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Cómo Sofia Gomez Villafañe Se Convirtió en una Superestrella del Gravel

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Sofía Gómez Villafañe No Es una Soñadora Cassidy Araiza

Esta historia fue publicada originalmente en inglés el 31 de mayo de 2023.


Las tres mujeres en la delantera pedalean en las onduladas colinas del Monumento Nacional Fort Ord en Bahía de Monterrey, California, respondiendo a la aceleración de cada cual, desplazándose con velocidad y facilidad de movimiento, mientras salen y entran entre el relieve formado por el conjunto de matorrales y los bosques de roble. El trio se extiende y repliega, mientras descienden y sortean las curvas, los senderos con surcos secos, las piedras sueltas y la arena que amenaza con sacarlas de contención.

Los fanáticos bordean la línea de meta de la carrera Fuego 80K XC 2022 en el Clásico Sea Otter, un festival de ciclismo en Laguna Seca Raceway, donde se espera que arriben pronto las competidoras luego de dos vueltas en un circuito de cross-country tradicional. La carrera es la primera en la serie inaugural de Life Time Gran Prix, con seis circuitos todoterreno—bicicleta de montaña y gravel—donde 60 competidores profesionales se enfrentarán por un premio de $250,000.

El circuito Fuego, que llega a 5,700 pies de altura con sus subidas cortas y vigorosas, flujo tradicional y cuenta con unas pocas curvas ciegas, lomas con pasto y dunas de arena que derraman a lo largo del sendero. No es un circuito técnico—no hay caídas, saltos, ni jardines de piedras—pero es rápido. Existen solo dos secciones donde las competidoras pueden embestir: Hurl Hill, un tramo empinado de una sola vía, y Lookout Ridge, una vía menos empinada, pero con dos millas y medias de largo que pueden tomar hasta 20 minutos para completar (si usted está en condiciones óptimas para competir) antes de llegar a las últimas cinco millas, el último empujón para alcanzar la línea de meta. Las mejores mujeres ciclistas en esta competencia hacen el recorrido en 15 minutos o menos.

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Las ciclistas llegan al punto donde pasarán por última vez por Lookout Ridge, su cima resplandeciente por el sol de los primeros días del mes de abril ilumina y revela al trío que desacelera a medida que el terreno se empina de nuevo. La toma aérea desde el dron muestra a Alexis Skarda luchando para mantenerse con el grupo. A medida que el sol castiga, la cinta de tierra entre Sofía Gómez Villafañe y Moriah Wilson se alarga. Pedaleando ya a un ritmo demoledor, las piernas de Sofía no responden a sus exigencias.

Hace apenas dos semanas, Sofía había regresado de Suráfrica con la confianza al tope luego de un desempeño dominante en el Absa Cape Epic junto a su compañera Haley Batten, del equipo Specialized Factory Racing. La pareja había ganado la clasificación general en la carrera por etapas de siete días y 430 millas de bicicleta de montaña, posicionándose a 12 minutos entre ellas y el equipo que logró el segundo lugar. Y lo más notable fue la diferencia de 47 minutos con la multicampeona mundial Pauline Ferrand Prévot y su compañera Robyn de Groot, quien para ese entonces competían representando a BMC.

Pero esta vez ella está sola y termina 20 segundos después de Wilson. “Esa es la última vez que me rindo así ante un competidor”, dice Sofía, dando su declaración al estilo de una confesión dramática, frente a una videocámara ya con el cambio de ropa y llevando puesta una gorra de béisbol de Specialized. La grabación aparecería eventualmente en “Call of a Life Time”, una serie documental que sigue a un selecto grupo de ciclistas, incluyendo a Sofía, participando en el Grand Prix.

La joven, de 29 años, de doble nacionalidad—argentina y estadounidense—admite que su inseguridad es su competidora más dura. “Yo quiero competir y saber que doy el 110 por ciento y (solamente) me rindo cuando mis piernas ya no aguanten, no cuando mi mente esté dispuesta a rendirse”.

