EEUU debe enviar más armas a Ucrania para ayudar a derrotar a Rusia | Opinión

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La guerra en Ucrania ha entrado en su tercera fase.

La primera fase, que comenzó el 24 de febrero, fue el intento de Rusia de tomar Kiev. El resultado fue un fracaso gracias a la terrible logística rusa (¿recuerdan el convoy de 40 millas?) y a una hábil defensa ucraniana que usó armas de mano como Stingers y Javelins suministradas por Occidente.

La fase 2 comenzó a mediados de abril, cuando el dictador ruso, Vladimir Putin, concentró sus fuerzas en la provincia de Luhansk, en la región oriental del Donbás. Esa fase, caracterizada por el implacable bombardeo de la artillería rusa, terminó a principios de julio con la retirada de las fuerzas ucranianas de Luhansk.

En la tercera fase de la guerra, las tropas ucranianas mantienen una fuerte posición defensiva en la vecina provincia de Donetsk (también parte de Donbás) y contraatacan eficazmente con sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad y otras armas de mayor alcance suministradas por Occidente. Los HIMARS, en particular, han supuesto un cambio de juego al permitir a los ucranianos destruir más de 100 objetivos de alto valor, como depósitos de municiones y puestos de mando rusos.

Un comandante de batallón ucraniano dijo al Washington Post que desde que comenzaron los ataques con HIMARS, los bombardeos rusos han sido “10 veces menos”. Otro oficial ucraniano dijo al Wall Street Journal: “Esto era un infierno. Ahora, es como el paraíso. Muy tranquilo. Todo cambió cuando recibimos los HIMARS”. El presidente Volodymyr Zelensky dice que las bajas ucranianas han bajado de entre 100 y 200 al día a 30 al día.

Si Ucrania es capaz de defenderse tan eficazmente con solo 12 HIMARS (que pronto serán 16), imagínese lo que pudiera hacer con docenas más y, mejor aún, con los Sistemas de Misiles Tácticos del Ejército (ATACMS), que usan la misma plataforma pero tienen casi el cuádruple de alcance. Estos sistemas de cohetes deberían complementarse con tanques y aviones de combate occidentales.

Si Occidente suministrara todas estas armas, Ucrania pudiera montar una contraofensiva para recuperar el terreno perdido en el sur y el este y ayudar a poner fin a la guerra.

No a la tercera guerra mundial

El gobierno de Biden está suministrando lentamente más HIMARS y, por primera vez, está incluso discutiendo el suministro de aviones de combate occidentales (después de rechazar un plan polaco de enviar MiG-29 en marzo).

Pero los ATACMS parecen estar fuera de la mesa porque, como explicó la semana pasada el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan, la administración no quiere ir “por el camino hacia una tercera guerra mundial”. A Ucrania ni siquiera se le permite usar sus HIMARS para poner fin al bombardeo de su segunda ciudad más grande, Kharkiv, porque las baterías de artillería rusas se encuentran en suelo ruso.

Este cálculo estratégico no tiene sentido. ¿Cree realmente Sullivan que Putin lanzará la Tercera Guerra Mundial si Estados Unidos suministra cohetes con un alcance de unas 180 millas, pero que se aguantará mientras nosotros solo suministremos cohetes con un alcance de unas 50 millas? ¿O que el suministro de HIMARS, sistemas de defensa aérea NASAMS, obuses de 155 mm, drones Phoenix Ghost, Javelins y Stingers no es demasiado provocador, pero sí lo serían los aviones de combate y los tanques?

El presidente Biden tiene razón al no enviar fuerzas estadounidenses a un combate directo con los rusos, pero todas las demás opciones deben estar disponibles, desde los ATACMS hasta los F-16 y los tanques Abrams. Los soviéticos no dudaron en suministrar a Corea del Norte y Vietnam del Norte aviones de combate para derribar aviones de guerra estadounidenses. (Los pilotos soviéticos incluso volaron para Corea del Norte.) ¿Por qué no íbamos a devolver el favor?

Al principio de la guerra en Ucrania, algunos temían que Putin estuviera actuando de forma tan irracional que pudiera recurrir a las armas nucleares. Pero si los últimos cinco meses nos han enseñado algo, es que, aunque el Carnicero de Bucha es malvado, no es suicida ni irracional.

Putin se retiró de Kiev cuando se reveló como una causa perdida e hizo un uso sensato, aunque brutal, de la artillería rusa en Luhansk. Putin ha ignorado básicamente los rumores de ataques ucranianos a objetivos militares dentro de Rusia. No ha atacado a Polonia, que se ha convertido en el principal punto de entrega de armas a Ucrania. No ha arremetido desde que Finlandia y Suecia se propusieron entrar en la OTAN, poniendo así más tropas de la OTAN en la frontera de Rusia.

Esto corresponde con la historia de Putin. Es el clásico matón que se mete con los débiles (Georgia, Ucrania, los rebeldes sirios) mientras rehúye los enfrentamientos directos con los fuertes (Estados Unidos, la OTAN). Putin es lo suficientemente racional como para darse cuenta de que si sus fuerzas militares tienen problemas para controlar Ucrania, no tendrían ninguna posibilidad en una guerra con la alianza atlántica.

Estados Unidos iguala a Rusia en fuerzas nucleares y la supera con creces en capacidades convencionales. Biden está en una posición mucho más fuerte que Putin, pero actúa como si fuera más débil. Dejemos de permitir que Putin nos disuada de hacer todo lo que podamos para ayudar a Ucrania. Putin debería tener más miedo de nosotros que nosotros de él.

La guerra ya ha resultado costosa para Rusia: Ha perdido cerca de 1,000 tanques, y unos 60,000 soldados han muerto o resultado heridos. No quedará mucho de los militares rusos si los ucranianos se arman con muchos más HIMARS y ATACMS, además de tanques y aviones de combate. La cuarta fase de la guerra pudiera ser decisiva, pero solo si Estados Unidos se compromete finalmente a ayudar a Ucrania a ganar.

Max Boot es columnista de The Washington Post, miembro del Consejo sobre Relaciones Exteriores y autor de “The Road Not Taken: Edward Lansdale and the American Tragedy in Vietnam”.

© 2022 The Washington Post

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