Vacas que eructan: cómo arreglar los problemas climáticos que produce el ganado

Henry Fountain
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Jim Friemel, propietario de F-Troop Feeders, clasifica ganado cerca de Hereford, Texas, el 8 de septiembre de 2020. (George Steinmetz/The New York Times).
Jim Friemel, propietario de F-Troop Feeders, clasifica ganado cerca de Hereford, Texas, el 8 de septiembre de 2020. (George Steinmetz/The New York Times).

HAPPY, Texas — Randy Shields miró hacia la inmensa cantidad de ganado que se extendía por Wrangler Feedyard: 46.000 animales se arremolinaban en el aire seco de la región conocida como el Mango de Texas mientras un camión de comida pasaba por allí de camino a sus corrales.

Shields, quien administra el campo de Cactus Feeders, sabe que, en su forma más básica, el negocio solo toma algo que la gente no puede comer y lo convierte en algo que sí puede: carne de res. Eso es posible porque el ganado tiene un estómago formado por varias cámaras donde los microbios fermentan el pasto y otra vegetación fibrosa resistente para poder digerirlos.

“Así como yo lo veo, tengo 46.000 contenedores de fermentación ahí fuera”, comentó Shields.

Sin embargo, este proceso, llamado fermentación entérica, también produce metano, un gas potente que aumenta la temperatura del planeta que el ganado arroja al aire en forma de eructos. Y en Estados Unidos, que tiene cerca de 95 millones de cabezas de ganado, incluidos los más de 25 millones de animales en las unidades de engorde que acaban en el matadero anualmente, el metano se acumula.

Los investigadores dentro y fuera de la industria están trabajando para encontrar maneras de reducir las emisiones de la fermentación, a través de suplementos alimenticios o cambios en la dieta. Otros esfuerzos se proponen disminuir las emisiones de los residuos de los animales (otra fuente de metano, además de otro poderoso gas de efecto invernadero, el óxido nitroso) mediante un mejor manejo y almacenamiento del estiércol.

En Estados Unidos, el ganado está lejos de ser la mayor fuente de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, el metano, entre otros. Su contribución total es menor en comparación con la quema de combustibles fósiles para la electricidad, el transporte y la industria. No obstante, el ganado es una de las mayores fuentes de metano, que puede atrapar el calor 80 veces más que el dióxido de carbono, aunque permanece durante menos tiempo.

Los cálculos varían, en parte porque las emisiones animales son más difíciles de cuantificar que, por ejemplo, los gases de combustión de una central eléctrica. Sin embargo, la fermentación entérica del ganado vacuno representa casi el dos por ciento del total de las emisiones de Estados Unidos, según la Agencia de Protección Ambiental.

Los camiones llenan los comederos de Wrangler Feedyard, en Happy, Texas, el 6 de septiembre de 2020. (George Steinmetz/The New York Times).
Los camiones llenan los comederos de Wrangler Feedyard, en Happy, Texas, el 6 de septiembre de 2020. (George Steinmetz/The New York Times).

A diferencia de la quema de combustibles fósiles, que contribuye al calentamiento global al devolver carbono antiguo a la atmósfera en forma de dióxido de carbono, donde atrapa el calor del sol, el metano del ganado forma parte de un ciclo relativamente corto. El metano aparece como resultado de comer vegetación que creció al tomar el dióxido de carbono de la atmósfera. Después de una década, el metano se descompone y forma dióxido de carbono, que se utiliza para que crezcan más plantas.

En efecto, los animales reciclan el carbono en menos tiempo, de modo que, si la población de ganado permanece más o menos igual, la contribución al calentamiento sigue siendo más o menos la misma. “Deja la atmósfera tan rápido como llega”, explicó Alan Rotz, investigador del Departamento de Agricultura que ha estudiado las emisiones de la producción de carne de res.

La industria de la carne de res señala que, en lugar de mantenerse igual o aumentar, la población total de ganado en Estados Unidos ha disminuido en más de un 25 por ciento desde que alcanzó su punto máximo en la década de 1970, principalmente debido a las mejoras en la eficiencia. Sin embargo, las poblaciones de ganado están creciendo en el extranjero a medida que las naciones se vuelven más prósperas y aumenta el consumo de este tipo de carne.

