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Murió Henry Kissinger: respaldo a las dictaduras en Latinoamérica y su presencia en la Argentina para el Mundial 78

Jorge Rafael Videla con Henry Kissinger y el Embajador Dr. Raul Castro en la quinta de Olivos en 1978
Jorge Rafael Videla con Henry Kissinger y el Embajador Dr. Raul Castro en la quinta de Olivos en 1978

Henry Kissinger, uno de los diplomáticos más influyentes y controvertidos de la política exterior de Estados Unidos del siglo pasado murió este miércoles, a los 100 años, en su casa de Connecticut. Su carrera quedó atravesada por varios hitos en las relaciones de Washington con el mundo y también por el respaldo que le dio a la represión desplegada por las dictaduras en América latina, incluso en la Argentina, país que visitó durante el Mundial 78 y ocasión en la que se reunió con los integrantes de la Junta Militar que había tomado el gobierno dos años antes.

“Si hay cosas que tienen que hacerse, tienen que hacerlo rápido. Pero deberían volver rápidamente a los procedimientos normales”, le dijo Kissinger al primer canciller argentino de aquel entonces, el almirante César Augusto Guzzetti, durante una reunión el 10 de junio de 1976 en Santiago de Chile.

La frase en cuestión se encuentra en una compilación de documentos, desclasificados por el gobierno de Estados Unidos, que fue realizada por el Archivo de Seguridad Nacional con motivo del natalicio del dirigente a fin de “contribuir a una evaluación equilibrada y más completa” de su legado.

Los archivos ofrecen información sobre el involucramiento de Kissinger en los abusos delictivos del gobierno de Richard Nixon su “desdén por los derechos humanos y apoyo a las guerras sucias e incluso genocidas en el extranjero”, y las campañas secretas de bombardeos en Laos y Camboya durante la guerra de Vietnam.

En fotos | Murió Henry Kissinger, el hombre que marcó la política exterior de EE.UU.

Los archivos publicados en agosto de 2016 evidenciaron cómo la estrecha relación de Kissinger con el gobierno militar argentino impidió que Jimmy Carter pudiera intervenir en el régimen dictatorial durante su presidencia, que se extendió entre 1977 y 1981.

Un mes después del golpe de 1976, Kissinger le dijo a Guzzetti que “deseaba que [los militares] tengan éxito, cuanto antes mejor” y le restó importancia a las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos.

De acuerdo a los informes, cuando el estadounidense se reunió con el por entonces canciller, le preguntó si le importaba que hablara en castellano porque tenía dificultades con el inglés. “Para nada”, le respondió en ese momento el secretario de Estado de Estados Unidos, antes de anunciarle que asistiría al Mundial de fútbol, “pase lo que pase”. “Argentina va a ganar”, le había dicho.

El almirante le advirtió después que el país tenía problemas de “terrorismo” y problemas económicos, y le pidió apoyo de EE.UU. para el gobierno de facto.

“Hemos seguido de cerca los acontecimientos en la Argentina. Le deseamos lo mejor al nuevo gobierno y haremos todo lo posible para ayudarlo a tener éxito”, respondió Kissinger, según se lee en un documento desclasificado sobre la conversación que había tenido lugar en territorio chileno, donde regía la dictadura de Augusto Pinochet.

Como le había anunciado al canciller, debido a su fanatismo por el fútbol, había viajado a presenciar la competencia mundial pese a la preocupación mostrada por el embajador de EE.UU. en la Argentina de que su respaldo a la Junta militar endureciera la postura en derechos humanos, justo cuando el gobierno demócrata la presionaba para detener la represión.

Según publicó The Guardian, en aquel momento, los funcionarios de la administración de Carter se pusieron “furiosos” cuando en 1978 Kissinger asistió al evento deportivo como invitado especial del dictador Jorge Rafael Videla. Si bien para esa fecha ya no era secretario de Estado, señala uno de los documentos, “su alabanza al gobierno argentino en su campaña contra el terrorismo fue la música que el régimen anhelaba escuchar”.