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Arranca el Seis Naciones: la mística de siempre y un argentino por primera vez en la historia como DT

Jack Conan, el N° 8 de Irlanda, pasa la pelota en una práctica en el Stade Velodrome de Marsella
Jack Conan, el N° 8 de Irlanda, pasa la pelota en una práctica en el Stade Velodrome de Marsella - Créditos: @NICOLAS TUCAT

Esta edición que comienza este viernes del Seis Naciones, el torneo de selecciones de rugby más antiguo del mundo –la primera fue en 1883-, tiene varias ramas de las que agarrarse. Es el Seis Naciones de la era Netflix, del post Mundial, el de la ausencia de figuras consagradas, el del año de los Juegos Olímpicos en uno de sus estadios emblemáticos (el Stade de France de París) y, en el caso que nos toca de cerca, del primero en la historia en la que un argentino estará al frente de un equipo (Gonzalo Quesada, en Italia).

La serie de Netflix “Full contact”, estrenada hace unos días, significó para el Seis Naciones, pero sobre todo para el rugby, un espaldarazo de los fuertes. Llevarlo al gran público y mostrarlo sin la etiqueta elitista con el que se lo suele vincular marcará, sin dudas, el comienzo del ingreso del rugby a las ligas poderosas de la difusión. Se trata de un envión que ya traía del Mundial de Francia que culminó en noviembre último y que rompió todos los récords de audiencias de las anteriores ediciones. Hubo un 30% de visualizaciones más que en Inglaterra 2015 y un 19% más que en Japón 2019. Y otro dato interesante: el partido inaugural entre Francia y los All Blacks tuvo 15,4 millones de telespectadores contra los 12,5 del debut de Francia en el Mundial de fútbol de Qatar 2022. El de rugby 2023 fue emitido enteramente –a través de dos canales- por la TV abierta francesa.

Este Seis Naciones no tendrá a dos jugadores históricos -en sus países y en los Lions- que anunciaron su retiro: el irlandés Jonny Sexton y el escocés Stuart Hogg, que incluso ya estuvo ausente en la Copa del Mundo. Tampoco estarán dos capitanes. El inglés Owen Farrell se tomó un año sabático en la selección, mientras que el francés Antonie Dupont se alejará este año del XV para dedicarse al Seven y, de paso, ser la gran atracción de los Juegos Olímpicos de París.

El caso de Farrell encierra otro gran tema del rugby profesional. El back tomó esta decisión afectado por la presión que sufren los jugadores y, sobre todo, por el ataque que les llega desde las redes sociales. Si bien todo indica que Farrell firmará con el Racing de París y eso lo alejaría de la Rosa por los reglamentos de elegibilidad de la Unión inglesa (RFU), la razón de su ausencia tiene que ver con algo que ya vienen denunciando jugadores, entrenadores y árbitros. World Rugby anunció ayer que avanza con un protocolo para frenar las agresiones en las redes.

Tampoco debe eludirse las exigencias a las que los calendarios someten a los jugadores. Los que juegan en Europa casi no tuvieron descanso. En el caso de los internacionales del 6N, tienen dos competencias de peso –Mundial y 6 Naciones- prácticamente una encima de la otra, más allá de que los europeos –salvo Inglaterra- hayan quedado eliminados en Francia en cuartos de final o antes.

La historia de este torneo la iniciaron Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda, con el Cuatro Naciones. En 1910 pasó a ser el 5N con la incorporación de Francia, pero fue expulsada, ¡acusada de profesionalismo! en 1931. En 1947, luego del paréntesis por la Segunda Guerra Mundial, volvió Francia y otra vez fueron 5 hasta que en 2000 se agregó a Italia. Esta Italia que ahora estará bajo el mando de Quesada, otro lujo del rugby argentino.

Al margen de Netflix, de los distintos contextos y del juego que en estos últimos años no ha sido el mejor, existe algo que este torneo no perdió nunca: su mística. La tradición del rugby está guardada en el Seis Naciones. Ya no está el tren que pasaba por debajo de una de las tribunas del Lansdowne Road de Dublin ni la magia del Arms Park de Cardiff donde brillaron los Beatles del rugby en los 70; tampoco están los viejos Twickenham y Murrayfield. Pero en cada uno de estos nuevos escenarios, más allá del marketing y de los fuegos de artificio al estilo yanqui, el Seis Naciones tiene un encanto único. Este viernes, con Francia-Italia, esta historia seguirá viva.