Rencor, amargura política y Don Luis

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Nuestra historia política está llena de promociones de rencor, cada actor tiene sus razones. El discurso emitido en esa atmosfera tiene el propósito de estimular sentimientos colectivos que alientan ideologías envejecidas. El “éthos”, carácter, determina si el rencor en primera persona llega a la amargura popular; aquí está la falla, pues en política abunda el analfabetismo funcional, los odios personales impactan en calvarios comunitarios. La incultura determina el perdón, lo comprobamos en los procesos electorales en los que los errores de una votación se pagan caro, sin embargo, el colectivo, muchas veces, sigue perdonando y otorgando más oportunidades.

Si lo partido en la sociedad, en calidad de entidades de interés público, fallan, independiente el juicio que se les otorgue, sus rencores profesados siguen siendo opciones. Su amargura sigue divirtiendo la comedia de la competencia por el poder público, rencor y amargura son elementos del “sketch”. La vida de hoy nos da pruebas de ello, está en las noticias, es la narrativa cotidiana, evidencias virtuales, a pesar de ser pruebas técnicas, que pueden estar editadas con calidades superiores a la realidad, condiciones posmodernas, el “comediapolitikon” amplía su discurso con más falsedades, acomodan los rencores en la línea de la simpatía mediática. Lo más dañino es que los disputantes cuando llegan al poder público con ese precario mascaron cambian la razón de Estado por la razón de rencores y amarguras. Extinguen la responsabilidad ética de Estado.

La amargura que destilan los políticos es una suerte de propaganda “amarillista”, muy atractiva para las masas anónimas en transformación de público, en la medida que es impulsada contamina todo el marco social. La amargura se engendra en las voces del rencor, la comedia política la llena de frases seductoras que crean una realidad barroca e inentendible, lo que les es conveniente y las convierte en corrientes ideológicas gambusinas de las haciendas públicas. El discurso del rencor atiza las malogras, los fracasos, los errores…, que en grado superlativo enjuician y condenan el pasado, a sus personajes (sin ser vencidos en juicio), con ello intentan una y otra vez no tener responsabilidades y disfrutar la manipulación de la propaganda y la publicidad con toda suerte de atractivos tecnológicos de última generación.

Nos secuestran en las penitenciarías de las venganzas con el pasado, tenemos años con la comedia “Ayotzinapa”cuya falta de veracidad sigue afectando sentimientos, todo lo que no podemos atender como integrantes de una sociedad, los infortunios que dañan a la comunidad, los lastres del barbarismo, lo que no se puede transformar en política pública es porque los fantasmas del tiempo caducado tienen la culpa, de suerte que no somos plenos ni felices “por culpa de…”

La buena política le niega la entrada a la amargura y al rencor, son enemigos de la ética cordial, eje de la convivencia solidaria, productiva, cultural…, en una nuez: no traen nada bueno. Mucho rencor invadió en México la vida y obra del expresidente Luis Echeverría Álvarez, disruptivo con los etilos políticos que en esa época imperaban, se acogió a una narrativa nacionalista e internacionalista, intentó ser líder del tercer mundo, se excedió en el uso de las fuerzas armadas, mediante un discurso fuerte, imperativo, pontificó su demencia de poder adentro y afuera; aferrado a tener la razón plena de todo, canceló el diálogo social a cambio de interminables mesas de alabanzas a sus programas gubernamentales, comedias dialógicas adecuadas a su ego y a su estilo de gobernar; invadió la atmosfera nacional e internacional de sus rencores y venganzas con el pasado y sus fantasmas para salvaguardar “el milagro mexicano”, contestatario imperativo de las nacionalizaciones, centró “el fuego nuevo” en el petróleo como eje de la economía, profesó un cruel desprecio a los emprendedores, a los académicos, a sus críticos…

Pisó los límites de la autonomía de la UNAM solo para centrar un ataque mediático llamó a los estudiantes: “… jóvenes fascistas…”, no le interesó ni la academia, ni el valor de la autonomía universitaria, sino pasar a la historia como “el mejor”, hizo uso electoral de las políticas sociales, asumió una vocería de populismo entendido por su interés personal y laureado por el sistema, cerró fronteras, mantuvo el control político, económico, social, cultural…, linchó a su antecesor que, dicho sea de paso, en el seno del Poder Legislativo, dijo: “…asumo la responsabilidad, ética, moral, política…, sobre los acontecimientos del dos de octubre…”, ¡saabe!

En COPARMEX Aguascalientes han impulsado una ÉTICA CIVIL con fuerza argumentativa y de reacción apelativa de la sociedad. Es decir, proponen la esperanza de una nueva actitud virtuosa en el expediente de la vida compartida la cual crecerá dependiendo de cómo se trabaje socialmente, con ello la razón aumenta mediante el trabajo comprometido con la otredad, un eje político que determina que el yo es responsable del Otro.

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