La odisea de los cubanos que intentando llegar a Estados Unidos acabaron refugiados en Australia

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Grupo de cubanos en el McDonald's de la Base Naval de Guantánamo.
Algunos cubanos que intentan llegar a Estados Unidos son interceptados, procesados en Guantánamo y, si las autoridades lo estiman, enviados a un tercer país que puede ser tan lejano como Australia.

Ridel Brea y Richard Morera se sienten privilegiados.

Desde Brisbane, una importante ciudad al este de Australia, hablan sobre la felicidad que sienten en un país al que llegaron casi de rebote y tras una odisea que nunca olvidarán.

Partieron en balsa ilegalmente desde Cuba intentando alcanzar Estados Unidos. Pero poco imaginaron que serían encontrados en altamar y que en vez de llegar al destino previsto, pasarían varios meses en la Base Naval de Guantánamo para luego ser reubicados en Australia.

Por extraño que parezca, hay cubanos que han partido rumbo a Florida, han sido interceptados en el mar y no acabaron siendo deportados o reubicados, como pretendían, en el vecino del norte.

Por el contrario, algunos han acabado refugiados en Australia, un país lejano y exótico para los oriundos de la isla caribeña.

Una travesía poco habitual que Brea y Morera relatan a BBC Mundo varios años después.

De colaborar con la seguridad del Estado a lanzarse al mar

En la madrugada del 6 de julio de 2015, Brea y otros 12 cubanos arrastran una balsa improvisada sobre una carreta hacia la costa de Cojímar a pocos kilómetros de La Habana.

El rumbo hacia Estados Unidos es peligroso. Las condiciones precarias. La balsa es una plataforma frágil de madera con una lona y un motor reciclado de un camión. Hasta que el motor no caliente y arranque, deben remar a mano. Los 13 van apretujados.

En el mar avanzan sigilosos para no alertar a los guardacostas.

Ridel deja atrás un hijo muy pequeño y al resto de su familia. "Esto es terrible. Una locura", piensa, pero no tiene opción.

No mucho antes sus planes eran quedarse en Cuba estudiando criminología. Y le aseguraron que si colaboraba con la seguridad del Estado para informar sobre delitos podría tener esa oportunidad.

"Pero todo fue una farsa. Era un grupo de operaciones para atacar a la oposición política. Yo no firmé eso", le dice a BBC Mundo.

Fue entonces cuando se involucró con la propia oposición y comenzó a hacer periodismo independiente hasta que le amenazaron con meterle preso.

Por eso, aunque el viaje en balsa le parece una locura, se consuela con que cada milla que avanza le acerca más a la libertad que busca.

Tras y día y medio de viaje le interceptan barcos estadounidenses y le suben a él y los otros cubanos.

"Fue casi un regalo de Dios. Porque esa misma noche cayó tremenda tormenta. Al día siguiente fuimos a rescatar otra embarcación cubana que llevaba perdida dos días y con la brújula rota. Demasiado tarde: en la embarcación había un muchacho de 19 años muerto", recuerda.

Las autoridades procesaron de vuelta a Cuba a todos los que iban con Ridel. Para él tenían otro destino: la Base Naval de Guantánamo.

Un año después, poco imaginó este joven, hoy de 32 años, que acabaría encontrando su libertad en la ciudad australiana de Brisbane.

Ridel con su hermana pocos días antes de partir.
A pocos días de partir en balsa, ni siquiera la hermana de Ridel sabía sobre sus planes.

Historias cruzadas

La odisea de Richard Morera es similar a la de Ridel. Tras sentirse hostigado y amenazado por agentes cubanos debido a su oposición política, decidió alcanzar Estados Unidos por mar también en 2015.

Cuba tiene un sistema de gobierno unipartidista y muchos opositores políticos aseguran ser perseguidos y limitados por las autoridades.

Antes, Richard intentó buscar una salida menos arriesgada, pero no le salían las cuentas con la crisis económica endémica de la isla. Llegar en balsa le pareció la única opción.

Primero zarpó desde Caibarién, en el centro de Cuba, con un bote construido por él y otro compañero con el que partió.

Richard Morera construyendo su balsa.
Richard Morera se aventuró a lanzarse por primera vez al mar con una balsa que construyó junto a otro compañero.

"Tras tres días en el mar fuimos interceptados por una embarcación bahamesa, traspasados a un barco cubano y regresados a la isla", cuenta Morera a BBC Mundo.

Oposición política y un intento frustrado de migración ilegal. Con esos precedentes su vuelta a Cuba no fue fácil.

"Me pusieron 6.000 pesos de multa y amenazaron con meterme a la cárcel tras acusarme de querer tumbar al gobierno", dice.

No se lo pensó más. Se sumó a otros ocho cubanos y salió nuevamente en balsa, esta vez desde Cojímar, el mismo puerto de salida de Ridel.

Al amanecer del cuarto día volvieron a ser descubiertos, pero esta vez por guardacostas estadounidenses. Todos fueron devueltos a Cuba, excepto Richard.