En el siguiente mes de entrenamiento en preparación para la carrera Garmin Unbound Gravel a principios de junio, Sofía recorrerá escenarios en su mente, visualizando cualquier cosa que podría suceder durante la carrera y cómo respondería ante cada desafío. Ella se imaginará a sí misma acelerando repetidamente por encima de la incomodidad para cerrar espacios imaginarios.

Empezando y terminando en Emporia, Kansas, y atravesando la desafiante zona de Flint Hills, Unbound es posiblemente la carrera más difícil de la serie Life Time. Y, con sus 200 millas, definitivamente es la más larga. Es la primera vez que Sofía correrá esa distancia. Y luego de algunos días de rutas de 100 millas que su entrenadora recomienda, ella se pregunta: “Esto es solamente la mitad de Unbound... ¿En qué me he metido?”

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Sofía con su Specialized S-Works Diverge STR frente a su casa en Tucson, Arizona, 14 de abril, 2023.Cassidy Araiza

El día de la carrera, Sofía opta por una mochila de hidratación, una bolsa de sillín, otra para el tubo superior y un juego de barras aerodinámicas en su Specialized Cruz de 52 cm. Una vez que está lista, se lanza sobre el sendero desnivelado con surcos y piedras que atraviesa la pradera de Kansas, su pequeño cuerpo flotando sobre el centro de control en posición de oración bajo un siniestro cielo gris, los hombros relajados y la espalda plana.

Decidida a sacudirse de la decepción de Sea Otter, Sofía quiere hacer una demostración de su capacidad, pero la carga es pesada. El clima no ayuda: la lluvias torrencial y, eventualmente, el lodo obligan a los ciclistas a bajarse de sus bicicletas para correr con torpeza, algunos pierden sus zapatos en el lodo. Ella se concentra en dividir la carrera en bloques de 50 millas que son más manejables. Cuando quedan 80 millas, Sofía lidera la carrera de mujeres, con una diferencia de casi 10 minutos a la ganadora del año 2021, Lauren De Crescenzo. (Moriah Wilson, quien había encabezado la serie Life Time después de su victoria en Sea Oter, murió trágicamente en mayo).

Mientras cruza la línea de meta, ella estira sus brazos por encima de su cabeza como si quisiera alcanzar algo que nadie más puede ver. Cubierta de lodo, polvo y arena, hace una reverencia y se inclina ante la multitud. La nueva reina de gravel de Emporia ha arribado.

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“Mi día a día es bastante aburrido”, dice Sofía mientras saca la rueda trasera de su S-Works Epic de la bolsa de su bicicleta, mientras que el reflejo de colores como los del arco iris que irradia el casete SRAM Eagle resplandece bajo el sol. “Cuando no monto bicicleta, me pongo a preparar comida, hago estiramiento, paseo al perro o descanso.”

Es el último día de marzo de 2023 en Tucson, Arizona, donde comparte casa con su pareja Keegan Swenson y su perro Wally, un labrador color chocolate que fue rescatado. Su hogar principal está en Heber City, Utah. Sofía compró la casa de Tucson en 2021 para tener un lugar donde entrenar durante el invierno. La casa suburbana de un piso es sencilla y cómoda. La decoración da aires de un Airbnb de precio modesto. Afuera hay un cobertizo, un jardín silvestre y floreciente que bordea la cerca de adobe y un cobertizo con un juego de sillas y una mesa. En los gabinetes de su cocina, Sofía guarda muestras de Ritual Chocolate, la compañía con sede en Utah donde trabaja como gerente administrativa.

Todavía con el desface de horario luego de haber regresado apenas un par de días de otra edición de Cape Epic, donde junto con Katherina Nash se colocó en el tercer lugar, Sofía apenas acaba de almorzar en el cobertizo tras regresar de una sesión matutina de entrenamiento en la carretera.