Cargill Corp., el gigante de la alimentación y la agricultura que suministra piensos a la industria de la carne de res, a las unidades de engorde y a otros, es una de las muchas empresas que investigan las sustancias que podrían añadirse para reducir las emisiones de metano, explicó Heather Tansey, directora de sustentabilidad de la empresa.

Cactus Feeders, con una rotación de 1,1 millones de cabezas de ganado vacuno al año en sus diez unidades de engorde, designa alrededor de una cuarta parte de sus corrales en el lote Wrangler a estudios sobre cuestiones como los efectos de los cambios en la dieta y las maneras de reducir las emisiones del estiércol.

“Es necesario trabajar en esta área”, afirmó Kenneth Casey, científico del Centro de Investigación y Extensión de AgriLife de Texas A&M en Amarillo, quien medía los efectos de la lluvia en las emisiones de óxido nitroso del estiércol en uno de los corrales Wrangler el mes pasado.

Jim Friemel (quien, junto con su esposa, Melanie, posee y dirige una unidad de engorde independiente en Hereford, Texas, de la mitad del tamaño que la de Wrangler) no dedica espacio a la investigación, pero ha oído hablar del derretimiento de las capas de hielo, el aumento del nivel del mar y otros efectos acelerados del cambio climático y alimentaría a sus 20.000 cabezas de ganado con un suplemento alimenticio para reducir las emisiones de metano si estuviera disponible a un precio razonable.

“Claro que lo usaría, si eso ayudara a evitar que el hielo se derrita”, dijo Friemel.

Cambios en la industria ganadera

Los esfuerzos para reducir las emisiones forman parte de una iniciativa más amplia para hacer más sostenible la producción de carne de res, lo cual incluye lo relativo al uso del agua y la tierra. Los esfuerzos se han vuelto más urgentes a medida que la industria se ha visto sometida a la presión de los ecologistas y otros que afirman que, para ayudar a conservar los recursos, el mundo debe comer menos carne.

Por ejemplo, en un informe del año pasado, EAT-Lancet Commission, un grupo internacional de científicos, recomendó una reducción del 50 por ciento en el consumo mundial de carne roja y algunos otros alimentos para el año 2050.

En Estados Unidos, las emisiones se han visto afectadas por un importante cambio en la dieta que se introdujo hace décadas. El ganado de engorde consume una dieta en la que el maíz u otros granos de alta energía representan hasta la mitad del pienso. Esto, además de la reducción del movimiento en los corrales, ayuda al ganado a engordar y a producir la carne jaspeada que les gusta a los consumidores. Los estudios han demostrado que una dieta de alto contenido en granos produce menos metano.

No obstante, los microbios que descomponen el maíz son distintos a los que metabolizan el pasto, lo cual hace necesario vigilar de cerca al ganado para detectar inflamación u otros problemas de salud. Además, se necesita mucha agua para cultivar maíz, lo que aumenta la preocupación por los recursos.

Los cambios en la industria de la carne de vacuno redujeron las emisiones de otra manera muy básica: al pasar tiempo en una unidad de engorde en lugar de pastar, el ganado ahora alcanza el peso de mercado con mucha más rapidez: vive y eructa metano por mucho menos tiempo.

“Nuestro sistema es exponencialmente más eficiente que hace 40 años”, afirmó John Richeson, profesor de Negocios Agrícolas de la Universidad West Texas A&M en Canyon. La eficiencia, añadió, “tiene un impacto directo en la huella de carbono”.

Paul Defoor, codirector ejecutivo de Cactus Feeders, dijo que una mayor reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero podría tener bastante sentido a nivel comercial, ya que una menor cantidad del carbono en los piensos se transformaría en metano y el animal en crecimiento lo aprovecharía más. “Quiero capturar todos los carbonos que pueda, en la forma de carne de res”, comentó Defoor.

La evidencia de la transformación de la industria es evidente en el Mango de Texas, que gracias a las condiciones secas, los inviernos relativamente moderados y los veranos no muy calurosos se ha convertido en un centro de alimentación para el ganado.

Los corrales de engorde son la señal más evidente. El campo de Friemel, que pertenece a F-Troop Feeders, es uno de varias decenas en Hereford y sus alrededores, que se hace llamar la capital mundial de la carne de res. De las diez unidades de engorde de Cactus, siete se encuentran en el Mango, y las demás no están lejos, en el suroeste de Kansas.

