La variante del coronavirus que azota a Gran Bretaña es un gran riesgo para Estados Unidos, advierten los científicos

Carl Zimmer
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Muestras en un laboratorio de secuenciación del genoma en la Universidad de Washington en Seattle, el año pasado. (Ruth Fremson/The New York Times)
Muestras en un laboratorio de secuenciación del genoma en la Universidad de Washington en Seattle, el año pasado. (Ruth Fremson/The New York Times)

Para detener la contagiosa variante a tiempo es preciso un programa nacional de secuenciamiento genético, aseguran los expertos.

Sin un sistema robusto para identificar las variaciones genéticas del coronavirus, advierten los expertos, Estados Unidos está desgraciadamente mal preparado para rastrear al peligroso nuevo mutante, una desventaja para los funcionarios de salud que intentan combatir la grave amenaza.

La variante, que ahora está aumentando en Reino Unido y sobrecargando a los hospitales con nuevos casos, es por ahora poco común en Estados Unidos. Sin embargo tiene el potencial de explotar en las próximas semanas, lo que agregaría más presión al sistema hospitalario estadounidense, que en algunos casos ya se encuentra cerca del colapso.

Estados Unidos no tiene un sistema nacional a gran escala para examinar los genomas del coronavirus en busca de nuevas mutaciones, entre ellas las que acarrea la nueva variante. Cada semana alrededor de 1,4 millones dan positivo al virus, pero los investigadores solo hacen secuenciamiento genómico —un método que sin duda puede identificar la nueva variante— en menos de 3000 de dichas muestras. Y esa labor se realiza en un mosaico de laboratorios académicos, estatales y comerciales.

Los científicos dicen que un programa de vigilancia nacional sería capaz de determinar cuán extendida está la nueva variante y ayudar a contener la emergencia en puntos críticos, lo que ampliará la crucial ventana de tiempo para vacunar a la población vulnerable en todo Estados Unidos. Sin embargo, se requeriría un programa nacional coordinado para llevar a cabo secuenciamiento genético a gran escala, con un Eso costaría varios cientos de millones de dólares o más. Aunque puede parecer un costo demasiado elevado, es solo una pequeña fracción de las pérdidas económicas que Estados Unidos ha sufrido a causa de la COVID-19 y que se estiman en 16 billones de dólares.

“Necesitamos algún tipo de liderazgo”, dijo Charles Chiu, médico investigador de la Universidad de California, campus San Francisco, cuyo equipo identificó los primeros casos en California de la nueva variante. “Este tiene que ser un sistema que se implemente a nivel nacional. Sin ese tipo de apoyo dedicado, simplemente no se va a realizar”.

De implementarse un sistema así, los funcionarios de salud podrían emitir advertencias al público en las zonas afectadas e imponer nuevas medidas para responder a la variante —como el uso de mejores mascarillas, rastreo de contactos, cierre de escuelas o cierres temporales— y hacerlo anticipadamente, en lugar de esperar hasta que una nueva ola inunde los hospitales con pacientes enfermos.

El gobierno entrante de Biden podría ser receptivo ante la idea. “El presidente electo apoya un programa de pruebas nacional que pueda ayudar a detener el avance de la COVID-19 y encontrar variantes”, dijo T.J. Ducklo, vocero de la transición. “Eso implica más pruebas, una mayor capacidad en los laboratorios y secuenciamiento genómico. Esto es clave para controlar la COVID-19 y preparar a Estados Unidos para detectar y detener amenazas futuras”.

Los expertos observan que Gran Bretaña es un modelo para lo que podría hacerse en Estados Unidos. Los investigadores británicos secuencian el genoma —es decir el material genético completo que hay en un coronavirus— en hasta el 10 por ciento de las nuevas muestras positivas. Incluso si Estados Unidos solo secuenciara el uno por ciento de los genomas en todo el país (unas 2000 nuevas muestras cada día), eso dejaría bastante en evidencia a la nueva variante así como otras variantes que puedan surgir.

