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Jair Pereira, el jugador que fue a la cárcel por revender boletos: no tenía dinero

Jair Pereira en un partido amistoso entre Chivas y Boca Juniors en febrero de 2017. (HECTOR GUERRERO/AFP via Getty Images)
Jair Pereira en un partido amistoso entre Chivas y Boca Juniors en febrero de 2017. (HECTOR GUERRERO/AFP via Getty Images)

Jair Pereira conoció la mejor cara del futbol después de muchos años. Fue campeón y capitán en Chivas en la última era dorada del club tapatío. A las órdenes de Matías Almeyda, Pereira fue un líder total para el Rebaño Sagrado en la defensa y supo ganarse a la afición gracias a su solidez defensiva y la entrega que lo caracterizó en sus cinco años como rojiblanco. Pero antes de vivir esos años dorados, tuvo que ver a los ojos a la peor cara del futbol. Y con anécdotas que resultan increíbles.

Aunque nació en Cuautla, Morelos, desde muy chico Jair y su familia se trasladaron a Irapuato, Guanajuato. Ahí le nació la pasión por el futbol y entendió que debía viajar a la Ciudad de México para pelear por su sueño. Lo intentó en el Cruz Azul, pero en su primera etapa fue cortado de club y debió buscar una segunda oportunidad en el Atlante. Ahí fue más complicado porque no tenía el apoyo de casa club, así que en su vida personal debía valerse por cuenta —pagar vivienda y alimentos—.

En entrevista con el exportero Yosgart Gutiérrez para su podcast El RePortero, Pereira recordó esos días en Atlante. Debía trabajar limpiando alfombras en las madrugadas, pues era el único horario en el que le daban oportunidad de trabajar (entrenaba en el día y muchas veces iba sin dormir). Sabiendo esa situación, los jugadores del primer equipo del Atlante le regalaban boletos a los jugadores jóvenes para que los revendieran, para apoyarlos de alguna manera.

"Yo los dejaba en 150, a mitad de precio. ¡Era una ganga! Un revendedor nos puso el dedo. Ya había vendido cinco, traía mis 750 pesos. Éramos como tres vatos que la neta no teníamos lana, y nos repartíamos los boletos", recordó el exdefensor. Primero jugó su partido de reserva, se metió al vestidor, se bañó y salió afuera del Estadio Azteca a hacer su venta. Pero no contaba con que le delatarían y un policía lo terminaría por detener.

"Era pagar una multa como de 3 mil 800 pesos o 36 horas (de cárcel). Me quitaron la lana, los 750. Pasé 36 horas. No te dan de comer. Fue lo más gacho, porque llegaban vatos drogados, que habían golpeado, cholos, de todo. Hacía un friazo en la noche y no podías salir al baño: la gente hacía pipi ahí. Fueron 36 horas que pasaron como si fueran dos semanas. Lo hice por necesidad. Fue una historia que nunca se me va a olvidar", rememoró.

Pereira salió de su detención, era menor de edad y no tenía identificación. Cuando quedó libre, no tenía dinero ni para volver adonde estaba viviendo. Tuvo que pedir dinero en la calle para completar los 10 pesos que necesitaba para su camión. El futbol empezó a sonreírle después cuando Cruz Azul volvió a darle una oportunidad gracias a Robert Dante Siboldi, que lo rescató y confió en él. Luego con Enrique Meza se consolidó en el primer equipo.

Pereira puede decir que tuvo una carrera exitosa y en la que logró superar los días más oscuros, que llegaron a ser más difíciles de lo que convencionalmente podría pensarse: fue a parar hasta la cárcel. Pero entre tantas dificultades, Pereira mostró que tenía madera para llegar a Primera División y fue así que lo consiguió. Hoy en día tiene participación en la Peoples League y tiene pensado seguir ligado al mundo del futbol, según contó en la misma entrevista.

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