Los Marlins deberían ir por el dominicano Juan Soto. Y si eso suena irrisorio... ese es el problema | Opinión

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Los Marlins de Miami deberían negociar por el pelotero dominicano Juan Soto.

Lo siento, pero había que decirlo.

Lamentablemente, me río para mis adentros mientras lo digo. El sublime Soto, por mucho la mayor adquisición disponible en el mercado antes de la fecha límite del próximo martes, curaría instantáneamente muchos de los males de los Marlins. El intercambio es plausible. En teoría pudiera ocurrir.

Me río para mis adentros solo porque se trata del club de Miami, que nunca está entre los líderes de la liga en cuanto a pensar con audacia, hacer grandes intercambios y gastar mucho.

Si su reacción inmediata a “los Marlins deberían negociar por Juan Soto” fue burlarse, bueno, ese es el problema.

Usted tiene razón en burlarse. Porque se trata de los Marlins, que se repliegan a las sombras cada vez que salen los grandes jugadores de béisbol.

Decir que Miami debería negociar por Soto es como decir que su tienda local de emparedados debería ganar una calificación de 5 estrellas Michelin.

Los Marlins no ha dado un golpe financiero sísmico, como el de Soto, desde 2014, cuando firmaron al jardinero Giancarlo Stanton con una una extensión de 13 años y $325 millones.

El de otro modo mezquino Jeffrey Loria abrió su chirriante cartera y realmente lo hizo.

El principal propietario de los Marlins, Bruce Sherman, mira el  partido contra los Cardenales de San Luis en el LoanDepot Park, el 19 de abril de 2022, en Miami, Florida.
El principal propietario de los Marlins, Bruce Sherman, mira el partido contra los Cardenales de San Luis en el LoanDepot Park, el 19 de abril de 2022, en Miami, Florida.

Es cierto que se trata de un contrato con una carga adicional y que Loria sabía que Stanton se iría (y se fue, a los Yankees) antes de que el megadinero se hiciera efectivo.

Aun así, fue un gran golpe, al menos la ilusión temporal de que el equipo de Miami, notoriamente barato, estaba listos para jugar con los grandes.

Avancemos ocho años. Los Marlins están en la periferia de la lucha por los playoffs (más o menos) y pudieran estar en la mezcla para uno o dos intercambios. Lo que necesitan –y esto es tan predecible como el calor y la humedad en un verano del sur de la Florida– es ofensiva. Bates. Carreras.

Todos lo veíamos venir. Si solo los propios Marlins lo hubieran visto y hubieran hecho algo cuando debían hacerlo: no ahora, sino en la temporada baja. Durante la agencia libre. Pero eso habría requerido una voluntad de gasto seria, el cual sigue siendo un lastre duradero en la franquicia.

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La agencia libre es un momento en el que no se trata de deshacerse en un intercambio de los mejores prospectos o del talento de Grandes Ligas. Sin embargo, es un momento para gastar mucho dinero, lo que parece ser el problema para el propietario mayoritario Bruce Sherman de la misma manera que lo fue para Loria.

Así que aquí estamos. Otra temporada mediocre en desarrollo. Los peces tenían marca de 46-52 al llegar al partido de este jueves en Cincinnati, una vez más atascados en ese inframundo no malo, ni suficientemente bueno.

Estaban a cinco juegos y medio del tercer comodín de la Liga Nacional y necesitaban superar a otros tres equipos.

Un problema: Miami, que necesita encontrar una chispa y enrolarse en una buena racha, acumula foja de 3-5 desde el descanso del Juego de las Estrellas. El flujo de tráfico delante de ellos va a 75 mph. Los Marlins están en el carril de rebase a 74.

Los Marlins son poderosamente formidables cuando el as dominicano Sandy Alcántara está en el montículo, y totalmente poco memorables cuando no lo está.

Ahora, en el hervidero de reportes, rumores y especulaciones que conducen a la fecha límite de los intercambios, se dice que Miami pudiera estar escuchando consultas sobre Pablo López, su único otro lanzador titular confiable.

No, por favor. No se cambia a uno de los pocos activos valiosos por una bandita de emergencia a finales de julio, la cual probablemente llegará demasiado tarde para esta temporada.