Siendo una de las niñas más pequeñas en un hogar de 8 personas, Sofía aprendió a cuidarse desde muy temprana edad. “Siempre fui independiente”, dice. Ella recuerda que preparaba el desayuno a sus 4 o 5 años, estirando los brazos por encima de su cabeza, alcanzando apenas el mostrador de la cocina. Cuando su mamá, Claudia, llegaba a casa después de hacer las compras de la semana, Sofía se escabullía en la cocina para ser la primera en escoger la fruta fresca, y no para disfrutarla en el momento, sino para esconderla de sus hermanos adolescentes. “Pero después se le olvidaba”, dice su hermano Julián Gómez Villafañe, con quien es cercana. “Ibas a sacar una toalla del armario y, en su lugar, encontrabas una banana o una naranja pudriéndose entre la ropa de cama y yo me preguntaba cómo llegó eso ahí”.

La familia se mudó de Buenos Aires en 1983 a Esquel, un pequeño pueblo de la Patagonia en la parte noroeste de la Provincia de Chubut en Argentina. “(Esquel) es muy bonito y muy remoto. Y bueno, allí crecimos”, dice Julián. “Matías es el mayor, luego viene Ana y luego yo. Con cinco años de por medio, viene luego Caro, inmediatamente seguida de Sofi y, como sorpresa, llegó Benjamín. Dos grupos de niños, 100 por ciento hermanos”.

El papá, Álvaro, trabajó de veterinario para el ejercito y le apasionaba la pesca con mosca. Claudia, quien provenía de una familia de marineros y marinos mercantes con vínculos fuertes en los Estados Unidos, fue la fundadora de la única escuela bilingüe de Esquel, la cual dirigió por 18 años. Para acomodar a la creciente familia, se hizo ampliaciones y cambios a la casa a medida que llegaba cada niño. Se agregó un comedor formal y un dormitorio en el segundo piso. Sofía compartía una pequeña habitación con su hermana mayor Caro. “Camas literas en los lados, asemejaban un pequeño pasillo. Y luego teníamos pequeños escritorios y nuestro armario. Las perchas para nuestros abrigos tenían nuestro nombre”, explica.

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Parque Nacional Saguaro, 14 de abril, 2023. Una cosa que le gusta a Sofía cuando pasa el invierno en Tucson es el recorrido semanal conocido en inglés como Shootout. “Es básicamente el recorrido en grupo más difícil del mundo”, afirma.Cassidy Araiza

Esquel está rodeado por los picos nevados de La Zeta, La Cruz y La Hoya, un majestuoso escenario de una niñez con veranos que transcurrieron entre lagos y ríos, acampando, pescando y cocinando al aire libre en una fogata. “Algunas veces, cuando había un día soleado, de cielos despejados después de una tormenta, mi papá nos invitaba a escaparnos de la escuela para ir a esquiar”, cuenta Sofía. “Algunas veces decía que no, porque me gustaba la escuela”.

Claudia dice que su hija siempre ha sido una planificadora, una persona pragmática. “Ella también era muy analítica”, agrega que incluso durante el recreo escolar, Sofía se quedaba parada a un costado observando a los otros niños. “Ella analizaba, ¿qué está pasando aquí?” Los profesores decían en broma que ellos sabían quién iba a ser la próxima directora de la escuela.

Pero el estilo de vida al aire libre de Esquel no compensaba las desventajas de la tambaleante economía y el sistema escolar de Argentina. En 2005, cuando Sofía tenía 11 años, la familia se mudó a Los Gatos, California. Adaptarse a la nueva vida en la bahía no fue fácil ni emocionalmente libre de complicaciones. En Esquel, ella fue a una pequeña escuela con menos de 200 estudiantes y todos se conocían. Pero su nueva escuela tenía entre tres y cuatro veces más estudiantes.

“Yo no encajaba”, dice Sofía. Ella cuenta la historia de que, en una clase de geografía lleno de estudiantes pudientes, el profesor preguntó cuántos continentes hay. Sofía levantó la mano con el mismo gesto de una buena estudiante que tenía en Esquel. Sin embargo, recibió como respuesta que estaba “equivocada”, mientras sus compañeros se reían. (Bajo el modelo impartido en Argentina, Norte y Suramérica se consideran un solo continente).