En este lugar, hay otros indicadores de la escala industrial de la producción de carne de res. Aquí y allá, en el paisaje se pueden ver enormes silos, que almacenan maíz y otros alimentos, así como los grandes mataderos sin ventanas, atendidos en su mayoría por trabajadores inmigrantes. Ahí llegan camiones de ganado todo el día. Las plantas que fabrican el pienso para el ganado reciben los ingredientes a raudales.

Hasta la industria del etanol de maíz instaló plantas aquí, lejos de la región conocida como el Cinturón de Maíz, en gran parte porque los residuos del proceso, llamados granos de destilación, se venden por camión para alimentar al ganado.

La transformación de la industria comenzó con las unidades de engorde. La idea de encerrar al ganado para que gaste menos energía, sea más fácil de cuidar y pueda ser alimentado con una dieta controlada fue concebida hace un siglo. No obstante, no fue sino hasta los años sesenta cuando la idea realmente se arraigó, con lotes a gran escala.

Antes de que existieran las unidades de engorde, el ganado pastaba todo el año. Sin embargo, toda la energía invertida en esa actividad y las dificultades de la alimentación invernal, cuando, en el mejor de los casos, el ganado solo podía mantener su peso, extendían el proceso de engorde.

“En la actualidad, cuando termina la temporada de cultivo, ese ganado puede llegar aquí”, explicó Defoor. Durante aproximadamente seis meses en una unidad de engorde como Wrangler, un novillo o vaquilla consume unos 15 kilogramos de pienso al día (el 40 por ciento del cual es humedad) y aumenta más de 1,3 kilogramos diarios, para llegar a un peso estándar de mercado de más de 590 kilogramos.

Ahora la mayoría de las vacas pastan por tiempo limitado, desde que son terneras. Después de unos seis meses, suelen venderse en lo que se conoce como una operación de almacenamiento, donde pastan trigo u otros cultivos de pasto. Comúnmente, transcurridos más o menos otros seis meses, cuando aún se consideran terneras, se trasladan a una unidad de engorde.

Todavía hay algunas reses que se alimentan de hierba de principio a fin (aunque es probable que, incluso algunas carnes etiquetadas como “de vacuno alimentado con hierba”, se hayan alimentado con una dieta distinta antes de llegar al matadero). Este proceso toma más tiempo, los animales viven más y, cada día adicional que están vivos, están produciendo más metano.

La alimentación con pasto no es tan eficiente, comentó Richeson: “No se obtiene el mismo crecimiento ni por mucho. Tarda seis o hasta nueve meses más”.

Además, las unidades de engorde producen mucho estiércol y orina, cientos de miles de kilogramos de desechos al día en un lote típico como el Wrangler. Sin embargo, las condiciones áridas y el apisonamiento con las pezuñas de los animales dejan la superficie lisa y seca.

En los días calurosos de verano el estiércol puede volverse demasiado seco y polvoriento y producir, aunado a los vientos de la región del Mango, una “nube de color café” que puede afectar enormemente la calidad del aire a nivel local. Mientras que la mayoría de las emisiones de metano en un corral de engorde provienen directamente del ganado, el estiércol también emite metano, así como óxido nitroso, que es un gas de efecto invernadero aún más potente.

Casey, el investigador de la Universidad de Texas A&M, ha estudiado las emisiones en el corral de Wrangler y en otros lugares durante más de una década, a menudo en colaboración con científicos del Departamento de Agricultura.

Ese día, su equipo estaba midiendo las emisiones de óxido nitroso de la superficie de un corral vacío cuyos ocupantes habían sido enviados a un matadero días antes. Las emisiones de óxido nitroso aumentan después de la lluvia, pero, en su mayoría, el gas se forma en la capa superior del estiércol, donde este es menos compacto.

“Estamos buscando estrategias de mitigación. ¿Qué podría hacer un gerente para reducir las emisiones?”, dijo Casey.

Su investigación sugiere una posibilidad: raspar la capa superior del estiércol si se pronostica lluvia. Sin embargo, eso podría no ser factible en los cientos de hectáreas que ocupa una unidad de engorde. Y puede conducir a otro problema: más emisiones de metano de la capa compacta debajo de la capa superficial.

“Ahí está el problema. Al tratar de controlar una cosa, se agrava la otra“, concluyó Casey.

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This article originally appeared in The New York Times.

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