Tampoco se intercambia a López porque se está en modalidad de vendedor, agitando una toalla blanca y mirando al futuro (el cual se está tomando su tiempo para llegar, por cierto).

Entrar en la jugada por Soto cambiaría todo eso, por supuesto.

El jardinero de los Nacionales ha estado dos veces en el Juego de las Estrellas a los 23 años. Es el bate zurdo que Miami necesita con urgencia, una respuesta a largo plazo.

El hecho de que Washington sea un rival del Este en la Liga Nacional hace que un acuerdo con Miami sea doblemente improbable, pero, oiga, los Mets, que gastan mucho, están en la jugada.

Si los peces estuvieran interesados, todos los que no se llamen Alcántara deberían estar sobre la mesa. Y los Marlins tienen ahora suficientes prospectos de Ligas Menores para endulzar cualquier intercambio.

Soto también sería barato, al menos durante este año. Costaría poco más de $5 millones por el resto de esta temporada. El problema es que para firmarlo a largo plazo se necesitaría el camión de Brink’s que nunca parece conocer el domicilio de los Marlins.

Bien, dejemos de torturarnos con la charla sobre Soto y volvamos a la realidad.

Esta franquicia, tal como está, no funciona.

Se ubican en el puesto 24 de 30 equipos en producción de carreras con un promedio de cuatro por partido, ligeramente mejor que el año pasado, con 3.8, pero todavía lamentablemente inferior.

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Miami comprendió que tenía que mejorar y lo intentó, hasta cierto punto. Los jardineros Avisail García y Jorge Soler fueron contratados como grandes incorporaciones de agentes libres, pero han decepcionado en gran medida. Ambos fueron incorporaciones de segundo nivel.

Estos movimientos explican, en parte, porqué Miami se encuentra en el puesto 29 de asistencia en casa, con 11,544 espectadores por partido, solo por delante de Oakland.

La continua falta de gasto es la base de todo esto y la razón por la que la idea de que los peces estén en la competencia por Soto sea casi ridícula.

La nómina ha aumentado, sí, pero eso es relativamente hablando. Miami sigue en el puesto 26 en gastos, con $84.6 millones.

Seis equipos superan los $200 millones. La media de las Mayores es de $148 millones. Los otros cuatro equipos de la Conferencia Este de la Nacional oscilan entre $259.4 millones (Mets) y $129.3 millones (Nacionales).

Tener lanzadores de su propia granja, el reclutamiento inteligente, un mejor análisis y todas esas cosas pueden llegar muy lejos.

Pero Miami necesita gastar para luchar en la clasificación. De los siete equipos de la Liga Nacional que compiten en los playoffs, seis gastan más que la media de Grandes Ligas y la única excepción, Milwaukee, tiene una nómina de casi $50 millones más que la de los Marlins.

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Los peces quieren ser la excepción, el modelo de Tampa Bay. Por supuesto, los Rays y Seattle son dos de los seis aspirantes realistas a la postemporada de la Liga Americana que no gastan mucho más que Miami.

Pero los Marlins, hasta que gasten mejor, si no más, seguirán intentando pertenecer a un club en el que no merecen estar.

A este enigma se suma un floreciente mercado deportivo en el sur de la Florida que hace que el club de Miami se hunda tanto en su deporte como en su patio trasero.

El football está a punto de engullirlo todo de nuevo y tanto los Dolphins como los Huracnes están en alza.

El Heat se gana nuestra atención constante. Los Panthers vienen de su mejor temporada y acaban de realizar un importante intercambio. El trozo de pastel del Inter Miami no hará más que aumentar. El basquetbol de los Huracanes tiene impulso.

Y luego están los Marlins, que no son lo suficientemente buenos a pesar de tener tal vez el mejor lanzador del béisbol, y que no gastan lo suficiente para competir.

Soto es el complemento perfecto, exactamente el bate de poder zurdo y la superestrella en ascenso para electrizar a esta ofensiva, al equipo y a la ciudad.

El hecho de que los Marlins no puedan o no quieran entrar en ese juego –y que sea tan irrisorio imaginar que lo harían– dice mucho sobre la situación de esta franquicia y sobre lo que la frena.

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