Vox es el partido consentido de la política española

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Olona (c), lleva semanas destapando los problemas internos de Vox por el proceder de su actual dirección. (Photo By Gustavo Valiente/Europa Press via Getty Images)
Olona (c), lleva semanas destapando los problemas internos de Vox por el proceder de su actual dirección. (Photo By Gustavo Valiente/Europa Press via Getty Images)

La extrema derecha española goza de un trato diferente en la prensa, especialmente ente la más conservadora donde directamente ya cuenta con privilegios que se le han negado a otras formaciones. Entre cortinas de humo y bravuconadas virales, Vox lleva semanas en un segundo plano cuando, precisamente, está atravesando un terreno plagado de minas. El mismo por el que, en algún momento, han pasado PP, Podemos o Cs. Con la diferencia de que ellos tuvieron que soportar el escrutinio diario de la prensa, con el consabido desgaste interno y externo, mientras que Santiago Abascal permanece protegido por buena parte de las cabeceras, webs y radios de la derecha. Un repaso rápido devuelve a la memoria situaciones no tan lejanas como:

Cuando Podemos llegó al Congreso de los Diputados en 2015 hubo muchas señorías de partidos tradicionales que pusieron el grito en el cielo por su vestimenta -la corbata perdió presencia en los escaños de la Cámara Baja-, por sus peinados -aparte de referirse peyorativamente a Pablo Iglesias como 'el coletas', la entonces diputada del PP Celia Villalobos cargó contra Alberto Rodríguez por su peinado espetando este desafortunado comentario "A mí me da igual que lleven rastas. Pero que las lleven limpias para no pegarme los piojos"-. Tampoco hay que olvidar el revuelo que se armó cuando el entonces líder de Podemos aconsejó a Pedro Sánchez que desconfiara "de los consejos de aquellos que tienen manchado su pasado de cal viva". Rápidamente se acusó a Podemos de "romper las reglas del juego" con semejante "barbaridad" y se insinuó que no debían tener cabida en el Parlamento español.

Ahora bien, el vicepresidente de Vox en Castilla y León, Juan García-Gallardo, llama "imbécil" al portavoz de Cs en las Cortes regionales, Francisco Igea, se niega a retirar las palabras del diario de sesiones e incluso añade que es un "presunto delincuente", y aquí no ha pasado nada. Algo curioso cuando Gallardo, además, es reincidente ya que hace apenas unos meses se dirigió a la procuradora del PSOE con discapacidad, Noelia Frutos, que contestaría a sus preguntas "como si fuera una persona como todas las demás".

¿Recuerdan la guerra civil del PP entre Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado? Todo estalló en febrero de este año, pero desde el último tercio de 2021 fue raro el día en el que no se mencionaran las zancadillas y lindezas que se dedicaban el uno a la otra y viceversa. Ahondando en la imagen de "desunión" del Partido Popular y "hundiendo" el crédito de sus líderes.

Ahora estamos asistiendo a los prolegómenos de la versión de Vox de aquel episodio. Su líder nacional, Santiago Abascal, y su exdiputada, Macarena Olona, llevan semanas lanzándose los trastos a la cabeza con medias verdades, insinuaciones y acusaciones veladas. Pero no están ocupando tanto espacio en las tertulias de la ‘TDT party’ como sí lo hizo el cisma de Génova.

Ahí sigue Ciudadanos, tratando de que alguno de sus tripulantes sobreviva al naufragio que la nave naranja está protagonizando desde hace tres años, cuando la cabezonería de Albert Rivera les hizo perder la mitad de su representación parlamentaria en la repetición de las elecciones. Desde entonces han ido perdiendo fuerza en todas partes, han sumado una enorme lista de bajas y dimisiones e incluso han tenido problemas para financiarse y lograr candidatos para todas las listas electorales que han entrado en juego en ayuntamientos y parlamentos autonómicos. Su jefa, Inés Arrimadas, pelea por salvar los muebles, pero se han escrito infinidad de textos sobre su descomposición. Pues bien, Vox apenas tiene cuadros municipales y autonómicos, tiene un gran problema para evitar que, las prisas y la necesidad por rellenar esos huecos les salga rana, pero desde sus medios de comunicación afines se justifica porque, sencillamente, están "buscando a los mejores perfiles".

Volviendo una vez más a Podemos. ¿Recuerdan la de tertulias que protagonizaron las sucesivas Asambleas Ciudadanas del partido morado en las que se dio cuenta de la "purga" y "autoritarismo" de Pablo Iglesias para ejercer el control absoluto del partido? Así de memoria, Santiago Abascal, y sus compañeros de dirección, se han cepillado a varios cuadros locales de su partido en Cataluña y Andalucía, han quitado y puesto a su antojo a portavoces y candidatos, han laminado a un asesor vinculado a Macarena Olona prohibiéndole su entrada en el Congreso, pero el macho alfa, el líder con poca cintura y mucha mano dura que evita la democracia interna en su partido no es Santiago Abascal, sino Pablo Iglesias. A quien aún se le critica casi semanalmente cuando ya hace más de un año que abandonó la política.

Gracias a estas cortinas de humo y ausencias premeditadas de las escaletas de bastantes medios de comunicación, Vox parece estar en un proceso de reflexión interno para preparar el ciclo electoral cuando, en realidad, está surcando aguas turbulentas. Puede que estemos asistiendo a una fractura irreversible en el partido, pero a ciertos sectores no les interesa que se airee.

En vídeo | “A por ellos, oé”: el grito de los simpatizantes de Vox a sus diputados antes de la moción de censura a Sánchez

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