La 'mano que mece la cuna' en el conflicto de la UNAM

Foto: El Universal

Cuando la UNAM, el IPN, Chapingo y demás participantes en el Movimiento Estudiantil de 1968 conmemoran el 50 aniversario de esos acontecimientos, que trajeron consecuencias políticas y sociales para el país, la semana anterior, mientras estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Azcapotzalco se manifestaban frente a la Torre de Rectoría, en Ciudad Universitaria (CU), y
demandaban mayor seguridad en su plantel, un grupo de choque, conocido como porros, los agredió.

Un alumno de la Escuela Nacional Preparatoria y otro de la Facultad de Filosofía y Letras fueron heridos de gravedad y otros sufrieron lesiones leves. La agresión de los porros fue organizada, algunos tenían la cara cubierta, iban armados con tubos, cohetes y bombas molotov. Llegaron a CU y se retiraron en autobuses desde el Estado de México.

Cuando se llevó a cabo el enfrentamiento no intervino el servicio de Vigilancia UNAM ni la policía de la Ciudad.

Como sucede en la actualidad, los acontecimientos fueron captados, con teléfonos móviles, por quienes se encontraban en la explanada de rectoría en CU y divulgados en redes sociales, lo que permitió identificar algunos de los agresores.

La Policía Federal detuvo a dos presuntos responsables e integrantes de un grupo porril, son Érik Linares Torres, El Lucas, de 33 años, ex alumno del CCH Azcapotzalco, y Joel Rojas Arguello, El Cárter, de 27 años, alumno de la Facultad de Estudios Superiores Aragón y los entregó a la Procuraduría de la Ciudad de México que, ante la extrañeza de autoridades de la UNAM, los liberó dos días después.

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Las autoridades de la Ciudad de México argumentaron que había liberado a los porros porque la Universidad no había presentado denuncias en su contra, lo que fue desmentido por la UNAM.

Sobre estos hechos se han expresado diversas interpretaciones relacionadas con las preguntas ¿quién patrocina a los porros? y ¿a quién benefician estos sucesos?

Las respuestas también son diversas porque quienes promueven las agresiones permanecen ocultos y lejanos al escenario de violencia que provocan los mercenarios, los porros alquilan su organización para obtener algún beneficio y participan con el compromiso de su pronta liberación, en caso de ser aprehendidos por la policía.

Recordemos que el día en que Peña Nieto tomó posesión se hicieron presentes grupos de “anarquistas” que agredieron personas y destruyeron bienes públicos y privados en las principales calles de la ciudad. Hoy los delincuentes capturados fueron liberados de manera inmediata.

No es sencillo saber quién “Mece la cuna” y solo se puede especular pasados los acontecimientos, sobre quien resulta beneficiado. Hace 50 años el beneficiario político del movimiento estudiantil fue Luis Echeverria que, después de los acontecimientos de ese año, fue designado como candidato del PRI a la presidencia por Gustavo Diaz Ordaz.

El anterior movimiento estudiantil, de 1999, mantuvo cerrada a la UNAM por 10 meses con un pliego petitorio que tenía una solución administrativa que no fue aceptada por los integrantes del Comité Estudiantil de Huelga. El final de esos acontecimientos reportó a dos beneficiarios políticos, uno fue Vicente Fox, candidato del PAN, que capitalizó el descrédito con el que el conflicto estudiantil afectó las candidaturas de Francisco Labastida, del PRI y Cuauhtémoc Cárdenas, del PRD.

En la Universidad fue nominado como rector Juan Ramón de la Fuente que de la secretaría de Salud pasó a la rectoría, previa intervención de la Policía Federal en el desalojo de quienes ocupaban las instalaciones de la Universidad, en su mayoría mercenarios, porros de hoy, algunos de los cuales pertenecían a organizaciones urbanas como el Movimiento Francisco Villa.

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El conflicto que hoy se lleva a cabo en la UNAM, que podría extenderse a otras universidades públicas, se realiza en un contexto diferente al de los dos movimientos estudiantiles antes mencionados. El contexto de esos sucesos fue el de la disputa por el poder que utilizó a la UNAM como arena para esa confrontación.

Hoy esa disputa ya se resolvió con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, por lo que el conflicto se expresa en un contexto novedoso y, de prolongarse, tendríamos el primer movimiento estudiantil transexenal, que empieza en un gobierno y terminaría en el siguiente, si quien lo está promoviendo no logra sus objetivos o los consigue de manera insuficiente.

El presidente electo, López Obrador, dice que en su gobierno no habrá porros, lo que parece una afirmación optimista porque estos grupos se alquilan al mejor postor, su acción no tiene relación con las ideas políticas, más bien responde a las motivaciones que genera el dinero y la impunidad para desempeñarse en el mundo de lo ilícito, como el trafico de drogas en el campus. Si el siguiente gobierno dice que no habrá porros debe ser porque a “sus” porros los va a “becar”. No habrá Ninis ni porros. Un mundo feliz.