Un solo estado es el ejemplo para la iniciativa de prohibir el plástico desechable en la India

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Un vendedor de hojas de plátano, una forma tradicional de emplatar o envolver algunos alimentos que está ganando popularidad ante la prohibición de los plásticos desechables, en Chennai, India, el 8 de julio de 2022. (Anindito Mukherjee/The New York Times)
Un vendedor de hojas de plátano, una forma tradicional de emplatar o envolver algunos alimentos que está ganando popularidad ante la prohibición de los plásticos desechables, en Chennai, India, el 8 de julio de 2022. (Anindito Mukherjee/The New York Times)

CHENNAI, India — Amul Vasudevan, una vendedora ambulante de vegetales en el estado sureño de Tamil Nadu, India, pensó que su negocio desaparecería.

El estado había prohibido a los minoristas el uso de bolsas de plástico desechables, indispensables para el sustento de Vasudevan ya que eran muy baratas. Ella no podía permitirse el lujo de vender sus productos en bolsas de tela reutilizables.

Tamil Nadu no fue el primer estado indio que intentó reducir la contaminación por plástico, pero a diferencia de otros, fue implacable a la hora de hacer cumplir su ley. Vasudevan fue multada en repetidas ocasiones por utilizar bolsas desechables.

Ahora, tres años después de la entrada en vigor de la prohibición, el uso de bolsas de plástico por parte de Vasudevan se ha reducido en más de dos tercios; la mayoría de sus clientes traen bolsas de tela. Muchas calles de este estado de más de 80 millones de habitantes están prácticamente libres de residuos de plástico.

Sin embargo, la prohibición de Tamil Nadu dista mucho de ser un éxito absoluto. Mucha gente sigue desafiando la prohibición por considerar que las alternativas al plástico son demasiado caras o incómodas. La experiencia del estado ofrece lecciones para el resto de la India, donde este mes entró en vigor una ambiciosa prohibición en todo el país de la fabricación, importación, venta y uso de algunos plásticos de un solo uso.

“Las bolsas de plástico solo pueden eliminarse si el cliente lo decide, no el vendedor”, comentó Vasudevan desde su puesto en la calle Muthu de Chennai, la capital del estado. “Deshacerse de ellas es un proceso lento; no puede ocurrir de la noche a la mañana”.

En todas las metrópolis y pueblos de la India, la vida cotidiana está entrelazada con el plástico desechable, considerado uno de los peores peligros para el medioambiente. Las compras de todo tipo se llevan a casa en bolsas desechables, y la comida se sirve en platos y bandejas de un solo uso. El país es el tercer mayor productor mundial de residuos plásticos desechables, después de China y Estados Unidos.

Una compradora con su propia bolsa reutilizable en un mercado de productos en Chennai, India, el 8 de julio de 2022. (Anindito Mukherjee/The New York Times)
Una compradora con su propia bolsa reutilizable en un mercado de productos en Chennai, India, el 8 de julio de 2022. (Anindito Mukherjee/The New York Times)

Pero ahora el gobierno del primer ministro Narendra Modi ha prohibido algunos de esos artículos omnipresentes, como los vasos, platos, cubiertos, popotes e hisopos desechables. Las bolsas de un solo uso están prohibidas, pero se permiten las más gruesas y reutilizables. La prohibición no incluye las botellas de refresco ni los envoltorios de plástico de las patatas fritas y otros alimentos.

La India sigue a lugares como Bangladés, la Unión Europea y China en una labor a gran escala para reducir los residuos de plástico. Pero su plan es uno de los más ambiciosos, según los expertos, pues implica a toda la cadena de suministro, desde la fabricación hasta el uso de plásticos desechables.

Lo que queda por verse es el grado de compromiso de las autoridades para hacer cumplir la nueva ley.

“Una prohibición general es muy difícil de aplicar, a menos que los gobiernos locales tomen medidas estrictas contra los infractores y establezcan una colaboración con la población”, explicó Ravi Agarwal, que dirige Toxics Link, un grupo de defensa que se dedica a la gestión de residuos. “De lo contrario, acabaremos con algunas multas esporádicas aquí y allá, y algunas noticias en los periódicos”.

