Los Windsor reviven los tormentosos años de Lady Di

Rafa de Miguel
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Lady Di, princesa de Gales, con sus hijos William y Harry (Shutterstock)
Lady Di, princesa de Gales, con sus hijos William y Harry (Shutterstock)

LONDRES.– El nivel de hostilidad interna se ha disparado en la guerra desatada durante los días y horas previos a la emisión de la entrevista de los duques de Sussex, el príncipe Harry y Meghan Markle, con Oprah Winfrey. De los recados por fuente interpuesta se ha pasado a los golpes directos. Nunca es buen momento para airear trapos sucios cuando de la realeza se trata, menos con la reina recluida en el castillo de Windsor desde hace casi un año, y el príncipe consorte, Felipe de Edimburgo (99 años), hospitalizado después de ser sometido a una delicada intervención coronaria

El Palacio de Buckingham anticipaba una ofensiva en toda regla, y alguien decidió que la mejor defensa era un buen ataque. La filtración se atribuyó a parte del personal que trabajó a las órdenes de Markle durante su tiempo en Londres, o incluso al entorno del duque de Cambridge, el príncipe Guillermo, cada vez más distanciado y dolido con su hermano Harry. El diario The Times revelaba esta vez con nombres y apellidos, que uno de sus asistentes más cercanos llegó a presentar una queja formal por el acoso laboral al que la exactriz estadounidense sometía al personal que trabajaba a su servicio. “La duquesa parece decidida a tener siempre alguien contra quien actuar. Ahora mismo está acosando a Y [el diario no ha querido revelar el nombre de la mujer] y persigue minar su confianza. Varias personas nos han informado de que habían sido testigos de su comportamiento inaceptable con Y”, escribió en octubre de 2018 Jason Knauf, entonces director de comunicación de los duques de Sussex, a Simon Case, el secretario privado del príncipe Guillermo.

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Case ocupa ahora el puesto de secretario del gabinete de Boris Johnson y jefe de los altos funcionarios del Reino Unido. Es el hombre que más poder acumula sin ser un político electo. “Me pregunto si la política de la casa en lo que se refiere al acoso laboral se aplica también a los jefes”, concluía Knauf.

La prensa ya había aireado durante ese tiempo que al menos dos personas se habían marchado, incapaces de soportar el carácter y las maneras de Markle. Y que una tercera –la Y de esta historia– estaba a punto de hacerlo. Pero los rumores no pasaban de eso, y los aliados de la duquesa de Sussex se encargaban de justificar los incidentes por el “estilo franco y directo” que tienen los estadounidenses para dar órdenes, poco habituales entre la sutileza, doble lenguaje y sobrentendidos de la corte británica.

Esta vez, sin embargo, el golpe contra Markle había sido por partida triple. Por el motivo: contar la otra parte de la historia antes de que ella ocupara el escenario con su entrevista. Por los detalles: nombres concretos y correos electrónicos aireados. Y por la reacción oficial de la Casa Real, que elegía no mirar para otro lado e iniciar una investigación.

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Las espadas estaban en alto. El progresivo deterioro del último año, desde que los duques de Sussex decidieron abandonar sus tareas oficiales en enero de 2020 y mudarse a Estados Unidos, amenaza con resucitar el tiempo tumultuoso en que la Casa de Windsor entró en guerra con Lady Di, la madre de Harry. De hecho, la pareja ha copiado fechas y palabras textuales de la “princesa del pueblo” para mimetizar sus desventuras con las de ella.

La tormenta provocada por la entrevista, en cualquier caso, ya tenía vida propia. A pesar de que se hubiera grabado diez días antes, la productora de Oprah Winfrey anticipaba fragmentos de la charla que parecían una respuesta directa a la provocación. “No sé cómo pueden pretender, después de todo este tiempo, que sigamos callados, mientras La Empresa sigue perpetuando de modo activo falsedades sobre nosotros”, dice Markle. La Empresa (The Firm, en inglés) es el término con que los tabloides británicos se refieren a la casa real, pero nunca utilizado en público por alguno de sus miembros. “Lo único que deseo es que la historia no se vuelva a repetir”, dice Harry a Winfrey, en clara referencia a los últimos y turbulentos años de su madre.

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“La reina y la familia real no son la familia Corleone de Windsor. No envían sicarios para callar a la gente. Mientras ejerció sus tareas oficiales, Meghan siempre estuvo protegida por un equipo de agentes de Scotland Yard”, ha dicho Robert Jobson, el experto en asuntos de la realeza del Evening Standard. “Eso de que los silenciaron es ridículo. Imagino que encaja con el relato que quieren presentar, pero a un alto coste para la reina, el príncipe Felipe, la familia real y la reputación de este país”.

No parece que la reputación de Gran Bretaña, mucho menos la de Isabel II, esté en riesgo por todo este episodio. Pero el papel “dignificante” que el legendario director del semanario The Economist, Walter Bagehot, atribuyó a la Corona en su clásico La Constitución inglesa (el manual de cabecera de la reina y de su padre, Jorge VI) cada vez resulta más difícil de sostener por una familia condenada a repetir cada cierto tiempo un duelo de puñaladas entre sus miembros. © El País, SL