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La vida intersexual en Venezuela, entre la discriminación y la incomprensión

Caracas, 8 nov (EFE).- "¿Eres hombre o mujer?". Es la pregunta a la que se enfrenta Clara -nombre ficticio de una venezolana intersexual de 37 años- desde la adolescencia, cuando le empezó a salir abundante vello y a engrosarse su voz. Debido a la pluralidad en su físico, con rasgos masculinos y femeninos, vive entre la discriminación y la incomprensión.

La adolescencia fue un periodo de intenso acoso por parte de sus compañeros del bachillerato, quienes la hacían sentir "como un extraterrestre, como un bicho raro", relató a EFE. Ya mayor de edad, buscó respuestas en hospitales, pero no las halló y vivió "momentos muy duros".

"Los médicos nunca pensaron en cómo me sentía, sino que tenían un conejillo de indias al cual había que hacerle pruebas, examinar, tomar fotos y hacer preguntas incómodas. Me trataban como lo peor. Algunos me miraban con asco", aseguró.

A los 31 años, aún escuchaba la pregunta: "¿Eres hombre o mujer?". Pero esta vez provenía de médicos que la examinaban de pie y desnuda, para una cirugía de extracción de las gónadas masculinas con las que nació, porque podían ser "cancerosas".

Una biopsia descartó esos temores, pero su salud, que creía fuera de peligro, empeoró, y ahora vive con intensos dolores generalizados y un profundo agotamiento.

"Fue un error aceptar esa cirugía, debieron dejar mis gónadas que producían hormonas. El riesgo que corría es el mismo que corre una mujer a sufrir cáncer de mama, y no por eso se las va a quitar", señaló Clara, quien concluyó que "todavía hay mucha ignorancia y tabú con respecto a la intersexualidad".

Clara es una de las 125 personas intersexuales que, desde 2018, ha atendido la ONG Intersex Venezuela, dijo a EFE su director general, Julián Parra, un activista de 33 años.

SALUD, IDENTIDAD Y SEGURIDAD

Según Parra, el "problema más inmediato" es la falta de médicos "que conozcan del tema", lo que causa que se realicen "cirugías no consensuadas" de las gónadas o los órganos sexuales internos a niños intersexuales y que la atención se enfoque en la "historia intersexual" del paciente.

"El personal de salud pareciera que concentra, en una primera instancia, el hecho de que nuestros cuerpos son plurales, y escarbar sobre nuestra corporalidad para extraer de allí una razón o un efecto sobre lo que está atendiendo", dijo Parra.

Otro problema es el derecho a la identidad debido a que, en algunos casos, sus nombres no se corresponden con su aspecto, lo que dificulta el acceso a la educación, al trabajo y a la salud. Y otra traba: la violencia.

Una noche de 2016, dos hombres tocaron la puerta de una casa, que abrió una mujer mayor. "¿Aquí vive Julián?", preguntaron. La madre, ingenuamente, respondió que sí. "Ya sabe que la próxima vez que vea a su hijo, señora, será en una bolsa negra llena de tiros, porque yo no admito que una porquería... hombre, mujer o lo que sea, le vaya a dar clases a mi hija", recordó Parra.

El activista, profesor universitario, dijo que el 90 % de las personas intersexuales que la ONG ha atendido han sido víctimas de violencia física, psicológica o emocional.

ACCIONES

Pese a la vulnerabilidad en la que viven en "una sociedad tan retrógrada", un grupo de personas intersexuales salió a las calles el pasado julio por la marcha del orgullo LGBTI, donde ondearon su bandera, amarilla con un aro de color violeta en el centro.

Parte del activismo intersexual ha consistido en dar cursos de capacitación y a asistir a trabajadores de la salud y padres que pidan orientación, como lo han hecho este año en, al menos, siete de los 23 estados.

Además, en abril pasado, Intersex Venezuela participó en mesas de trabajo en el Consejo Nacional Electoral (CNE) para abordar el tema del derecho a la identidad.

También han participado en la discusión, con activistas LGBTI, de un proyecto de ley de identidad para el que proponen que se establezca el derecho al "cambio legal de nombre".

Son algunos pasos con los que este movimiento avanza hacia la visibilización y el reconocimiento, con la meta de transformar la discriminación y la incomprensión en respeto y entendimiento.

Carlos Seijas Meneses

(c) Agencia EFE