El año pasado, el gobierno federal prohibió las bolsas de plástico muy finas, pero la aplicación de esta norma, que se dejó en manos de las autoridades locales, no fue rigurosa. La vigilancia del cumplimiento de la nueva ley también depende de las autoridades locales, pero ahora el gobierno dice que implicará al público, que podrá denunciar a los infractores y su ubicación con una aplicación móvil.

La presión pública sobre los políticos —para que arreglen los atascos de desagües y alcantarillas causados por el plástico, por ejemplo— es otra razón clave del relativo éxito en Tamil Nadu.

Un viernes por la mañana reciente, agentes de policía vestidos de paisano circulaban por la calle Muthu en busca de infractores. Cerca de una sección de vendedores ambulantes de verduras y flores de jazmín, encontraron a un vendedor ambulante que empaquetaba productos para los clientes en bolsas desechables. La policía multó a ese vendedor y procedió a incautar decenas de kilos del contrabando a otros, multándolos y amenazándolos con sentencias de cárcel.

Desde diciembre de 2019, las autoridades del estado han recaudado más de 1,3 millones de dólares en multas; la menos cuantiosa ronda los 7 dólares. Pero el trabajo no tiene fin: después de que los agentes se dispersaran ese día en la calle Muthu, algunos vendedores volvieron a utilizar las bolsas prohibidas.

“Tenemos que encontrar soluciones baratas para acabar con el uso de las bolsas de plástico”, señaló Vasudevan, que no recibió multa ese día. “Los ricos entienden lo que está en juego pero, para los pobres, el gobierno tiene que hacer que las bolsas de tela sean baratas”.

Tamil Nadu ha intentado abordar ese problema con subvenciones y campañas de promoción para las bolsas de tela.

A la entrada del mercado mayorista de Koyembedu, en Chennai, las autoridades instalaron dos máquinas expendedoras con capacidad para 800 bolsas de tela, que cuestan 12 céntimos de dólar cada una.

Pero para algunos negocios, como los que venden pescado vivo, el plástico es difícil de sustituir. “Nadie quiere destruir el medioambiente”, afirmó Mageesh Kumar, que vende peces como mascotas en el mercado de Kolathur, en Chennai. “Pero si no los vendemos en plástico, no hay otra forma; ¿cómo alimentaremos a nuestras familias?”.

Por ahora, Kumar y sus compañeros utilizan bolsas más gruesas que piden a los clientes que devuelvan.

Aun así, Tamil Nadu ha avanzado más que otros estados que han intentado reducir el uso del plástico. Sus playas, enclaves residenciales y zonas industriales carecen en gran medida de basura de plástico. Muchos residentes recogen de manera diligente el plástico para reciclarlo y separan los residuos.

El pionero en el estado fue el distrito de Nilgiris, una zona popular entre los turistas por sus ciudades de montaña y plantaciones de té, que prohibió el plástico desechable en el año 2000. Allí, la iniciativa fue liderada por Supriya Sahu, una funcionaria que se dio cuenta de los peligros de la contaminación por plástico tras ver fotografías de bisontes muertos con bolsas de plástico en el estómago. Sahu inició una campaña de concientización pública.

“Hicimos entender a la gente que, si queremos que el turismo sobreviva, tenemos que dejar de usar plástico”, aseguró Sahu, ahora funcionaria estatal del medioambiente. “Cualquier programa dirigido por el gobierno solo puede tener éxito si se convierte en un movimiento popular”.

En una tarde húmeda reciente, el mercado de Koyembedu ofrecía una señal de éxito. De las más de dos decenas de tiendas, solo dos vendían flores envueltas en plástico.

“Llevamos años vendiendo flores envueltas en periódicos”, comentó Richard Edison, vendedor de flores. “La gente lo exige”.

© 2022 The New York Times Company

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