El Vaticano arrestó a un broker involucrado en un escándalo inmobiliario

Elisabetta Piqué

El arresto certificó la voluntad del papa Francisco de hacer limpieza de las finanzas del Vaticano

ROMA.- En lo que significó un nuevo terremoto en el Estado más pequeño del mundo y certificó la voluntad del papa Francisco de hacer limpieza de sus finanzas, el Vaticano arrestó esta noche a Gianluigi Torzi, un broker italiano involucrado en el escándalo por la millonaria compra realizada por la Secretaría de Estado de un edificio en Londres.

En un hecho bastante inusual, un comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede difundido pasadas las nueve de la noche italianas consignó que al término de un interrogatorio realizado por el promotor de Justicia del tribunal del Vaticano, Torzi, acompañado por sus abogados, fue detenido en el cuartel general de la Gendarmería del Vaticano.

Torzi, hombre de negocios italiano residente en Londres, fue contratado por la Secretaría de Estado del Vaticano para operar como intermediario en una oscura inversión por 200 millones de dólares de un edificio en Londres, ocurrida en 2013. En la operación Torzi habría cobrado una comisión de 10 millones de dólares, según el Corriere della Sera.

El Vaticano no dio estos detalles, sino que se limitó a informar que su arrestó tuvo que ver con "los conocidos episodios relacionados con la compraventa de un inmueble londinense en Sloan Avenue, que involucraron una red de sociedades en las que figuraban algunos funcionarios de la Secretaría de Estado". Torzi es acusado "por varios episodios de extorsión, peculado, fraude agravado y reciclaje, delitos por los cuales la ley vaticana prevé penas de hasta 12 años de reclusión", indicó también el escueto comunicado.

Su arresto, que nadie se esperaba y cayó como una bomba, se remonta al escándalo estallado a principios de octubre pasado cuando, en una medida sin precedente, la gendarmería del Vaticano allanó las oficinas de la Autoridad Financiera Internacional (AIF), agencia de control de las finanzas de la Santa Sede, junto a otras de la primera sección de la Secretaría de Estado, por irregularidades financieras vinculadas a lo anterior.

Esos allanamientos, realizados luego de denuncias presentadas por el IOR (Instituto para las Obras de Religión, el banco del Vaticano) y del revisor general, determinaron no solo el secuestro de documentos y computadoras, sino también la suspensión de cinco personas, entre las cuales, Tommaso di Ruzza, director de la AIF.

Días después, provocaron la intempestiva salida del exjefe de seguridad y guardaespaldas principal del Papa, Domenico Giani. Giani se vio obligado a renunciar luego de la filtración a la prensa de un comunicado interno firmado por él, con las fotos de las personas suspendidas. Entre estas, además de Di Ruzza, se encontraban otros tres laicos y un monseñor, Mauro Carlino, jefe de la oficina de información y documentación de la Secretaría de Estado, que fue durante años secretario personal del cardenal Angelo Becciu, un hombre que hasta hace poco fue muy poderoso.

Becciu fue sustituto de la Secretaría de Estado, es decir, el número tres de la Santa Sede, desde 2011 hasta mediados de 2018, cuando el Papa lo reemplazó por el venezolano Edgar Peña Parra y lo desplazó a la Congregación para las Causas de los Santos. Fue en tiempos de Becciu que tuvo lugar la compra londinense ahora bajo la lupa de los promotores de justicia.

Por voluntad de Francisco, ellos buscan aclarar esas operaciones "opacas", término que utilizó el año pasado el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, que enfurecieron al cardenal Becciu. Según la revista L'Espresso se habría utilizado dinero del óbolo de San Pedro, el fondo que recibe donaciones al Papa, que a su vez debería utilizarse para obras de caridad para los pobres y para su misión.

"No conozco a Torzi, ya no era sustituto cuando sucedieron los hechos que le atribuyen", aseguró a la agencia italiana adnkronos el cardenal Becciu, que en el pasado se lavó las manos y se defendió explicando que la Santa Sede desde hace tiempo que invierte en inmuebles. "Era un buen negocio que hoy muchos nos envidian con el Brexit porque el valor de esa propiedad se triplicó", declaró el año pasado.

El financista Torzi ya había sido procesado por fraude comercial por la justicia británica, que congeló sus cuentas. Según fuentes informadas es probable que el Vaticano, que ya lo investigaba, haya acelerado la investigación en su contra después de que la justicia suiza le envió documentación que confirmó sus ilícitos, después de un pedido de asistencia de su parte.