Nómadas digitales, los migrantes VIP que están dividiendo opiniones en la Ciudad de México

Nómadas digitales. (Getty Images)
Nómadas digitales. (Getty Images)

La sociedad entre Airbnb y el gobierno de la Ciudad de México para atraer a una mayor cantidad de 'nómadas digitales', trabajadores principalmente de origen estadounidense, ha reabierto la discusión sobre la gentrificación que padece la capital del país. Son ya muchas las denuncias de desalojo e imposibilidad de pagar rentas tras los aumentos de costo y la negativa de los propietarios a disminuir los precios. Pero una de las aristas más singulares ha sido la referente a la xenofobia.

Después de que los reclamos se intensificaran durante la última semana, han salido diversas voces a quejarse de las quejas, para decirlo de modo explícito por cómico que suene. No les parece bien que se 'discrimine' a los estadounidenses que vienen a vivir a México. Porque aquí su dinero vale más, pueden darse una vida cómoda y de lujos, y no existe todavía regulación sobre los impuestos que deben pagar, pues ni siquiera hay certidumbre sobre cuántos de estos nómadas digitales usan en realidad una visa de turista para permanecer en México. ¡Pero ey, no hagan chistes sobre ellos!

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La comparación que más eco ha encontrado es aquella que equipara a los migrantes con los nómadas digitales. Dicen que hay doble moral: que a unos se les discrimina, los trabajadores remotos de EEUU, y a otros se les perdona, los migrantes de centro y sudamérica. En primer lugar, habría que decir que esa perspectiva se cierra al mundo de las redes sociales. ¿Al primer grupo, el de los nómadas digitales, podría afectarle que en Twitter exista una oleada de indignación por el sobreprecio y desplazamiento que su llegada ha significado? Les tiene sin cuidado y más ahora, que tendrán plena libertad para estar en Ciudad de México —otra vez, recordemos que ni México ni EEUU saben cuántos están de manera legal—.

Está claro que los migrantes centroamericanos que llegan a México no pretenden que su dinero valga más ni tampoco les pasa por la cabeza la idea de encarecer el precio de renta y vivienda. Lo que pareciera una obviedad tiene que ser recordado y aclarado. Como tampoco se puede ignorar el maltrato que sufren desde que entran por el sur hasta que intentan salir por el norte. Y no sólo a nivel gubernamental sino también con la mirada desdeñosa de una sociedad que solo ve mal el racismo cuando es víctima de él, pero no cuando lo aplica.

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No conformes con hablar de discriminación y racismo, hay quien fue más allá: no sean envidiosos, quejarse de la gentrificación solo revela su pobreza de espíritu. Bueno, si hace dos meses se leía por varios lados que los sismos eran culpa de los simulacros (por aquello de que la mente humana es muy poderosa y 'atrae' lo que piensa), no debería sorprender tanto que se equipare tener miedo a perder techo y suelo con las 'malas vibras'. Los investigadores David Wachsmuth y Alexander Weisler han destacado que la táctica de Airbnb apunta, en todos los plazos, a la expulsión de los habitantes que no tengan solvencia económica para soportar el aumento de precios. “Lo único necesario para convertir una propiedad que genera rentas a largo plazo en una de corto plazo es remover al inquilino”, señalan en su estudio Airbnb y la brecha de alquiler: Gentrificación a través de la economía colaborativa.

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El fin de semana, una comerciante publicó que ella le pide a sus clientes estadounidenses que hablen en español. Borró el tuit horas más tarde y puso su cuenta en privado. Recibió algunos comentarios ilustres, como uno del Monero Calderón: le decía que era libre de ahuyentar a sus clientes. Pero, ¿aprender el idioma local no es lo que se le pide a cualquier extranjero que llega a un país diferente al suyo?

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No importa la inferioridad reflejada en ese pensamiento. Lo que en el fondo desean es que los aires de grandeza y primermundismo sean esparcidos por toda la ciudad. Si a ellos no les afecta, ¿por qué habría de importar? (Casualmente, nunca les importó hablar de discriminación, si hasta la negaban.) Al final, siempre tendrán el arma infalible: trabajen más para que puedan ser igual de exitosos que ellos.

No se trata de que exista xenofobia buena o mala: nadie se disgusta porque sean estadounidenses ni porque vengan a México. Ni siquiera es ese el punto del debate —porque eso quisiera personajes del calado mencionado, tener luz verde para discriminar a mansalva—. Se trata de un problema demográfico, no regulado y ahora aprovechado por una sociedad empresa-gobierno, que sólo agudizará la brecha.

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