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El ambiente aún se viste tricolor

Sebastián García, enviado

ARLINGTON, EU., marzo 25 (EL UNIVERSAL).- Hablar de la Selección Mexicana de este lado de la frontera, es hacerlo también de ilusión, esperanza y recuerdos de toda una nación.

Fuera del estadio AT&T, cada rincón cobra vida con la fanaticada mexicana que sueña con terminar la paternidad de los anfitriones.

Hasta antes de la final de la Nations League disputada anoche, eran casi cinco años de dominio, pero el pueblo tricolor se sabe superior, aunque sea por una historia que cada vez se torna más borrosa al intentar rememorarla.

"Somos El Gigante de la Concacaf, hoy [ayer] ganamos 2-1, con goles de Santiago Giménez", exclama un aficionado con cerveza en mano, mientras suena en una camioneta la inmortal "Lamberto Quintero" de Antonio Aguilar.

Hay quienes no tienen idea de futbol, pero están ahí por sentirse cerca de su país y vivir la fiesta que los paisanos arman en cada recinto donde se presenta la Selección Mexicana, ambiente que se remasteriza cuando está enfrente ese adversario ante el que siempre será mucho más especial jugar.

"Soy de Tepito, pero tengo 21 años viviendo acá. No tengo idea de futbol, pero vengo a echar desma... Mi esposo es de Celaya, Guanajuato, y él sí sabe", dijo la fanática a EL UNIVERSAL Deportes.

Botargas de Peso Pluma y el Escorpión Dorado, dos de los mexicanos más reconocidos en el mundo actualmente; cánticos, corridos, carne asada, niños jugando futbol, banderas tricolores por todas partes... El lujoso recinto de los Cowboys de Dallas es una sucursal del Estadio Azteca.

Da lo mismo la reciente hegemonía estadounidense, porque el ambiente en este clásico siempre se vive bajo el verde, el blanco y el rojo.

No importa quiénes conformen el 11 de la Selección Nacional, la noble afición de México en Estados Unidos responderá siempre, más allá de cómo vengan o quién juegue. Ese es el negocio, ese es el amor que genera el entrañable Equipo de Todos.

Dato

80 mil lugares es la capacidad que tiene el estadio AT&T.