Niños marchan para exigir paz y no más balas en las escuelas


Más de cien agujeros de balas recuerdan la última vez que la escuela quedó en medio del fuego cruzado. Cansados de la guerra en el suroeste de Colombia, cientos de niños y pobladores marcharon este miércoles 13 de septiembre para exigir paz, el derecho a estudiar y no más balas en las escuelas. 

Los disparos comenzaron en la noche del 5 de septiembre por choques entre disidentes de la antigua guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y militares, que dejaron dos soldados heridos. Con la luz del día, los profesores contaron y señalaron con marcador 145 impactos de bala en los muros de la escuela, vecina a una estación de policía. 

“Siento mucha impotencia, miedo y tristeza. Es como si estuvieras dejando tu propia casa, tus sueños (…) Dañaron los sueños de 400 estudiantes”, dijo a la AFP Sara Díaz, de 14 años.

La alumna de noveno grado marchaba junto a cientos de estudiantes, profesores y padres de familia del colegio José María Obando, en el municipio de Corinto. Se trata de un poblado rural en el departamento del Cauca, a dos horas de la ciudad de Cali. Sosteniendo banderas blancas y carteles con mensajes de paz, los estudiantes hicieron un recorrido de aproximadamente 30 minutos. 

En esa localidad, el último mes se han registrado múltiples enfrentamientos entre grupos armados ilegales y la fuerza pública. Tras la balacera hace una semana los chicos no han vuelto a clases en este pueblo de unos 30,000 habitantes, al pie de la cordillera central colombiana. 

MÁS DE 20 AÑOS EN QUE LAS ESCUELAS ESTAN EN MEDIO DE LAS BALAS

Pese a la firma del acuerdo de paz en 2016 con la entonces poderosa guerrilla de las FARC, el conflicto armado persiste en el país luego de seis décadas de guerra interna, apesar del grueso de las FARC dejó las armas, pero grupos disidentes se apartaron del histórico pacto y hoy suman unos 5,200 combatientes.

“Son más de 20 años en los que hemos quedado en la mitad de un conflicto donde nuestros estudiantes no están involucrados, pero nos estamos viendo afectados directamente”, dijo Ángela María Henao, de 45 años y rectora del colegio donde estudian 448 niños y adolescentes.  

Las paredes de Corinto están repletas de frases alusivas a las disidencias. “Frente Dagoberto Ramos FARC-EP”, se lee en un cartel sobre un poste con la fotografía del abatido jefe rebelde Raúl Reyes, entonces número dos de la ya disuelta guerrilla de las FARC. Murió en 2008 en territorio ecuatoriano durante un bombardeo que ocasionó una ruptura de relaciones diplomáticas entre Bogotá y Quito. 

Vestidos de blanco, cientos marcharon para “pedir el derecho a la educación y el respeto a la vida”, explicó Henao. El primer presidente de izquierda en la historia del país, Gustavo Petro, intenta una salida dialogada al conflicto por medio de negociaciones con todas las organizaciones ilegales. La guerra ha dejado más de 1 millón de muertos y más de 8 millones de desplazados.

PÉRDIDAS MATERIALES

Corinto sufre cada tanto los estragos de la violencia en las escuelas por los impactos de balas. La rectora del colegio aseguró que con los recientes enfrentamientos se perdieron materiales y equipos como televisores, aire acondicionado, tableros, asientos y cuadernos. 

“Nos vimos obligados a retirarnos a otra sede para salvaguardar la vida de ellos”, añadió. 

Johanna Sepúlveda, presidenta de la junta de padres del colegio, aseguró que se sienten “huérfanos”. “La educación y el derecho a la vida de nuestros hijos están siendo vulnerados en una guerra que no es de nosotros”, sostuvo. 

Las disidencias se esconden en las montañas que rodean Corinto y, cuando hay enfrentamientos, las balas caen desde los cerros. “Que nos dejen fuera de esta guerra absurda”, insistió Sepúlveda. N

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