Sin inmutarse, al menos académicamente, Sofía logró ser parte de la lista de honor en el primer o segundo mes en su nueva escuela. “Ella estaba muy enfocada en descifrar cómo hacer todo mejor,” dice Álvaro. Parte de ese esfuerzo incluía tratar de adaptarse. En el tiempo en que Sofía estaba en la secundaria, ella se levantaba temprano para ponerse maquillaje y domar su cabello naturalmente ondulado con una plancha antes de ir a la escuela. Ella hacía un esfuerzo consciente en dominar el “voseo” y el tono napolitano de su acento argentino. Pero en un momento, afirma, dejó de importarle complacer a la gente. “Un día me levanté y dije: a la mierda. Esta gente no va a estar en mi vida por el resto de mi vida. Estoy perdiendo el tiempo. Podría estar durmiendo más.”

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Luego de que el programa “Call of a Life Time” salió al aire este invierno, Sofía recibió una gran cantidad de mensajes en las redes sociales de espectadores que se decepcionaron por algunos de sus comentarios en la serie documental en la que ella dijo cosas tales como: “no se me ha desafiado de la manera en que yo pensaba” y “creo que soy la clara favorita.” Algunos se fueron a los extremos al llamarla “perra.”

Es difícil imaginar a alguien que reaccione tan negativamente a esa clase de confianza en un competidor masculino. “Hay una doble moral entre lo masculino versus lo femenino entre los atletas profesionales,” dice Sofía. “Cuando un hombre habla con un gran nivel de confianza se le halaga, pero cuando una mujer dice exactamente esas mismas palabras, son tratadas de manera opuesta.”

Sofía dice que no ha visto las series en cuestión, pero no pide disculpas por su enfoque profesional. “Creo que la gente está un poquito sorprendida por el nivel de competitividad y la valentía que yo traigo y cómo veo [la carrera en gravel] más como un trabajo que como un estilo de vida. Lo abordo muy profesionalmente y estoy consciente de que me pagan para ganar carreras de ciclismo y por mi rendimiento. No se me paga por un estilo de vida como atleta o por ser una influencer,” afirma.

Entre sus hermanos más activos, su hermana mayor Caro fue la primera en mostrar su talento en el ciclismo de montaña y el ciclocrós. Para la fecha, Sofía quien tenía 15 años y había sido parte del entorno de su hermana en varias competencias, expresó su interés en intentarlo. De acuerdo con Julián, recordando un momento en su adolescencia, reflejo del trato típico entre hermanos, Caro hizo un comentario que insinuaba que Sofía “probablemente no sería muy buena” en ese deporte. Sofía se mordió la lengua y se mantuvo en silencio, pero le echó una mirada a su hermana como diciendo: Ya lo verás. Y así surgió una rivalidad informal entre las dos hermanas. “Yo ya tenía (la rivalidad) con Matías”, dice Julián, quien para la época apenas entraba a sus 20 años de edad. "Esa clase de desafío puede ser realmente motivador.”

Julián ayudó a Sofía a encontrar su primera bicicleta de montaña en eBay, una antigua Trek que compró por unos $400. En su primera carrera, la motivación de Sofía para probar que su hermana estaba equivocada era lo principal. “Yo fui muy fuerte. Gané por 4 minutos y medio, y estaba muy motivada,” afirma. Después trabajó a medio tiempo en la tienda Trail Head Cyclery en San José, donde ahorró lo suficiente para comprar una mejor bicicleta de montaña.

No pasó mucho tiempo para que Sofía se uniera a la Liga de Bicicletas de Montaña en la Escuela Secundaria NorCal, mientras continuaba en la lista de honor y participaba en el grupo de liderazgo en su escuela. De acuerdo con Claudia, a Sofía no le gustaba cómo se administraban algunas cosas en la liga. “Así que ella dio algunas ideas sobre cómo organizar mejor al equipo,” afirma. “Ella tenía algunas ideas de cómo reclutar, y la dejaron que lo hiciera.”

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Paseando a Wally (diminutivo de Wallace, dice), en su vecindario en Tucson.Cassidy Araiza for Bicycling Magazine

La rivalidad amigable entre las hermanas continuó hasta que empezaron a competir en ciclocrós. En su primer año en la universidad, Sofía y Caro viajaban para competir en carreras en Las Vegas y en Los Ángeles además de los eventos en el área de la Bahía. También representaron a Argentina en el Campeonato Mundial de Ciclocrós en Bélgica, donde Caro participó en la clase Pro y Sofía en las menores de 23 años.

