WIDER IMAGE-Un año documentando la migración en el Río Grande

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WIDER IMAGE-Un año documentando la migración en el Río Grande

Un grupo de migrantes pasa por tierras de labranza aradas después de cruzar a Estados Unidos desde México, cerca de Penitas

12 mar (Reuters) - Un corto tramo del sinuoso Río Grande -que marca la frontera entre Estados Unidos y México- ha sido durante mucho tiempo un punto de convergencia para los inmigrantes que avanzan rumbo al norte buscando una vida mejor.

En la primera mitad de 2019, se convirtió en escenario de caos y miseria debido a que llegó una cantidad sin precedentes de solicitantes de asilo, en su mayoría centroamericanos.

Familias que huían de la pobreza y la violencia de las pandillas buscaron cruzar en una cantidad récord, abrumando a los agentes de la patrulla fronteriza en Estados Unidos.

A medida que el verano daba paso al otoño, las cifras cayeron dramáticamente. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien hizo campaña con una plataforma contra la inmigración, aprobó una serie de medidas para frenar los ingresos y presionó a México para que aumentara la seguridad en su frontera.

Como resultado de las nuevas políticas, decenas de miles de inmigrantes cruzaron la frontera de regreso para esperar en México la resolución de sus casos y el gobierno de Estados Unidos adquirió más herramientas para negar las solicitudes de asilo inmediatamente.

La patrulla fronteriza de Estados Unidos dijo que las detenciones totales en la frontera suroeste alcanzaron un máximo de casi 133.000 en mayo de 2019. Para noviembre, la cifra había disminuido a unas 34.000.

El fotógrafo de Reuters Adrees Latif pasó gran parte del último año en el Valle del Río Grande, documentando escenas extraordinarias.

Comenzó a principios de 2019, en un camino de tierra que cruza una granja de algodón en Texas que es un conocido sendero de migrantes. El camino lleva desde el Río Grande hasta el muro fronterizo, a una milla de distancia.

En invierno, el camino es frío y barroso. Las familias hacen fila para ser procesadas, entre ellas está Gabriella, una madre hondureña de 16 años que llegó con su bebé y su hermano menor.

A fines de marzo, la tierra es más verde y los árboles proporcionan más cobertura. Una balsa cruza el Río Grande, observada por la patrulla fronteriza en la costa estadounidense. Los migrantes trepan por una cuesta empinada y un agente los recibe en la parte superior para detenerlos.

Los grupos familiares son cada vez más comunes. Eduardo lleva a su sobrino de 5 años sobre sus hombros. Una niña, que camina con su familia, parece ansiosa. Ha sido un largo viaje desde Guatemala y el muro fronterizo ahora se vislumbra en el horizonte.

El viaje, sin embargo, no ha terminado. Los tiempos de espera para el procesamiento han aumentado debido al mayor número de inmigrantes y pueden pasar meses antes de que se resuelva su situación.

Los niños, muchos aún en pañales, son vulnerables. Los contrabandistas viajan de un lado a otro del Río Grande llevando su carga humana y, a veces, toman a un menor y amenazan con arrojarlo al agua si la patrulla fronteriza se acerca demasiado, dicen los agentes.

Muchos contrabandistas están vinculados a cárteles del narcotráfico. En abril, agentes fronterizos se enteraron de un grupo que creen que trafica marihuana. Los persiguen en la oscuridad y atrapan a unos 30 hombres en una orilla del río salpicada de cactus.

En mayo, cuando la ola migratoria alcanza su punto máximo, grandes grupos de personas permanecen sentados en el campo durante días, esperando ser procesados. Incluso con los mosquitos y el calor, eso es mejor que los hacinados centros de detención, dicen los agentes. Juan de Guatemala, de ocho años, está de pie en la oscuridad frente una mesa para procesar a menores que viajan solos.

A medida que la mayor seguridad en México dificulta el cruce, la cantidad de migrantes disminuye visiblemente. Para septiembre, pasan largos períodos en los que se ve a pocos solicitantes de asilo, aunque hay ocasiones en las que llegan grupos de cientos cuando se abre una brecha.

Ahora, una vez más, los agentes descubren que están tratando más con los inmigrantes tradicionales conocidos como "corredores": en su mayoría hombres jóvenes que buscan ingresar ilegalmente a Estados Unidos para trabajar.

El otro hallazgo habitual son las drogas. Durante el invierno boreal en noviembre, es posible hallar paquetes atados con cuerdas, abandonados en el bosque después de que los contrabandistas escucharon acercarse los vehículos de seguridad, un indicio de cómo algunas cosas siguen sin cambios a lo largo del Río Grande.

Para un ensayo fotográfico haga clic en https://reut.rs/2TVgNGp


(Escrito por Rosalba O'Brien; Editado en Español por Ricardo Figueroa)