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Las barras en la Liga MX, el mal que genera violencia y nadie les pone un alto

Liga MX y sus barras, un mal lejos de acabar. (Captura X/@Lared1061)
Liga MX y sus barras, un mal lejos de acabar. (Captura X/@Lared1061)

La violencia nativa de la Liga MX volvió a ser tema de conversación debido a la pelea que barristas de Rayados Monterrey tuvieron con los de Comunicaciones de Guatemala. La confrontación se dio horas antes del partido entre ambos equipos por la Primera Ronda de la Concachampions (el encuentro lo ganó Rayados con marcador de 4-1).

Pero no fue el apartado futbolístico el que acaparó las miradas sino, una vez más, la violencia provocada por una barra, la del Monterrey, que viajó hasta la capital guatemalteca, en teoría, a apoyar a su equipo. En los hechos, tuvieron una riña con barristas del Comunicaciones, que se evidenció a través de redes sociales. La bronca retrató de nuevo la índole violenta de estos grupos de animación y también la ineficacia del futbol mexicano, a nivel general, para controlarles.

El ataque de barristas del Querétaro a aficionados del Atlas en marzo de 2022 debía ser un punto de quiebre para tratar la violencia en los estadios mexicanos. Entonces, la Liga MX anunció que las barras tendrían prohibido el acceso a estadios visitantes, para evitar futuras confrontaciones. Esa medida ni siquiera se ha cumplido a cabalidad en el futbol mexicano mismo, como evidenciaron enfrentamientos entre barristas de León y Toluca, cuando tuvieron una pelea en Metepec, el año pasado.

Y las barras gozan de la misma salud de siempre en sus estadios. No hay ninguna voluntad por ponerles límites ni mucho menos por erradicarlas. Los clubes las arropan como si fueran un departamento propio de la institución, a pesar de que pongan en riesgo la integridad de otros asistentes. En especial se dan a notar en juegos que son en otros países, como el que tuvo Rayados en Guatemala, pues viajan a acompañar al equipo y hacerles aguante.

Mientras existan las borras, la erradicación de la violencia seguirá siendo una utopía. Hay casos como el de Arturo Elías Ayub, cuando estuvo en Pumas, que ejemplifican la estrategia que rige al futbol mexicano: es mejor pactar con las barras, como él mismo lo reconoció en entrevista con David Faitelson —y ha convivido con esa barra públicamente en diversas ocasiones—. Y aunque se les contenga, o en el papel se les quite el acceso a ser visitantes, su estela de violencia permanece intacta. Luego, cuando se presenta un nuevo capítulo, todos se sorprenden e indignan con lo sucedido, como si no se conociera a los responsables y los clubes no los tuvieran totalmente identificados.

Pareciera que los clubes prefieren jugar apoyados por grupos violentos que jugar sin apoyo. Eso, apoyo, es lo que obtienen. Y por eso tan de buena gana aceptan el respaldo aunque esté teñido de violencia. A nivel federativo, también hay mano blanda para tolerar los incidentes. El mes pasado, una aficionada de Monterrey fue atropellada y murió a la salida del Estadio Corona de Torreón. Se detuvo hasta a siete personas, pero no hubo consecuencias para Santos Laguna ni para su estadio, aunque los mecanismos de seguridad hayan sido evidentemente fallidos. A Querétaro le suspendieron el estadio un año, aunque no hubo muertos. En el Corona hubo una persona muerta. No sancionaron.

La Liga MX puede poner muchos frenos en documentos y dar la impresión de que trabaja para resolver los problemas, pero cuando la granada les estalla en la mano, no hay reglamento que les salve. Todo queda a la vista pública y ya no sólo en México, sino también a nivel internacional. La violencia de las barras mexicana, que tanto se ha atribuido a la influencia argentina, ya es marca de la casa y hasta se exporta con sello nacional.

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