el derecho internacional una y otra vez, como contamos en The Conversation,, pero la comunidad internacional no hace nada para frenar las muertes causadas por uno y otro bando (mucho más numerosas las que provoca el israelí).

Merece la pena en estos momentos revisionar el documental ganador del Óscar 2025 No Other Land para recordar que este es un conflicto ya enquistado desde hace muchas décadas que solo provoca dolor a los civiles.

El eco de las bombas y las explosiones de los misiles resuenan en el mundo mientras Israel rompe la tregua con Gaza y la población civil paga las consecuencias. Cada día que pasa sin un alto el fuego deja tras de sí un rastro de destrucción, de duelo y de desesperanza y Estados Unidos parece apoyar una ofensiva que está dejando muertos y más muertos también esta vez.

El discurso mesiánico de Trump no hace más que avivar las llamas del conflicto. De ese y de todos los que afectan a sus intereses. Con una retórica incendiaria, el mandatario insiste en que Estados Unidos ha llegado para conseguir la paz que Europa es capaz de lograr. Su postura no solo desestabiliza la diplomacia global, sino que también fractura la opinión pública estadounidense, donde cada vez más voces se alzan en contra del gasto militar en el extranjero.

La tensión geopolítica está en su punto más álgido. Rusia y Ucrania acaban de aceptar una tregua parcial que afecta exclusivamente a las infraestructuras energéticas. Pero lo cierto es que esta tregua podría ser solo una manera de ganar tiempo para que ambos países se rearmen. Y no solo ellos, también Europa, que en esta contienda, y frente a los intentos de Trump de convertirse en el gran pacificador, necesita sacar pecho.

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Rusia se siente fuerte. El presidente Putin está haciendo más suya que nunca la defensa de los valores tradicionales que ya promulgó en un decreto en 2022: la dignidad, la libertad, el civismo, el patriotismo y el servicio a la patria, la moralidad o la familia. Eso forma parte de su manera de hacer política, como contábamos hace unos días cuando desgranábamos el ideario de Vladimir Putin y explicábamos el posible motivo de su buena relación con Trump: el desafío a Europa y el nacionalismo que comparten.

¿Cuáles son las salidas para este conflicto? ¿Qué opciones tiene Ucrania ante una Rusia que recibe un apoyo estadounidense tan sorpresivo como histórico, y que se está envalentonando sin freno?. Algunos autores de The Conversation han dado las opciones posibles poniendo algo de claridad a este momento tan confuso.

Ante este panorama, las palabras cobran un peso inusitado. “Palabras como violencia rompen el silencio”. Cada declaración de un líder político, cada mensaje transmitido en una conferencia de prensa, cada publicación en redes sociales puede encender una mecha que prenda el caos en cualquier rincón del mundo.

La diplomacia, en cambio, requiere mesura, cautela. Una tregua, un alto el fuego no solo es una pausa en la guerra; es la posibilidad de repensar estrategias, de buscar soluciones, de evitar nuevas tragedias.

Sin embargo, en un mundo donde las palabras a menudo son más letales que las balas, parece que el silencio es el bien más escaso. El ruido ensordecedor de discursos agresivos, las amenazas veladas y provocaciones directas siguen marcando el pulso de la actualidad.

Tal vez la paz no llegue con un tratado firmado en una gran ceremonia, ni con una cumbre entre líderes mundiales. Quizá la paz empiece cuando dejemos de utilizar las palabras como armas y aprendamos a convertirlas en puentes. Mientras tanto, Enjoy the Silence sigue sonando y recordándonos que la violencia sigue rompiendo el silencio.