Al igual que su padre, a Sofía le gustaban las montañas y el estilo de vida al aire libre. Luego de su graduación, ella se trasladó de Los Gatos a Fort Lewis College en Durango, Colorado. El lugar cumplía con los requisitos del estilo de comodidad topográfica que le gustaban. En ese sitio no solo podía cursar una profesión sensata (podría ejercer una carrera en ciencia con una especialización en administración de negocios) sino que además, con la ayuda de una pequeña beca y un trabajo a medio tiempo, ella también podría correr junto al equipo universitario de ciclismo para divertirse.

En Durango conoció a Keegan Swenson, un prometedor competidor de bicicleta de montaña del estado de Utah. “A los 17 años, Keegan tenía la disciplina de un atleta profesional,” dice Julián, quien considera como familia a Swenson. Durante esos años, ella cumplió la función de una compañera solidaria en la transición de Swenson al ciclismo profesional, una trayectoria que dice que nunca imaginó para sí misma. “Nunca ha sido mi sueño ser una ciclista de competencia,” dice.

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No fue sino hasta 2015 en el que Sofía empezó a imaginarse que habría una meta más elevada a su alcance. Durante una práctica a mitad de semana de cross, se le acercó Carmen Small, excampeona estadounidense contrareloj y miembro de dos escuadras de campeonato mundial TTT, quien en la actualidad trabaja como directeur sportif para el Equipo Jumbo-Visma del UCI Women's WorldTeam.

Small, quien había observado a Sofía ascender consistentemente en los rangos en los eventos locales en Durango, proclamó con firmeza: “Te puedo convertir en atleta olímpica en cuatro años.” En ese tiempo, Sofia buscaba ganar las competencias nacionales universitarias sin enfocarse en el ciclismo como una carrera profesional. “Definitivamente, no percibía su visión, pero en realidad yo quería ganar los campeonatos nacionales universitarios de ciclocrós,” afirma. “Dije que sí y me puse a trabajar, porque si alguien iba a donar el tiempo para ayudarme, yo no lo iba a subestimar,” indica. (Small, al ofrecer sus servicios, dijo a Sofía que con el gesto quería devolver toda la ayuda que recibió durante años).

“Cuando recién empecé a trabajar con Carmen, teníamos la gran meta de ir a las Olimpiadas, pero su actitud fue de tenemos que fortalecerte y asegurarnos de no ponerte demasiada presión, porque eso te permitirá tener una carrera larga y exitosa.” Small cumplió con su promesa y Sofía fue a competir en las Olimpiadas del año 2021 en Tokio como la primera mujer desde 2004 en representar a Argentina en bicicleta de montaña XC. Terminó en el puesto 23 en la carrera XCO donde Jolanda Neff, de Suiza, ganó el oro. (Y, por supuesto, ella ganó el campeonato nacional universitario en 2015).

Ese fue también el año en el que Sofía intentó la carrera en gravel por primera vez, cuando se lanzó a participar en algunas competencias para experimentar de primera mano todo el revuelo que había generado la emergente disciplina del ciclismo todoterreno. Su bicicleta de montaña y experiencia en cross le sirvieron muy bien. En su primer intento ganó el Crusher in the Tusher en Utah y el Belgian Waffle Ride en Asheville, Carolina del Norte. Y luego de su decisivo triunfo en 2022 en el Unbound 200, terminó en segundo lugar después de Haley Smith en la clasificación general de las series Life Time.

“Carmen es la razón por la que soy una ciclista profesional. Ella invirtió mucho tiempo y recursos en mí, sin ningún tipo de condiciones,” dice Sofía. Y esa inversión ha dado sus dividendos. “Algunas veces me olvido lo buena que soy. Estoy finalmente en el momento [profesional] que cuando la gente ve mi nombre en la lista de ciclistas que comenzarán la carrera, se sorprenden y dice ‘oh, mierda.’”

