¿Quiénes son los 'reyes rojos' de José María Eguren?

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El Frontal de altar de Rigatell, expuesto en el Museu de Lleida. <a href="https://ca.wikipedia.org/wiki/Fitxer:Frontal_d%27Altar_de_la_Mare_de_D%C3%A9u_de_Rigatell_(Areny_de_Noguera)_MNAC.jpg" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Museu Nacional d'Art de Catalunya / Wikimedia Commons" class="link ">Museu Nacional d'Art de Catalunya / Wikimedia Commons</a>
El Frontal de altar de Rigatell, expuesto en el Museu de Lleida. Museu Nacional d'Art de Catalunya / Wikimedia Commons

El limeño José María Eguren (1874-1942) fue sobre todo, además de pintor, fotógrafo y crítico, un magnífico poeta simbolista. Una de sus mejores creaciones, conocida particularmente por todos los peruanos, es “Los reyes rojos”, incluida en su primer volumen lírico, Simbólicas (1911).

Desde la aurora

combaten los reyes rojos,

con lanza de oro.

 

Por verde bosque

y en los purpurinos cerros

vibra su ceño.

 

Falcones reyes

batallan en lejanías

de oro azulinas.

 

Por la luz cadmio,

airadas se ven pequeñas

sus formas negras.

 

Viene la noche

y firmes combaten foscos

los reyes rojos.

Valores singulares

El poema es famoso por ser sin duda uno de los más excelsos ejemplos de la lírica simbolista escrita en español, pero también por ser muy original y personal por varios motivos.

Primero, por las novedosas adjetivaciones cromáticas (“purpurinas, azulinas, luz cadmio”) y neologismos arcaizantes (“falcones, foscos”).

Después, por la forma de trazar, en un diseño circular guiado por la perennidad del combate de dos reyes rojos, los cambios de luz e imagen con carencia de movimiento a lo largo de cinco momentos del ciclo temporal del día, casi como si fuera una serie pictórica impresionista.

Autoretrato del peruano José María Eguren. Circa 1908. <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Eguren.jpg" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Wikimedia Commons" class="link ">Wikimedia Commons</a>
Autoretrato del peruano José María Eguren. Circa 1908. Wikimedia Commons

Asimismo por su novedad métrica constructiva: 5 estrofas de 3 versos de 5, 8 y 5 sílabas, rimando en asonante los dos últimos y quedando libre el primero, y produciendo, pese a su aparente irregularidad, un fuerte efecto rítmico.

Finalmente, por la fuerza de las iteraciones en la recurrencia de palabras (“reyes, combaten, rojos, de oro”), de construcciones como el doble predicativo (“airadas se ven pequeñas”, “firmes combaten foscos”) y de ideas (la lucha incesante e inamovible de contrarios, el paso del tiempo que apenas nada altera, los cambios lumínicos y cromáticos en la imagen).

¿Quiénes son los reyes rojos? Las interpretaciones críticas del texto

El breve poema es igualmente famoso por su enigmático leitmotiv o tema básico y recurrente, el misterio de la identidad de los combatientes permanentes: los reyes rojos.

En ese sentido, ya José Carlos Mariátegui lo había entendido como un efecto del subconsciente y la imaginación infantil egureniana y, contemporáneamente, Mario Montalbetti ha considerado que el tema central del poema son los ojos, basándose en la repetición inconsciente de dicho término: (r)eyes (r)ojos.

Sin embargo, la mayoría de los críticos, como Silva-Santisteban, Oviedo, Valdivia o Areta, han planteado acertadamente que su base simbólica es un combate permanente entre dos fuerzas universales: vida/muerte, creación/destrucción, orden/caos, amor/muerte, etc.

Hacia una nueva interpretación de la imagen de los reyes rojos

Por mi parte, creo que, sin negar esa dimensión representativa de fuerzas duales arquetípicas en constante oposición, el tema que promueve y sustenta el poema es algo mucho más literal y simple, casi directamente evidenciado por el mismo título: la imagen del naipe de un rey de diamantes de la baraja inglesa (o reyes, pues son dos, y en simetría inversa, apuestos y opuestos).

Por supuesto, claro está, su diseño literario se muestra poética y subjetivamente construido: desrealizado de modo impresionista y simbolista, transfigurado de forma hiperrealista y fantástica, seriado en cinco distintos momentos temporales y cromáticos del día, magníficamente construido y expresado.

Expondré a continuación las evidencias de autor, obra y poema que sustentan mi interpretación: la primera conexión se establece con toda la obra y las ideas y escritos estéticos de Eguren, la segunda con otros poemas del mismo libro, la tercera con diferentes signos internos aparecidos en el propio poema.

¿Por qué el rey de diamantes?

La importancia del juego y lo infantil, aparte de lo medieval y lo fantástico, en el pensamiento y la estética de este autor es generalmente reconocida y ya había sido destacada por Mariátegui. Los escritos estéticos de Eguren, primero reunidos por Estuardo Núñez y luego ampliados y editados por Silva-Santisteban con el título de Motivos estéticos, están llenos de referencias al sueño, a la fantasía, a los recuerdos, a la infancia y a los juegos.

Dentro del mismo libro, Simbólicas, sin contar otros poemas sobre juguetes como marionetas, cometas y peleles, hay al menos un texto donde se humanizan y transfiguran fantasmagóricamente las piezas de un juego, apareciendo y saliendo de una cena: se tata del excelente “El dominó”. Se le asemeja asimismo “Las torres”, que también combaten entre sí, monarcas y en cuatro estrofas, y que podrían entenderse como trasuntos animados de las cuatro piezas del ajedrez.

El rey de diamantes de la baraja inglesa. <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:26_K_di_quadri.jpg" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Trocche100 / Wikimedia Commons" class="link ">Trocche100 / Wikimedia Commons</a>
El rey de diamantes de la baraja inglesa. Trocche100 / Wikimedia Commons

En cuanto al propio poema, partiendo de la literalidad del título y su clara referencia a naipes, conviene primera y muy sustancialmente notar que la idea del combate puede sostenerse en la imagen en aposición y oposición, en simetría inversa, de todos los dobles reyes, armados, que componen cada naipe de la baraja inglesa.

Sin embargo, tres de esos reyes, incluyendo los rojos de corazones, portan espadas. Solo los reyes de diamantes portan una alabarda, amarilla en sus filos: solo ellos son “dos reyes rojos con lanza de oro”.

Asimismo y en tercera instancia, el rey de diamantes es el único que está de perfil. Antiguamente, entre los jugadores se le denominaba tuerto por mostrarse con un solo ojo: esto le da el aspecto amenazador y enfadado que concilia con la expresión “vibre su ceño”.

Finalmente, los dos términos arcaizantes, “falcones” y “foscos”, se vinculan a rasgos de las imágenes: el halcón al perfil aguileño del rey; la hosquedad, a la expresión de su faz.

En resumen, “Los reyes rojos” constituye un excelente poema, tan breve como sugerente, tan personal como fantástico, tan cíclico como colorido, tan iterativo en su estructura como original en su forma, lenguaje e imágenes, tan simple en su tema inspirador –las figuras de un naipe– como abierto y profundo en cuanto creación lírica.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

José R. Valles Calatrava no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.