El joven estuvo casi 19 días esperando por una respuesta en el mar, siendo transferido a al menos 15 barcos.

Finalmente llegó la noticia: lo mandaban para Guantánamo. Ahí también estaba Ridel.

Temor creíble

Durante varios años, todo cubano que pisaba territorio estadounidense solía obtener con relativa facilidad la residencia legal.

Conocida como la política de "pies secos, pies mojados", muchos cubanos probaron suerte en el mar intentando llegar al vecino del norte. Si los interceptaban en el agua, con "pies mojados", lo más probable era la devolución a Cuba.

Si por el contrario alcanzaban suelo estadounidense, con "pies secos", podían solicitar el asentamiento en el país.

Dicha política estuvo vigente hasta enero 2017, cuando fue removida en una de las últimas maniobras de Barack Obama como presidente de EE.UU.

Pertenencias de cubanos en una playa de Florida en 2015.
Bajo la política de "pies secos, pies mojados", miles de cubanos consiguieron asilo en Estados Unidos. Muchos otros murieron en el intento.

Ridel, Richard y otra decena de cubanos que han acabado en Australia fueron interceptados en el mar y jamás pisaron su destino previsto. Pero tampoco fueron deportados.

No son casos muy habituales y pueden resultar hasta arbitrarios, pero posibles bajo las complejas leyes de migración estadounidenses con respecto a Cuba y otros países.

"Si se prueba que una persona hallada en el mar sufre miedo creíble mediante una entrevista oficial, se supone que esa persona es procesada y puede calificar para un estatus de asilado o refugiado", explica a BBC Mundo Juan Carlos Gómez, director de la Clínica de Inmigración y Derechos Humanos de la Universidad Internacional de Florida.

El Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos define como temor creíble de persecución y tortura la "posibilidad significativa" de demostrar persecución en contra y que si se regresa al país pueda ser torturado o perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad, membresía en grupo social particular u opinión política.

"Sin embargo, no todos consiguen demostrarlo. Y personas en situaciones similares han sido tratadas de forma distinta. Es lo triste de la ley, depende de quién la interpreta y quién la hace cumplir", dice Gómez.

El polémico caso de los "varados del faro"

Richard Morera y Ridel Brea pasaron alrededor de un año en Guantánamo antes de ser admitidos por Australia como refugiados, en 2016. Sus testimonios y precedentes convencieron a las autoridades por temor creíble y sus procesos se tramitaron sin mayor repercusión.

Sin embargo, ese mismo año arrancó uno de los casos más controvertidos y mediáticos de cubanos que en su intento de llegar a EE.UU. recalan en Australia.

Formaban un grupo de 24 y también iban en balsa. Pero en el camino se encuentran con un faro a pocas millas del cayo Sugarloaf de Florida y allí se alojan durante varios días.

Cuando un juez determinó que el faro no se consideraba como territorio estadounidense y que debían regresar a Cuba, se desató una prolongada batalla legal.

Ramón Saúl Sánchez, del Movimiento Democracia, un grupo con sede en Florida que vela por los derechos humanos de los cubanos, lideró la lucha de los varados.

Ramón Saúl Sánchez en el año 2000.
Durante años, Ramón Saúl Sánchez ha asistido a muchos cubanos que intentan asilarse en Estados Unidos o en un tercer país.

"Recurrimos a un precedente en que cubanos se quedaron varados en un puente en deshuso y cortado en medio del mar cerca de Estados Unidos. El gobierno estadounidense no lo consideraba como su territorio, pero acudimos a un juez y finalmente se les otorgó la visa", repasa Sánchez para BBC Mundo.

De la misma forma, el Movimiento Democracia volvió a pelear por los cubanos varados en el faro en 2016. Se enfrentaban a la deportación masiva, pero finalmente se les concedió entrevistas para ver si calificaban para miedo creíble.

Finalmente fueron 17, que tras pasar también un año en Guantánamo consiguieron ser admitidos por Australia en el verano de 2017, un año después de la llegada de Richard y Ridel. El resto de cubanos del faro fueron enviados a Cuba.

El caso no fue recibido con mucho entusiasmo por algunas asociaciones. En aquel momento, Graham Thom, coordinador de refugiados para Amnistía Internacional en Australia, calificó la llegada de los cubanos como "difícil de entender" e "inusual que se reasentaran en Australia, teniendo en cuenta que mantienen un proceso para ubicarse en Estados Unidos".

"Quizás haya negociaciones que no sepamos", dijo Thom en una entrevista con el medio australiano SBS Spanish.

El activista incluso planteó la pregunta de que "por qué sacaban a cubanos de la Bahía de Guantánamo a expensas quizás de los sirios en Jordania o los sudaneses del sur de Uganda".

El departamento de inmigración de Australia abordó la polémica diciendo que su país y Estados Unidos "tenían una larga historia de cooperación de objetivos humanitarios mutuos y respectivos", incluyendo la reubicación de refugiados cubanos.