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Quizá no es sorprendente que la autosuficiente jovencita que escondía bocadillos y cuyos motivos para competir surgieron de la rivalidad con su hermana se exprese ahora de manera directa y abierta sobre el significado de su éxito.

“No soy una soñadora. Los sueños son imaginarios. Yo no tengo sueños” dice Sofía, “tengo metas… y una meta es alcanzable.” Y sus sueños en su carrera de ciclismo van más allá del triunfo. “Definitivamente quiero crear el cambio y ganar en el pelotón de las mujeres,” afirma. “No quiero ser solo alguien definida por los resultados, sino alguien que hizo algo importante y que ayudó a alguien en el camino,” indica. Cuando deje de competir, Sofía afirma que le gustaría trabajar con un equipo de desarrollo femenino en Argentina.

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Las rutas no pavimentadas en el Parque Nacional Saguaro son ideales para el entrenamiento en gravel.Cassidy Araiza for Bicycling Magazine

Al igual que sus metas, las normas que se traza y sigue Sofía pueden llegar a las nubes. No solo como ciclista, sino también como una defensora y promotora de cambios. Quiere ser un modelo a seguir para los hijos de Julián, de 15, 12 y 10 años. La hija mayor de Julián, Francisca, ya participa en Asociación Nacional de Ciclismo Interescolástico, NICA (por sus siglas en inglés) e incluso participó en el Clásico JV Sea Otter en abril, donde logró el segundo lugar. Sofía sabe que en un mundo donde los atletas son juzgados no solo por su talento sino por su conducta, ellos tienen el poder, o al menos los medios, para influir y lograr el cambio.

Pero aun es una estudiante—y una persona pragmática—de corazón, y siempre quiere saber cómo se mide ante un reto nuevo, y lo que ella necesita hacer para alcanzarlo. Además de Carmen Small, ella recibe los servicios de Alan Murchison, un nutricionista deportivo y chef ganador de una estrella de Michelin. Por cada entrenamiento en su horario de Training Peaks, Murchison le prepara una receta detallada de comida para complementar su entrenamiento. Una generosa cantidad de cúrcuma para su recuperación. Leche de coco para los triglicéridos de cadena media y ácidos grasos antes de un gran día. Grandes cantidades de canela para ayudar a que la glucosa pase del torrente sanguíneo a las células. Son los esfuerzos pequeños en su vida cotidiana que luego convierte en ganancias.

En cuanto al año 2023, ella tiene grandes aspiraciones. Competirá por segunda vez en las series Life Time. En abril logró superar el segundo lugar del año pasado en el Sea Otter con una victoria importante en Fuego XL. Y es la favorita para ganar Unbound el 3 de junio.

Lo más importante para ella es, sin embargo, ganar las franjas arcoiris en el Campeonato Mundial UCI en Gravel en Italia en octubre. Allí espera destronar a Pauline Ferrand-Prévot. “Prefiero ganar las franjas arcoíris que los $25,000 del Life Time, ¿lo sabes?,” dice. “Tener esa camiseta significa literalmente que eres la mejor del mundo.”

De regreso a Tucson, afuera de la casa que comparte con Keegan y Wally, con el majestuoso jardín, la reja de adobe, el cobertizo y su reserva oculta de chocolate, Sofía coloca la rueda trasera de su bicicleta contra la mesa para reinstalar los rotores del disco. Un colibrí revolotea entrando y saliendo del exuberante verdor, mientras que el perro encuentra un área soleada donde reposar. Sofía fija su atención a la rueda delantera, instala el rotor, luego monta el cuadro de la bicicleta sobre el soporte mecánico. Desliza e introduce los ejes pasantes, los ajusta y le da un pequeño giro a cada rueda para revisar el roce. Su mano derecha se posa ahora en la palanca de cambios, y empuja el pedal con su mano izquierda, con el oído atento para escuchar los clics y ver que el desviador empuja a la cadena desde el piñón inferior hacia arriba. Con un apretón a la palanca de freno, silencia el suave zumbido que emiten los bujes o eje central, desmonta la bicicleta del soporte y la lleva rodando hasta el interior del cobertizo.

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