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“Vivimos en un reino del terror”. Mientras Biden se dirige a Canadá, los haitianos se preguntan ‘y ¿ahora qué?’

Mientras el presidente Joe Biden se dirige el jueves a Canadá para reunirse con el primer ministro Justin Trudeau, con la crisis de Haití como uno de los temas principales, hay una cosa en la que todos pueden estar de acuerdo:

Desde que, a principios de noviembre, Estados Unidos y Canadá empezaron a atacar a la élite política y empresarial de Haití con prohibiciones de visados y sanciones económicas, la violencia armada y los secuestros por parte de las pandillas han aumentado.

Marta Hurtado, vocera del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, declaró que al menos 531 haitianos murieron y 300 fueron heridos desde principios de año en enfrentamientos entre pandillas. Solo en febrero, la oficina de la ONU en Haití registró 253 homicidios y 259 secuestros, la cifra más alta de secuestros en Haití en un mes desde que la ONU empezó a llevar registros en 2005, según información de la oficina enviada al Miami Herald.

“La situación es aún más alarmante para los niños, quienes a menudo son objeto de todas las formas de violencia armada, incluido el reclutamiento forzoso y la violencia sexual, con consecuencias significativas”, dijo la ONU en un comunicado emitido el martes.

Viajar por las calles de Puerto Príncipe, incluso en un vehículo blindado, puede ser una aventura angustiosa, ya que los secuestros sin precedentes y la violencia de las pandillas mantienen secuestrado a Haití.
Viajar por las calles de Puerto Príncipe, incluso en un vehículo blindado, puede ser una aventura angustiosa, ya que los secuestros sin precedentes y la violencia de las pandillas mantienen secuestrado a Haití.

La ONU dijo que el resurgimiento de “actos de extrema violencia perpetrados por grupos armados” no ha perdonado ningún sector de la sociedad haitiana.

“Vivimos en un reino del terror”, dijo Michel Eric Gaillard, habitante de Puerto Príncipe y analista político, quien en un día cualquiera puede escuchar enfrentamientos de pandillas con armas automáticas. “El principio más básico de la democracia está ausente: el imperio de la ley”.

Gaillard y otras personas dijeron que el reciente despliegue por parte del gobierno canadiense de dos buques de guerra y un avión militar sobre la capital no frenaron las atrocidades

Todos los días los habitantes deben “evaluar el riesgo de salir de casa, ir a trabajar, llevar a nuestros hijos al colegio, de ser secuestrados, violados o asesinados”, dijo Gaillard.

La violencia se intensificó el 27 de febrero con otro ataque armado contra el vecindario obrero de Bel Air, situado a tiro de piedra del palacio presidencial de Puerto Príncipe. La Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH) documentó al menos 70 muertos y 50 desaparecidos, según su director, Pierre Esperance, quien añadió que a todo esto se suma el asesinato de al menos 20 policías a manos de pandilleros armados desde enero.

Tres centros de salud —Gheskio, en el centro de Puerto Príncipe; Médicos Sin Fronteras, en Cite Soleil, y Hôpital Albert Schweitzer, en el Valle del Artibonito— anunciaron la suspensión de sus operaciones. Los barrios antes considerados pacíficos se han convertido en zonas prohibidas.

El lunes, al menos 11 personas murieron y sus cuerpos y vehículos fueron quemados en un ataque de represalia de la pandilla Kraze Barye en la zona de Route Frères en Petionville, según Esperance. La pandilla está dirigida por Vitel’Homme Innocent, quien ha aterrorizado a los habitantes de las colinas de la capital en los últimos meses a pesar de que el FBI ha puesto una recompensa de $1 millón por su captura.

“La Policía no ha desarrollado una estrategia para enfrentarse a las pandillas y no tiene ni el equipo ni la capacidad para hacerlo”, dijo Esperance.

El vocero de la Policía Nacional de Haití, Garry Desrosiers, dijo que no podía confirmar el número de víctimas mortales, pero sí que hubo muertos y que ;as atrocidades se están investigando.

