Quién fue Golda Meir, la 'dama de hierro' que tuvo un rol clave en la creación de Israel

Nacida en Ucrania, cuando el país pertenecía todavía al Imperio ruso, fue odiada y querida a partes iguales

Golda Meir hablando en Naciones Unidas en 1970. (AP Photo, File)
Golda Meir hablando en Naciones Unidas en 1970. (AP Photo, File)

Era otra época cuando Golda Meir ascendió al poder de un recién nacido Estado de Israel, también repleta de desafíos. También violenta, aunque, quizá, menos en términos de número de víctimas, que la realidad que se cierne en estos momentos sobre el país. No sobre su vecina Gaza, asediada por los bombardeos diarios del ejercito israelí tras la declaración de guerra por parte de Benjamin Netanyahu después del brutal ataque terrorista perpetrado por milicias de Hamás el 7 de octubre. Ese fatídico día se saldó con la muerte de 1.400 israelís y 239 secuestrados de los que poco o nada se sabe. Desde aquel fatídico día han sido asesinadas en la Franja 8.000 personas, de los cuales, 3.100 eran niños. Una escalada bélica sin precedentes.

Golda Meir fue decisiva para consolidar el sueño judío que hoy, en forma de Nación, se ha henchido de venganza para saldar con sangre la muerte de sus conciudadanos. Golda Mabovitch, su verdadero nombre, nació un 3 de mayo de 1898 en Kiev, Ucrania, cuando el país pertenecía todavía al Imperio ruso. Perteneciente a una familia judía de orígenes muy humildes, fue testigo de los primeros pogromos (linchamientos y persecuciones) antisemitas que comenzaron a extenderse por Europa desde los primeros años del siglo XX. Perseguidos por la pobreza y la exclusión social, Meir y su familia emigraron a Wisconsin (Estados Unidos), cuando ella apenas tenía ocho años, donde vivió los 15 siguientes. “Siempre sentía demasiado frío por fuera, y demasiado vacío por dentro”, contó en sus memorias décadas más tarde.

Fue en suelo estadounidense donde Golda Meir tuvo su primer contacto con la idea de retornar a Palestina, la tierra prometida para el pueblo judío, con el objetivo de fundar ahí un Estado propio donde las persecuciones contra su comunidad fueran un mal recuerdo del pasado. “Llevo conmigo el complejo de los pogromos, lo reconozco. Mi recuerdo más remoto es ver a mi padre tapando con tablas las entradas de la casa, ante la inminencia de las hordas enardecidas. Si cabe una explicación al rumbo que tomó mi vida, es seguramente mi deseo y determinación de que nunca más un niño judío tuviera que vivir semejante experiencia”, relató en su autobiografía.

Durante sus primeros años de juventud, se interesó por el movimiento sionista y se involucró personalmente en las luchas del pueblo judío, los derechos sindicales y el feminismo. En 1921, ya casada con el pintor Morris Meyerson, se trasladó a una comunidad agraria o kibutz en Eretz, actual Israel, bajo dominio británico por aquel entonces. Su carrera política alcanzó su cuota máxima hasta entonces tras la Segunda Guerra Mundial, cuando se convirtió en la principal negociadora entre los judíos de Palestina y las autoridades británicas. Tras la tragedia del Holocausto y el Plan de Partición de Palestina en dos Estados, Reino Unido abandonó la región en 1948 a favor de los judíos, que ya se contaban por miles en la zona. Ese mismo año, Israel presentó su declaración de independencia, de la que Golda Meir fue firmante. Un momento que pasará a la historia como el origen al conflicto palestino-israelí que se mantiene hasta nuestros días.

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La primera ministra Golda Meir en 1975, en Los Ángeles, Estados Unidos. (AP Photo)
La primera ministra Golda Meir en 1975, en Los Ángeles, Estados Unidos. (AP Photo)

A ella le deben sus conciudadanos israelíes el haber recaudado unos 50 millones de dólares en Estados Unidos para dar forma al nuevo Estado y armar al naciente ejército para luchar contras las amenazas de sus vecinos árabes. El surgimiento del país supuso también el inicio de la Nakba, el éxodo al que se vieron obligados a acogerse miles de palestinos tras la incursión en el territorio de los judíos.

En su larga trayectoria política figura el haber sido embajadora de Israel ante la Unión Soviética, ministra de Trabajo durante siete años y ministra de Relaciones Exteriores una década más. Hasta el día de hoy, es la única mujer que ha logrado alzarse con el título de primera ministra de Israel. Un cargo que ostentó desde 1969, cuando ganó las elecciones con una holgada mayoría, hasta mediados de 1974.

Durante su presidencia, debió afrontar la masacre sucedida durante los Juegos Olímpicos de Múnich (Alemania) de 1972, cuando un grupo armado palestino secuestró y asesinó a 11 atletas israelís. Pero si hubo un incidente que enturbió su liderazgo ese fue la Guerra de Yon Kipur, que estalló durante la principal festividad judía, del mismo nombre, en 1973. La ofensiva por parte de Egipto y Siria para recuperar los antiguos territorios perdidos durante la Guerra de los Seis Días, en 1967, pilló al ejecutivo y a la propia Golda Meir por sorpresa. Y, aunque Israel se alzó con la victoria, las más de 2.700 bajas sufridas por el ejercito israelí fue un batacazo para la opinión pública que señaló la gestión de la primera ministra de auténtico fracaso. Perseguida por las feroces críticas, renunció al cargo en 1974.

La también conocida como la ‘Dama de Hierro’ de Medio Oriente fue odiada y querida a partes iguales. A pesar de sus contribuciones de cara a fraguar el Estado de Israel, fue su falta de previsión en la Guerra de Yon Kipur la que acabaría definiendo su legado. Falleció en 1978, a los 80 años. Por aquel entonces, se había trasladado a un kibutz cercano a Jerusalén, donde vivía con su hija Sara. Alejada del foco mediático, vivió sus últimos años cargando con el peso de no haber movilizado antes a los reservistas para hacer frente a la amenaza que se cernía sobre el país. Un movimiento (o falta de él) que lamentó el resto de sus días.

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