Pero Estados Unidos va muy atrasado con esa meta. Durante el último mes, los científicos estadounidenses solo han secuenciado varios cientos de genomas al día, de acuerdo con GISAID, una base de datos internacional en donde los investigadores comparten nuevos genomas de los coronavirus. Y una gran proporción del esfuerzo recae en unos cuantos estados. California va a la cabeza, con 8896 genomas. Dakota del Norte, que hasta ahora reporta más de 93.500 casos, no ha secuenciado ni un solo genoma.

En marzo Reino Unido lanzó lo que muchos expertos estadounidenses anhelan: un bien operado programa nacional de rastreo de mutaciones del nuevo coronavirus. El país invirtió 20 millones de libras —unos 27 millones de dólares— para crear un consorcio científico que convocó a hospitales de todo el país, dotándolos de procedimientos estándar para el envío de muestras a laboratorios especiales que secuenciaron sus virus. Valiéndose de la nube de cómputo, los expertos analizaron las mutaciones y dedujeron en qué sitio del árbol evolucionario se ubicaba cada linaje del virus.

“Lo que Reino Unido ha hecho con el secuenciamiento, para mí es el jonrón de la pandemia”, dijo Emma Hodcroft, epidemióloga molecular en la Universidad de Berna en Suiza, que ayudó a crear Nextstrain, un proyecto con sede en Seattle que rastrea patógenos. “Decidieron que iban a hacer secuenciamiento y simplemente levantaron de la nada un programa absolutamente increíble”.

El programa intensivo de Reino Unido para rastrear la evolución genética del coronavirus es posiblemente lo que explica que el país se haya convertido en el primero en identificar la nueva variante, conocida como B.1.1.7. Reino Unido ha secuenciado 209.038 genomas de coronavirus hasta ahora, casi dos terceras partes de todos los que se han secuenciado en el mundo. Estados Unidos, que tiene cinco veces más habitantes, solo ha secuenciado 58.560 genomas.

En Estados Unidos, una constelación de laboratorios –la mayoría de ellos en universidades– han estado examinando los genomas de coronavirus desde la primavera. Para llevar a cabo la labor, muchos de ellos gastan sus propios y modestos fondos. “Todo se reduce a estos movimientos de base que lo han lanzado”, dijo Kristian Andersen, virólogo en el Instituto Scripps de Investigación en San Diego cuyo laboratorio lidera estos esfuerzos.

Andersen y otros científicos han identificado el camino que el coronavirus ha seguido en su propagación por todo el planeta y Estados Unidos. Algunos de los primeros casos en Estados Unidos tuvieron su origen en China, el lugar de nacimiento del nuevo coronavirus, pero fueron los visitantes de Europa quienes lo llevaron a muchas ciudades estadounidenses.

Pero después de esos éxitos iniciales, el monitoreo solo se llevó a cabo en una pequeña escala. “Ciertamente no llevó a una revolución de vigilancia genómica”, dijo Andersen.

En mayo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) reunieron en un consorcio a decenas de laboratorios en todo Estados Unidos. Se conoce como SPHERES, consorcio de secuenciación del SARS-CoV-2 para la respuesta a la emergencia de salud pública, epidemiología y vigilancia, por su sigla en inglés.

Los científicos que participan en SPHERES comentan que ha sido un buen comienzo. “Ha provisto a científicos y académicos e investigadores con una red de ayuda mutua en Estados Unidos”, dijo Hodcroft. Los laboratorios que querían unirse al esfuerzo de secuenciar los genomas del coronavirus podían recibir consejo de otros laboratorios, en lugar de tener que reinventar la rueda científica.

Pero no se trata de un programa nacional con un mandato claro ni con recursos para asegurar que las mutaciones se monitorean cuidadosamente en todo el país. “Como país, necesitamos vigilancia genómica”, dijo Andersen. “Es preciso un mandato federal”.

Los CDC no permitieron que los científicos que dirigen SPHERES dieran una entrevista. “Los CDC trabajan con laboratorios académicos, comerciales y estatales de seguridad pública para incrementar la capacidad nacional de vigilancia de cepas para secuenciar miles de especímenes cada semana”, escribió en un comunicado Brian Katzowitz, vocero de la agencia.

