Valeria Luiselli: “Las fronteras son campos de prueba para la brutalidad”

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Aunque una audiencia bulliciosa se había reunido para oír hablar a la escritora y activista migratoria Valeria Luiselli en el Festival Literario de Santa Fe, un silencio se apodera de la sala en espera de un adelanto de su proyecto actual. La calma se rompe con el sonido metálico de una mina de cobre y las impresiones grabadas de Luiselli que se mezclan con las voces de los mineros y otros lugareños que conoció y entrevistó en la ciudad fronteriza de Bisbee, Arizona. El maravilloso y revelador paisaje es apenas un extracto de 12 minutos de un ensayo sonoro planeado de 24 horas, Echoes From the Borderlands, que Luiselli está en proceso de crear en colaboración con los especialistas en audio Leo Heiblum y Ricardo Giraldo. La autora le dice al público reunido que cree que el formato puede ayudarnos a reducir la velocidad y apreciar las historias de una manera más profunda que con el implacable asalto de los medios visuales en línea. “No puedes scrollear a través del sonido”, dice con una sonrisa.

Luego, tras bambalinas en el Green Room del festival, Luiselli me dice que la idea de crear un archivo y documentar la vida en la frontera se le ocurrió por primera vez en el pueblo de Shakespeare, Nuevo México. Originalmente un campamento minero, Shakespeare se convirtió en un pueblo fantasma y luego en sede para recreaciones del Lejano Oeste, un lugar en el que los hombres, disfrazados de Billy the Kid, organizaban tiroteos con caricaturas anónimas de nativos americanos y bandidos mexicanos.

“Este proyecto comenzó, al menos en mi mente, mientras entrevistaba a un par de hombres que representaban a vaqueros sobre la recreación, y sobre lo que se cuenta, lo que se recrea y lo que se deja fuera”, explica Luiselli, quien se decidió a documentar historias que de otro modo serían olvidadas. “Al principio pensé que sería un proyecto de cuatro años, pero ahora estoy pensando que es un proyecto de 10 años. Necesitamos conseguir más fondos. Tenemos algo de apoyo de un museo de Nueva York, pero todo depende de nuestra posibilidad para viajar y luego tener tiempo para transformar lo que reunimos durante esos viajes muy concentrados en material que vaya a ser interesante”.

Luiselli lleva mucho tiempo fascinada con las historias sobre las fronteras y los personajes que habitan los espacios intermedios. Nacida en la Ciudad de México en 1983, Luiselli tuvo una educación itinerante que incluyó pasar un tiempo en Sudáfrica, donde su padre, un diplomático, inauguró la primera embajada mexicana tras la elección histórica de Nelson Mandela. Estuvo en un internado en India. En la adolescencia creyó que se convertiría en bailarina profesional. “La danza contemporánea fue algo a lo que pensé que iba a dedicar mi vida durante algún tiempo, pero luego no lo hice”, cuenta. “Escribí conscientemente desde mis últimos años de adolescencia, solo que nunca pensé que uno se pudiera convertir en escritor, menos siendo una mujer joven. Las cosas son diferentes ahora, un poco, pero una no tenía referencias. Los escritores no hablaban como tú o se veían como tú. En el caso de Latinoamérica, todos eran hombres con sacos de tweed fumando Gauloises. Para nada parecía una realidad probable”.

A los 18 años, Luiselli hizo una amiga que confiadamente anunció: “Soy escritora”, y la animó a hacer lo mismo. Tenía poco más de 20 años y estudiaba en la escuela de posgrado de la Universidad de Columbia, en Nueva York, cuando comenzó a trabajar en su primera novela, Los ingrávidos (Faces in the Crowd). Aunque su educación había sido en gran parte en inglés, decidió deliberadamente escribir la novela en español. Su segunda novela, La historia de mis dientes, fue finalista del Premio de Círculo de Críticos Nacional del Libro y fue creada en diálogo con los trabajadores de la fábrica de jugos Jumex en México. Ella les enviaba los capítulos y ellos respondían con ideas que le ayudaban a dar forma a la trama.

