El 4 de julio medirá la capacidad de EEUU de levantarse o precipitarse ante el covid-19

Cada 4 de julio, Día de la Independencia estadounidense, la celebración se enciende en Estados Unidos. Festivales patrióticos llenan plazas y parques, las playas bullen con bañistas, comercios, restaurantes se llenan de clientes, desfiles recorren calles y la jornada se cierra con monumentales fuegos artificiales vistos por enormes congregaciones de personas.

Pero ese día en 2020 será sustancialmente distinto: la pandemia de coronavirus ha convertido la fiesta en una grave amenaza y las reuniones masivas en un posible evento de megacontagios de covid-19, lo que potencialmente significaría más enfermos y más fallecidos.

Fuegos artificiales sobre Nueva York, vistos por miles y miles de personas, cierran normalmente las celebraciones del 4 de julio en esa y muchas ciudades de EEUU. (Getty Images)


Meses atrás, cuando se desató la crisis de la pandemia en Estados Unidos, se pensaba que para el verano y el 4 de julio la situación sería diferente, que el Día de la Independencia sería, también un momento de liberación con una enfermedad sustancialmente a la baja y las actividades regresando a la normalidad en un grado importante.

Eso no ha sucedido así exactamente y aunque en varias regiones el covid-19 ha menguado, como en Nueva York y otros puntos que fueron el epicentro inicial de la pandemia en Estados Unidos, en otras áreas está mostrando un crecimiento candente: Arizona, Florida, Texas y otros estados están registrando cantidades récord de contagios cada día y en general la enfermedad está nuevamente al alza.  La causa es mayormente una reapertura un tanto prematura y una falta de observancia, con el rigor requerido, de medidas clave como el distanciamiento social y el uso de mascarillas.

Ante ello, muchos estados y ciudades que habían relajado las restricciones para mitigar el avance del coronavirus y reabierto la actividad pública en negocios, oficinas, restaurantes, bares y otros establecimientos de modo importante se han topado ahora con que el 4 de julio está por llegar con un filo ominoso en cuanto al auge del coronavirus.

Y ante la real posibilidad que, durante el fin de semana festivo en torno al 4 de julio, la amplia actividad social pueda crear fenómenos de megacontagios de covid-19, varias autoridades han determinado echar para atrás la apertura y, al menos parcialmente, restablecer restricciones.

La visión de ver a cientos o miles de personas reunidos –lo que era normal y auspicioso en las fiestas del 4 de julio en el pasado– se tornaría pesadillesca de darse en 2020 por el enorme riesgo de contagios que eso implica en un contexto de una pandemia que se expande y acelera en muchas áreas de Estados Unidos.

Miles de personas se congregaron en Washington DC en 2019 para la celebración del 4 de julio. (Getty Images)

Por ejemplo, el gobierno de Arizona ha determinado volver a cerrar, tras cerca de un mes de haberlos reabierto, bares, cines, gimnasios y parques acuáticos ante un repunte severo del covid-19.

Las playas en el sur de Florida, en los condados de Broward y Miami-Dade, cerrarán también el fin de semana del 3 al 5 de julio. Y en varias ciudades restaurantes y bares reducirán nuevamente sus operaciones.

En Texas también se ha dado marcha atrás en la reapertura de bares y otros establecimientos.

Y en Los Ángeles, donde las cifras de coronavirus repuntan con velocidad, playas y parques cerrarán el fin de semana. Incluso en estados que han registrado sustantivos descensos en el número de contagios, como Nueva Jersey, se han restablecido restricciones.

Pese a ello, muchos en esos y otros estados aún rechazan el uso de mascarillas –por razones político-ideológicas, ignorancia, negligencia, rebeldía insensata y una mezcla de todo ello– y no respetan el necesario distanciamiento social.

Así, el temor a que el fin de semana del 4 de julio –como sucedió en cierto modo con el del Día de los Caídos, del 23 al 25 de mayo pasado– se convierta en un catalizador del contagio del coronavirus, con actividad social exagerada y sin las protecciones debidas, es real e inquietante.

En todo caso, la cantidad de casos de covid-19 está al alza en Estados Unidos y presumiblemente continuará así si no se establecen nuevas y amplias medidas de control, sobre todo para que el uso de la mascarilla y el distanciamiento social, con las restricciones inherentes, se aplique de modo universal. Expertos temen un posible escenario que, en algunos estados y ciudades, sobre todo en el sur y suroeste del país, podría incluso rivalizar u opacar los peores momentos que se vivieron meses atrás en Nueva York.

Ante ello, la mejor manera de festejar el Día de la Independencia sería establecer ya las medidas para lograr una verdadera liberación ante el covid-19. Pero no la efímera y frívola de quien se niega a usar mascarilla alegando que defiende su libertad mientras pone en riesgo su salud y la de los demás. La independencia que realmente vale y se requiere es la que requiere esfuerzo y rigor para conseguirla y al final ofrece en el contexto de la salud pública una liberación verdadera y para todos. Es decir, la independencia de haber abatido de modo sustantivo la pandemia de coronavirus.

Alguos usuarios se han expresado al respecto.

Pero lograr contener el covid-19 no será rápido ni fácil. Ni en realidad completo hasta que se consiga una vacuna eficaz y medicamentos terapéuticos eficaces. Algo para lo que se investiga con intensidad con esperanza de resultados en un plazo relativamente corto, pero que no está asegurado y podía demorarse.

En tanto, la pandemia se agudiza y la urgencia, en el caso de Estados Unidos, de que la sociedad muestre una conciencia rigurosa y una conducta propicia para la reducción de los contagios es enorme e imperativa. Autoridades han de poner el ejemplo –algo que empezando por el presidente Donald Trump y siguiendo con otros funcionarios electos a nivel estatal simplemente ha estado ausente– y la población en general debe comportarse con responsabilidad y solidaridad sustantivas, para lograr el uso universal de la mascarilla, la práctica continua de la distancia social y el evitar prácticas de alto riesgo, sobre todo las concentraciones considerables de personas.

Solo así se logrará mitigar la enfermedad, salvar vidas y apuntalar la recuperación económica. Lograr eso implicaría una real independencia del yugo de la pandemia y de  la inconsciencia, y el 4 de julio ello se pondrá fuertemente a prueba. La alternativa es desoladora, con lo peor de la pandemia por venir, como han alertado especialistas.

Por ello, la mayor festividad estadounidense debe dar pie a una reacción para levantar al país y no ser un paso hacia el precipicio.