Anton Bruckner, el compositor necrofílico

Josef Anton Bruckner fue uno de los grandes compositores alemanes de música clásica del siglo XIX. Nació en Ansfelden, el 4 de septiembre de 1824, y años más tarde influiría en gran medida en el desarrollo de la música en la Edad Moderna. Empero, sus manías entre ellas la necrofilia, resaltaron tanto como sus piezas musicales.

Bruckner fue autodidacta y su primera obra fue una misa de réquiem es del año 1849. Después, entre 1868 y 1892 fue organista de la corte y profesor del conservatorio de Viena. Sus obras contemplan: ocho sinfonías, obras sacras, orquestales, corales, para órgano y para piano.

Fue hasta los 40 años cuando escuchó por primera vez a Wagner de quien fue un ferviente admirador. Poco después, Bruckner, estudió las partituras de Tannhäuser y El holandés errante, de las cuales quedó muy impresionado.

Mientras su aprendizaje crecía y con ello sus composiciones musicales, desarrolló una personalidad con unos rasgos maníacocompulsivos. Con los años comenzó a tener inseguridades, miedo a la vida y obsesiones.

Entre ellas figuraban la aritmomanía compulsiva, es un tipo TOC que está relacionado con contar constantemente o asociarlo todo a los números mediante cálculos matemáticos. Así como la ngustia y dolor por abandonar un lugar.

BRUCKNER BESÓ LOS CRÁNEOS DE BEETHOVEN Y SCHUBERT

También padeció obstinación por revisar partituras e incluso volverlas a crear, por lo que ahora se pueden escuchar varias versiones de una misma pieza.

Bruckner tenía obsesión por los campanarios a los que subía para comprobar si había una cruz. Entre estas manías estaba la fascinación por tumbas, cementerios y mazmorras. Así como el comportamiento necrofílico. Este se vio reflejado al tocar y besar los cráneos de Beethoven y Schubert cuando sus cadáveres fueron exhumados. Hizo lo mismo con el del Emperador Maximiliano, tras ser asesinado en México y repatriado a Viena.

El compositor también acudía a funerales donde no conocía a nadie solo para ver los cadáveres. Se le relacionó también con el nazismo. Incluso, para el líder de Reich, Adolf Hitler, la música de Bruckner tenía el poder de limpiar y reconstruir a la debilitada raza germánica.

Anton Bruckner falleció en Viena el 11 de octubre de 1896 a causa de una crisis de hidropesía. El suceso tuvo lugar mientras componía su novena sinfonía en re menor. Sus restos fueron enterrados en la Abadía de Sankt Florian, según piió el propio compositor. Él y su obra fueron de gran influencia para compositores de música clásica como Mahler y el finlandés Sibelius. N

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