La frontera (Associated Press)
La frontera (Associated Press)

En 2014, Luiselli se vio incapaz de concentrarse en escribir su próxima novela porque estaba demasiado preocupada y perturbada por los reportes de los miles de niños no acompañados que llegaban a la frontera sur de los Estados Unidos. El siguiente año comenzó a trabajar como entrevistadora y traductora voluntaria en Nueva York para algunos de los muchos niños refugiados que llegaban de Centroamérica. “No podía no involucrarme para entonces”, menciona. “Parecía, y parece, muy difícil, hacerme a la idea de que los niños estaban llegando solos y terminaban en un limbo. Al pincipio solo traducía testimonios y luego yo misma hacía entrevistas y las traducía al inglés para ayudar a los niños a encontrar abogados”.

Luiselli documentó sus experiencias en su breve libro de 2017 Tell Me How it Ends: An Essay in 40 Questions, basado en las 40 preguntas que le pidieron hacerle a los niños en sus entrevistas. Su trabajo también influyó e inspiró su muy aclamada novela del 2019 Lost Children Archive. Supo que los niños que llegan a la frontera sin compañía usualmente vienen viajando en los techos de La Bestia, una red de trenes de carga en la que medio millón de centroamericanos viajan peligrosamente cada año. Muchas veces van huyendo de pandillas como la MS-13 y Calle 18 u otras formas de violencia estructural.

Luiselli dice que si bien los estadounidenses a menudo dicen que se solidarizan con la difícil situación de los niños, lo que realmente deberían sentir es un sentido de “rendición de cuentas y responsabilidad”. “Sí, son pandillas, pero son las pandillas entre otras cosas, y es una circunstancia creada por años de intervencionismo estadounidense en los gobiernos locales, y luego los gobiernos locales que son profundamente corruptos y trabajan al unísono con los intereses de Estados Unidos, creando una especie de situación continua de la que solo se puede escapar migrando, e incluso así, no del todo”.

La elección de Donald Trump como presidente en 2016 sobre una plataforma de retórica antimigración solo exacerbó los problemas existentes, y Luiselli señala que incluso si las cosas han mejorado desde la elección de Joe Biden en 2020, es solo algo gradual. “Por ejemplo, tal vez a menos personas les ponen tobilleras cuando son procesadas al pasar por la frontera”, explica. “Tal vez les dan celulares para ser vigilados en su lugar, por lo que es un poco menos violento tener un celular que un agente del gobierno usa para comunicarse contigo cada semana que tener tobilleras, que es una cosa brutal y horrible, pero es una cuestión gradual”.

Existen paralelismos claros entre la situación actual en la frontera entre EE.UU. y México y las tragedias que se desarrollan en la frontera europea en el Mediterráneo, sobre las que la periodista irlandesa Sally Hayden escribió de forma muy conmovedora en su reciente libro My Fourth Time, We Drowned. En ambos casos, el control fronterizo se aplica a través de la violencia institucionalizada. “No es una coincidencia”, asegura Luiselli. “Creo que ya sea en el Mediterráneo o en la frontera de Estados Unidos y México, las fronteras son campos de prueba de la brutalidad. Muchas nuevas tecnologías de vigilancia y logística de encarcelamiento son probadas en la frontera, porque sigue siendo una especie de tierra de nadie. Los que están en el poder pueden salirse con la suya con todo tipo de horrores”.

Cientos de bolardos de acero y maquinaria pesada se observan en el área de la Montaña Otay, en la frontera México-EE.UU., en septiembre de 2021. Biden ha dicho que “no más dólares de los contribuyentes estadounidenses [deben] ser desviados para construir un muro fronterizo” (Daniel Watman)
Cientos de bolardos de acero y maquinaria pesada se observan en el área de la Montaña Otay, en la frontera México-EE.UU., en septiembre de 2021. Biden ha dicho que “no más dólares de los contribuyentes estadounidenses [deben] ser desviados para construir un muro fronterizo” (Daniel Watman)

Luiselli ha encontrado su propósito llamando la atención sobre estos abusos de poder y las historias de aquellos atrapados en circunstancias que están fuera de su control. “Creo que el papel de los escritores aquí es dar a conocer un problema en sus detalles”, expresa. “Nos interesamos y comprometemos con las cosas que conocemos, sea la minería del cobre o la migración. Así que cuanto más creo que uno puede educarse sobre el tema, más podemos participar y contribuir de manera significativa”.

The Independent, como socio de medios internacional del evento, ha brindado cobertura durante cada día del festival con entrevistas exclusivas con algunos de los autores principales. Para obtener más información sobre el festival, visita nuestra sección Festival Literario de Santa Fe o visita el sitio web del festival.

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