El Dr. Fauci se equivocó y los escolares están pagando un alto precio | Opinión

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Si quieren una prueba de que el Dr. Anthony S. Fauci no tiene ni idea del daño causado por las políticas de confinamiento por la pandemia que él defendió, aquí la tienen: Cuando Neil Cavuto, de Fox News, le preguntó esta semana si se arrepentía de los cierres de las escuelas que mantuvieron a los niños fuera de las aulas y los “daños para siempre”, Fauci respondió: “No creo que haya dañado irremediablemente a nadie para siempre”.

Su ignorancia y falta de remordimiento son asombrosas. “Los niños se quedaron muy atrás en la escuela durante el primer año de la pandemia y no se han puesto al día”, escribe David Leonhardt del New York Times. Un estudio del Centro de Investigación de Políticas Educativas de Harvard descubrió que los estudiantes que se quedaron en casa durante la mayor parte de 2020-2021 perdieron el equivalente a cerca del 50% del aprendizaje de Matemáticas de un año escolar típico.

Los estudiantes negros e hispanos, así como los estudiantes en las escuelas con altas tasas de pobreza, resultaron dañados de manera desproporcionada. Un estudio de 2021 de McKinsey & Company encontró que las escuelas con poblaciones mayoritariamente negras estaban retrasadas seis meses en Matemáticas y Lectura.

Un estudio de marzo de Brookings encontró que las brechas en las calificaciones de las pruebas entre los estudiantes en las escuelas primarias de baja y alta pobreza crecieron aproximadamente un 20% en Matemáticas y un 15% en Lectura durante el año escolar 2020-2021. Curriculum Associates encontró que las escuelas que atienden a estudiantes mayoritariamente negros y latinos reportaron “casi el doble de aprendizaje inconcluso” en Lectura y Matemáticas de tercer grado que las escuelas donde la mayoría de los estudiantes eran blancos.

Este daño es irreparable: Si los niños no aprenden a leer ni matemáticas básicas, no podrán realizar el trabajo esperado en los grados siguientes y se quedarán cada vez más atrás. Las pérdidas de aprendizaje acumuladas, señaló McKinsey, pudieran reducir los ingresos de los estudiantes a lo largo de su vida entre $49,000 y $61,000. Y un estudio realizado por profesores de Yale, Northwestern, la Universidad de Pennsylvania y la Universidad de Ámsterdam proyecta que “un año de cierre de las escuelas costará a los alumnos de noveno grado de las comunidades más pobres una reducción del 25% en su potencial de ingresos tras concluir su educación”.

Ninguna persona seria discute los daños irreparables del cierre de las escuelas; excepto Fauci. Los cierres produjeron el “mayor aumento de la desigualdad educativa en una generación”, dijo Thomas Kane, autor del estudio de Harvard, al Times. “No hemos visto este tipo de crisis de rendimiento académico que se recuerde”, afirma Michael Petrilli, presidente del Thomas B. Fordham Institute.

La American Academy of Pediatrics declaró el pasado mes de octubre el estado de emergencia nacional por la salud mental de los niños. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) informan que el número de visitas a las salas de emergencia por sospecha de intento de suicidio de las niñas de 12 a 17 años aumentó 51% de principios de 2019 al mismo período de 2021.

Fauci dijo a Fox News que él era “una de las personas que decía que teníamos que hacer todo lo posible para que los niños regresaran a la escuela”. Pero, en 2020, abogó por el cierre de las escuelas en todo el país y criticó a los gobernadores republicanos, como Ron DeSantis, de Florida, que se resistieron a ello, advirtiendo que si “no se tiene un verdadero control de un brote y se permite que los niños estén juntos, es probable que se infecten”.

Ese verano, cuando se suponía que los estudiantes volvían para el curso escolar 2020-2021, instó a que, si bien la “posición por defecto” debía ser la de abrir las escuelas, esto debía aplicarse a los estudiantes de las zonas donde la transmisión era baja, mientras que los de las zonas de mayor riesgo debían seguir en el aprendizaje híbrido o virtual.

Sin embargo, según la economista de la Universidad de Brown Emily Oster, hacía tiempo que sabíamos que las escuelas no eran superdifusoras, ni siquiera en las zonas de alto riesgo. Las advertencias de Fauci dieron una excusa a los sindicatos de maestros para resistirse a la vuelta al aprendizaje presencial y, en última instancia, mantuvieron a millones de niños fuera de las aulas.

Además, el cierre de las escuelas tuvo su origen en el fracaso del sistema de salud pública –que Fauci ayudó a liderar– para reconocer que los niños eran los menos vulnerables al COVID. Se cerraron las escuelas porque los niños suelen ser los más vulnerables a un contagio.

Pero ahora sabemos que, en general, el COVID no es más peligroso para los niños que una influenza típica. De hecho, Leonhardt afirma que “la influenza puede ser más mortal para los niños que el COVID, a pesar de que la mayoría de los niños reciben la vacuna contra la influenza”. Un estudio alemán de 2021 encontró cero muertes por COVID entre niños sanos de 5 a 17 años entre marzo de 2020 y mayo de 2021. Cero. Lejos de ser vectores de transmisión, las escuelas se encontraban entre los lugares más seguros en algunas áreas, porque la tasa de casos de COVID para los estudiantes y el personal en las escuelas era más baja que en la comunidad.

Nunca se ha ensalzado tanto a alguien que se equivocó tanto durante tanto tiempo como Anthony Fauci.

Marc Thiessen escribe una columna para The Post sobre política exterior e interior.

©The Washington Post

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