Trudeau descartó la intervención exterior

Durante una visita a Terranova la semana pasada, Trudeau pareció descartar la posibilidad de una intervención militar en Haití, afirmando que no ha producido estabilidad a largo plazo en el pasado. En su lugar, alabó los esfuerzos de Canadá por reforzar las asediadas fuerzas policiales haitianas y promovió la política de Ottawa de aplicar sanciones a quienes su gobierno considera que apoyan a las pandillas.

A pesar de la lista negra de Canadá —el país ha sancionado a 17 individuos y Estados Unidos a cinco—, las pandillas se han envalentonado.

“Esto es un conflicto armado. No sé de qué otra forma llamarlo”, dijo William O’Neill, abogado especializado en derechos humanos que anteriormente trabajó con la ONU en Haití.

O’Neill dijo que los ataques y la violencia sexual equivalen a delitos de guerra, según la definición de los Convenios de Ginebra.

“Estas pandillas están organizadas, tienen líderes, se dan a conocer, se ponen estos nombres locos; tienen infantería, tienen nóminas, lo que creo que está impulsando lo que estamos viendo con los secuestros y el nivel de extorsión que se está ocurriendo”, dijo.

El primer ministro de Haití recientemente le pidió a las Fuerzas Armadas de Haití que se implicaran en la lucha contra las pandillas violentas. Esta fuerza, que fue disuelta a mediados de los años 90 por presiones estadounidenses debido a su historial de abusos contra los derechos humanos y golpes de estado, no está reconocida por Estados Unidos.
El primer ministro de Haití recientemente le pidió a las Fuerzas Armadas de Haití que se implicaran en la lucha contra las pandillas violentas. Esta fuerza, que fue disuelta a mediados de los años 90 por presiones estadounidenses debido a su historial de abusos contra los derechos humanos y golpes de estado, no está reconocida por Estados Unidos.

En octubre, el primer ministro haitiano Ariel Henry le rogó a la comunidad internacional que desplegara una fuerza militar de “acción rápida”. Su petición fue apoyada por el secretario general de la ONU y por Estados Unidos, autor de una resolución en el Consejo de Seguridad solicitando el despliegue. Meses más tarde, todavía no hay interesados.

Henry oficialmente le pidió a las Fuerzas Armadas de Haití que reforzaran a la Policía Nacional de Haití en su lucha contra las pandillas.

“Necesitamos todas nuestras fuerzas de seguridad”, dijo Henry. “El Haití que queremos no podremos construirlo con pandillas que andan a sus anchas por todas partes”.

Tanto los que apoyan como los que critican las sanciones canadienses y estadounidenses, dijeron que son las culpables del nuevo atrincheramiento y de las iniciativas de las pandillas.

“Cuando empezaron con las sanciones, los secuestros disminuyeron”, dijo Gédéon Jean, abogado que dirige Center for Analysis and Research in Human Rights de Puerto Príncipe, quien lleva a cabo un seguimiento de los secuestros. “Pero, a partir de enero... los secuestros se dispararon”.

Jean dijo que las sanciones, que ayudaron a aplacar las violentas protestas luego del aumento del precio del combustible impuestos por el gobierno en septiembre, crearon temor entre quienes tenían estrechos vínculos con las pandillas y las financiaban con armas o dinero, pero, a medida que las pandillas empezaron a ver cómo se agotaban sus fuentes de financiamiento, recurrieron a los secuestros y a las disputas territoriales para llenar sus arcas.

“Sus fuentes de financiamiento se están agotando en términos de quién ha estado detrás de ellos en el pasado, los grandes políticos, los oligarcas y, por razones que pueden estar relacionadas con las sanciones, estas personas están sintiendo la presión y las pandillas han tenido que recurrir a otras fuentes de ingresos”, dijo O’Neill.

O’Neill dijo que, aunque tiene esperanzas en la reunión Biden-Trudeau, teme que no salga nada de ella, dada la aversión de Biden a la intervención en Haití y la atención centrada en la guerra de Ucrania.

“Es horrible lo que está ocurriendo” en Ucrania, dijo. “Pero es horrible lo que está ocurriendo en Haití: 12 millones de personas y a hora y media de Miami. No es Yemen, no es Somalia, no es Myanmar. Está en el vecindario”.