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El dramático testimonio de una familia argentina-israelí secuestrada por Hamas en la que todos fueron liberados menos el padre

David Cunio y sus hijas Yuli y Emma
David Cunio y sus hijas Yuli y Emma

YAVNE, Israel.- La israelí Sharon Alony-Cunio sobrevivió 52 días como rehén en Gaza con sus dos hijas pequeñas antes de ser liberada en un acuerdo de canje entre Israel y Hamas. Pero teme por la vida de su marido, el argentino David Cunio, que sigue cautivo en el enclave palestino que sufre desde hace semanas bombardeos incesantes.

La incertidumbre es más fuerte que nunca luego de que Hamas advirtiera ayer de que ninguno de los rehenes capturados en Israel saldría “vivo” si no se cumplen sus exigencias sobre la liberación de presos palestinos.

Por su parte, Qatar, principal mediador entre las dos partes, aseguró que los esfuerzos por una nueva tregua y más liberaciones de rehenes continuaban, pero que los bombardeos israelíes estaban “reduciendo” las posibilidades.

El traslado de las mellizas Cunio
El traslado de las mellizas Cunio

Ahora, de vuelta en casa con sus mellizas de tres años, Yuli y Emma, con doble nacionalidad israelo-argentina, suplica que se libere a los 137 rehenes restantes. “Cada minuto es crítico. Las condiciones allí no son buenas y los días se hacen eternos”, declaró Alony-Cunio a Reuters en su primera entrevista.

“Es una ruleta rusa. No sabés si mañana por la mañana te mantendrán con vida o te matarán, sólo porque quieren o porque están entre la espada y la pared”, agregó la mujer de 34 años.

Alony-Cunio fue una de las 240 personas tomadas como rehenes el 7 de octubre por hombres armados de Hamas que irrumpieron en la frontera con Israel y mataron a unas 1200 personas.

Los terroristas que tomaron su kibbutz, Nir Oz, situado a poco más de un kilómetro y medio de Gaza, incendiaron su casa y se la llevaron a punta de pistola después de que ella saliera por la ventana.

La llevaron al otro lado de la frontera con su marido David y una de sus mellizas. Su segunda hija fue retenida por separado en Gaza durante 10 días antes de que se reunieran en cautiverio con otros 12 rehenes en condiciones que, según ella, eran duras, especialmente para los chicos.

“Todo el mundo dejó de comer por ellas (las niñas). No sabés si por la tarde habrá pita (pan), así que por la mañana guardás un poco para la noche. Todo está muy calculado, un cuarto de pita, media pita para guardar para la mañana siguiente”, rememoró.

A veces les daban dátiles y queso y otras veces repartían arroz con carne y raciones para seis entre los 12.

Esperar a que les dejaran ir al baño era un problema para las mellizas, así que tenían que usar un lavamanos y un tacho de basura. “A veces, cuando había un corte de luz, nos dejaban abrir la puerta, corrían la cortina y entonces susurrábamos. ¿Cómo mantenés a un chico entero durante 12 horas sólo con susurros?”.

Su grupo de rehenes fue retenido en la superficie y trasladado unas cuantas veces, pero con los recuerdos aún en carne viva y con su marido todavía dentro, Alony-Cunio se mostró reacia a dar más detalles de su captura y su tiempo como rehén.

Pero una de las mayores dificultades era no saber qué se estaba haciendo para sacarlos de allí, manifestó.

“Todos los días hay llanto, frustración y ansiedad. ¿Cuánto tiempo vamos a estar aquí? ¿Se han olvidado de nosotros? ¿Nos han abandonado?”, dijo.

Tras siete días de tregua, más de 100 rehenes fueron liberados. El resto siguen incomunicados mientras Israel bombardea Gaza prometiendo acabar con Hamas. Más de 18.000 personas han muerto en el enclave palestino, según las autoridades sanitarias locales.

Muchas familias de los 137 rehenes que siguen en Gaza, cuyos nombres y fotos en carteles recorren las calles de Israel, están asustadas.

Sharon Alony-Cunio
Sharon Alony-Cunio

“Mis hijas están destrozadas”, afirmó Alony-Cunio. “Yo estoy destrozada sin mi segunda mitad, el amor de mi vida, el padre de mis hijas que me preguntan todos los días, ¿dónde está papá?”.

David se separó de ellas tres días antes de su liberación, el 27 de noviembre, antes de que se reanudaran los combates. Sacar a los rehenes restantes debería ser la máxima prioridad, opinó.

“Me da pánico recibir la mala noticia de que ya no está vivo”, añadió. “No somos sólo nombres en un cartel. Somos seres humanos, de carne y hueso. El padre de mis hijas está ahí, mi pareja, y muchos otros padres, hijos, madres, hermanos”.

Agencias AFP y Reuters