Una portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., por otra parte, se negó a comentar sobre casos individuales, pero dijo que 445 personas habían sido reubicadas en terceros países a través del Centro de Operaciones de Migración con sede en Guantánamo desde 1996. La gran mayoría eran cubanos.

La vida en la Base Naval de Guantánamo

Ridel y Richard, en el centro de la imagen con camiseta azul, posan junto a otros tras un partido de béisbol.
Aunque con restricciones, los cubanos aseguran no haber estado mal en la base de Guantánamo mientras se resolvía su caso.

"Cuando cuento lo que viví en Guantánamo siempre me preguntan si estuve en la cárcel donde meten a los de al Qaeda, pero la prisión está lejos de donde yo estaba", cuenta Ridel.

Este joven fue el único de su balsa que corrió la suerte de ser procesado en este territorio arrendado por Estados Unidos en Cuba donde rige la ley estadounidense.

"Al resto de los que viajaban conmigo los mandaron de vuelta, pero en Guantánamo había más cubanos en mi misma situación", dice.

Entre ellos se encontraba Richard, con el que forjó una amistad que dura hasta hoy en sus vidas en Australia.

"La verdad que en la Base Naval no estábamos mal. Había bolera, cine, supermercados, tiendas y restaurantes. Ahí dentro la gente hacía lo que quería", recuerda Richard.

"Lo que pasa es que para los migrantes había más restricciones. No teníamos acceso a internet y debíamos ir con escolta a ciertas partes de la base", añade.

Richard Morera con algunas de sus artesanías.
Algunas de las artesanías de madera que Richard elaboraba para vender en una feria durante su estancia en la Base Naval de Guantánamo.

Tuvo que esperar varios meses para que se resolviera su situación. Mientras, dedicaba buena parte de su tiempo a fabricar artesanías de madera que luego podía vender en una feria dentro de la base.

Su caso y el de otros cubanos eran gestionados a través de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), a cargo de tramitar con distintos países el destino de los refugiados.

"Había cubanos que mandaban a Costa Rica, Canadá, Eslovaquia...hasta que llegó nuestro turno y nos dijeron que nos tocaba Australia", dice Richard.

"Bueno, es lo que toca", pensó cuando le dieron la noticia. Pero en casos como el suyo o el de Ridel, dice que el destino importaba poco.

"Para donde fuera, pero a Cuba no podíamos volver", asegura.

Una grata sorpresa

"El mejor país del mundo", le dijeron a Richard y Ridel cuando les confirmaron que se iban para Australia.

Era un destino exótico que jamás imaginaron pisar.

"Al menos pensábamos que gracias a las clases de inglés gratis que nos dieron en Guantánamo no tendríamos muchas dificultades con el idioma, pero claro, aprendimos con acento estadounidense. Cuando llegamos a Australia no entendíamos nada", dice Richard entre risas.

Ridel Brea en Brisbane.
"Fue tremendo choque", recuerdan los cubanos al llegar a Australia. En la foto, Ridel recién llegado a Brisbane. Dice que hacía mucho frío.

Las complicaciones con el idioma fueron por suerte el único bache. Todo lo demás fue casi sobre ruedas.

El gobierno y otras asociaciones les ofrecieron cursos de inglés, manutención, hogar y comida, hasta que encontraron trabajo y se independizaron.

Ambos encontraron pareja y tienen hijos. Ridel añora ver al pequeño que dejó en camino cuando salió de Cuba que ahora tiene ocho años.

"Pero para los opositores es difícil volver. Temo llegar y que o bien no me dejen entrar o me interroguen", confiesa.

En la distancia, ambos siguen atentos a la realidad de su país natal y participan en actividades políticas pidiendo alternativas al gobierno socialista.

Han visto poca evolución en la Cuba que dejaron. La economía sigue frágil y escasean alimentos y medicamentos. El flujo migratorio permanece y decenas de miles de cubanos siguen intentando llegar a Estados Unidos esperando ser admitidos.

Solo en marzo de 2022, más de 30.000 cubanos llegaron a la frontera sur con México, cifras récord según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.

Ridel junto al equipo de trabajo comunitario para SES en Redland Bay Queensland.
Tras llegar al país, Ridel se involucró en trabajos comunitarios.

Cuando echan la vista atrás, aunque fue el primer destino que intentaron, Ridel y Richard agradecen haber acabado en Australia y no en Estados Unidos.

"Veo que aquí hay más calidad de vida que en otros países del mundo. La salud es gratis y el gobierno te ayuda si te quedas sin empleo para sobrevivir con la renta, electricidad y demás", dice Ridel.

"Si tuviera que volver a elegir, sería Australia 100%. Yo ahora miro por mis hijos, y viendo lo que a veces pasa en Estados Unidos, me da mucha tranquilidad saber que en la escuela ningún niño entrará con un arma", añade Richard.

Ridel calcula que en Brisbane hay una comunidad de aproximadamente 50 cubanos. Varios de ellos llegaron en condiciones similares. Cuenta que con frecuencia se reúnen y organizan fiestas de salsa en un club de la ciudad. Están lejos, pero hacen todo lo posible por sentir Cuba más cerca.

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