Un 'campamento para hombres' donde hablar de traumas, sentimientos y llorar

M. J. Arias

Adam Jackson, Aubert Bastiat y Jason MacKenzie son los fundadores de Sacred Sons, una comunidad organizadora de un campamento solo para hombres que se describe en su quiénes somos como “hermanos, padres, maridos, tíos” y en cuya web se pueden encontrar lemas como “la edad del lobo solitario ha terminado”. Antes de que se fuese declarada la pandemia, a comienzos de marzo, Adam Gabbatt, un colaborador de The Guardian en Estados Unidos, se apuntó a uno de esos fines de semana para conectar con sus sentimientos y recientemente ha contado su experiencia en el diario británico.

Cuenta Gabbatt en el vídeo de más de diez minutos en el que ha recogido su participación en un campamento de Sacred Sons que, como británico que llevaba 34 años reprimiendo sus emociones, no estaba muy convencido de qué era el significado de todo eso sobre expresar sentimientos y mostrar afecto que se vende en la web de Sacred Sons. Aún así, prometía haber llegado allí, a una localización en el desierto a las afueras de San Diego, con la mente abierta.

En su relato de ese fin de semana de tres días de autoexploración y confraternización por el que se pagan 999 dólares (841 euros), cuenta que una de las primeras cosas que hicieron fue agruparles de manera que quedaban cara a cara con otro hombre y tenían que mirarse fijamente a los ojos. Entre las actividades que realizaron estaba también la lucha cuerpo a cuerpo bajo una cúpula, gritar, hablar de sus traumas abiertamente en grupo, mostrar afecto…

En algunas de esas actividades reconoce Gabbatt que se sintió algo incómodo y en el caso de la lucha, por ejemplo, explica que llegó a la conclusión de que “está bien ser agresivo” si se expresa de “una manera saludable”. Sin embargo, y pese a sus reticencias, al final del reportaje, como se ven en el vídeo publicado por The Guardian, parece que lo que ofrecían en el campamento llegó a convencerle.

“Tenía muchas reservas, ansiedad”, confiesa hacia el final de su relato. “Y, pese a eso”, añade, “me ha conmovido”. Es algo que se ve en las imágenes. Después de todo Gabbatt logró abrirse a sus compañeros de campamento y se le ve emocionado en más de un momento. Como cuando habla de la pérdida de su madre y de cómo lo afrontaron casi en silencio tanto su padre como él.

En su reportaje, el colaborador de The Guardian comenta que este tipo de ‘campamentos de hombres’ han ido surgiendo y extendiéndose en los últimos años a raíz, en parte, de cómo el movimiento #MeToo ha puesto de manifiesto la necesidad de revisar la masculinidad tóxica presente en la sociedad.

El objetivo de este en concreto, de Sacred Sons, es, dicen en su web, “ayudar a los hombres a sanar y a despertar a su verdadero poder a través de círculos, talleres, retiros y cursos en línea”. Una forma de paliar esa carencia que tiene la sociedad porque “nunca nos enseñaron la masculinidad saludable”. Sus métodos, que como se ve en el reportaje de Gabbatt, tiene mucho que ver con actividades tanto físicas como mentales. Sus responsables las publicitan como que se basan “en la sabiduría antigua y las tecnologías modernas del desarrollo humano” buscando “profundizar en la auténtica hermandad y catalizar el crecimiento de los hombres”.

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