El miércoles las empresas de secuenciamiento Helix e Illumina anunciaron una colaboración para rastrear el surgimiento de la B.1.1.7 con apoyo de los CDC. Las empresas están llevando a cabo hasta 1000 secuenciamientos a la semana. Sin embargo, Karen Birmingham, vocera de Illumina, se apresuró a aclarar que el programa piloto estaba muy lejos de ser un esfuerzo nacional. “Recibimos con agrado la vigilancia genómica de manera mucho más amplia y coordinada en todo Estados Unidos”, dijo.

El sólido sistema británico de vigilancia genética ha ayudado a los científicos a comprender cuán peligrosa es la nueva variante. Un aleccionador estudio publicado el lunes por investigadores del consorcio de secuenciamiento encontró que el confinamiento de noviembre en Reino Unido logró disminuir la transmisión de las variantes comunes del coronavirus, pero no así la propagación de la B.1.1.7.

Los epidemiólogos miden la tasa de transmisión de un virus con algo llamado el número básico de reproducción. Si el número de reproducción es 1, eso significa que cada persona infectada contagia en promedio a otra persona más. Una epidemia en aumento tiene un número de reproducción mayor a 1, mientras que esa cifra es menor a uno en una epidemia que va a la baja. Los investigadores británicos estimaron que durante el confinamiento los coronavirus que no pertenecen a la variante B.1.1.7 tuvieron un número de reproducción de 0,95, mientras que el número de reproducción de la B.1.1.7 era de 1,45.

La velocidad con la que se ha vuelto más común la B.1.1.7 sugiere que tiene ciertas características biológicas que le permiten propagarse con más éxito de un huésped a otro. Los experimentos en laboratorio han mostrado que algunas de sus mutaciones puede que le permitan al virus aferrarse mejor a las células de las vías respiratorias.

El lunes, el gobierno de Reino Unido anunció un confinamiento más estricto para el país. “No deben salir ni estar fuera de sus hogares excepto cuando sea necesario”, dijo el gobierno.

Aún es muy pronto para saber si la B.1.1.7 tendrá impacto en la pandemia estadounidense y, de manera clave, si abrumar los hospitales como lo ha hecho en Reino Unido. La mayoría de las personas que se infectan no contagian el virus a otros. Una pequeña cantidad de personas son responsables de una gran parte de la transmisión en lo que se conoce como eventos superpropagadores. Terminan por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado para infectar a muchas personas al mismo tiempo.

Sin embargo, si la nueva variante sigue la misma trayectoria que en Gran Bretaña, comenzará a superar a las variantes más comunes y menos contagiosas en las próximas semanas. “Podría convertirse en el virus dominante en los próximos meses”, dijo Nathan Grubaugh, virólogo de la Universidad de Yale.Sin embargo, una cosa es segura: los trabajadores de salud pública no podrán detener la variante a menos que sean capaces de verla. Grubaugh y otros científicos están creando pruebas personalizadas para B.1.1.7. tipo PCR, una tecnología rápida y barata que puede usarse para encontrar cualquier variante del coronavirus.

Pero Grubaugh dijo que sería mucho mejor si los investigadores no tuvieran que batallar para crear estas pruebas mucho después de que una nueva variante peligrosa llegue a Estados Unidos. “En general, es solo una curita para nuestra falta de vigilancia genómica”, dijo.

Contar con un programa de vigilancia a nivel nacional para rastrear la evolución del coronavirus no solo permitiría a los investigadores observar la propagación de B.1.1.7., sino otras nuevas mutaciones potencialmente aún más peligrosas que surjan en su linaje. Las nuevas variantes podrían ser incluso más eficientes para infectar células humanas o, peor aún, podrían resistir las vacunas o los medicamentos antivirales.

“Solo porque no lo tengamos no significa que no podamos hacerlo”, dijo Hodcroft. “Solo tenemos que decidir que esto es lo que queremos”.

Enfatizó que la única forma de encontrar estos peligrosos nuevos organismos era estar alerta constantemente. “Aparecen el primer día y como que se presentan y dicen ‘Oigan, ¡mírenme!’, dijo. “Nos toma un tiempo entenderlo. Y nos toma más tiempo si no estamos atentos”.

Carl Zimmer es el autor de la columna Matter. Ha publicado trece libros, entre ellos She Has Her Mother’s Laugh: The Powers, Perversions, and Potential of Heredity. @carlzimmerFacebook

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company