Una medida desesperada que disfraza el fracaso de las políticas ambientales

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(Foto: El Universal)

Una vez más quienes viven en la Ciudad de México son castigados por los gobernantes que por décadas, con sus determinaciones, crearon las condiciones para que la que fuera la ciudad más transparente se convirtiera en la más gris y contaminada. Todo empezó cuando los gobernantes decidieron terminar con la red de transporte eléctrico que se venía construyendo desde principios del siglo pasado.

Hace cien años los tranvías eléctricos de la Ciudad de México constituyeron un sistema de vanguardia tecnológica y una alternativa para el transporte público. Se dio importancia al mejoramiento del transporte público urbano, el primer paso lo constituyó el cambio de la tracción animal por la eléctrica. Fue el punto inicial que permitió la renovación del transporte. Los estudios realizados para tomar esta decisión indicaron que la ciudad ganaría en mejor conservación de pavimentos y limpieza en las calles, los viajes se efectuarían en menor tiempo y los trenes saldrían con mayor frecuencia, lo que representaba un beneficio para el público.

Aquel sistema de transporte eléctrico tuvo carros de 72 asientos acomodados en dos pisos, despacho centralizado de corridas, tarifa múltiple que permitía la “diversificación de ingresos y servicios: fúnebres, de presidiarios, excursiones privadas y turísticas, trenes de carga por horario o contratados y hasta la circulación de un tranvía presidencial.”

Todo eso se acabó para dar paso a los automotores. Los tranvías y trolebuses fueron cancelados (hoy circulan unas cuantas unidades de trolebús y el Tren Ligero que va de Taxqueña a Xochimilco) a favor de las rutas de autobuses concesionadas; la ciudad se convirtió en lo que hoy llaman Megalópolis y aparecieron las rutas de peseros, con el desempleo y la voracidad de los gobernantes, se multiplicaron los taxis, que hoy nadie sabe cuántos hay. Lo que sí se sabe es que constituyen una reserva de votos para los que entregaron placas (PRI, PRD, PAN).

Las insuficientes oportunidades en los estados, el centralismo económico, político y cultural fueron también factores para que la ciudad se extendiera y se pudo hacer porque fue desecado el Lago de Texcoco, nació Ciudad Azteca, fueron invadidos terrenos federales y se crearon fraccionamientos en cerros y montañas. Se acabaron los bosques, la flora y la fauna, y todo eso pasó por complacencia y complicidad de políticos y empresarios voraces que lo propiciaron para beneficiarse.

Cuando el problema ya estaba declarado pero aún no crecía, o no había crecido tanto, se construyó el Metro, pero no se frenó la multiplicación de los automóviles, autobuses y demás. Cuando fueron demasiados y no cabían en calles y avenidas se construyó el anillo periférico y el circuito interior, después llegarían los segundos pisos y toda esta infraestructura urbana tuvo como principio facilitar la circulación de los vehículos automotores, que saturaron la atmósfera con gases que afectan negativamente la salud de los habitantes de la ciudad, descompuesta por los gobernantes.

Hoy los gobernantes en turno, Miguel Ángel Mancera, de la Ciudad de México y Eruviel Ávila del Estado de México, dicen estar preocupados por la calidad del aire que respiran quienes viven en la Megalópolis. Primero entorpecieron la movilidad en la zona metropolitana cuando dejaron que se saturaran de automotores calles y avenidas y frenaron el crecimiento de alternativas de transporte masivo no contaminante como el metro, tranvías y trolebuses. Ahora nos quieren salvar intentando sanear el medio ambiente al impedir que lleguen a la atmósfera menos gases contaminantes. Para ellos los culpables del caos son los ciudadanos por lo que deben dejar sus automóviles y abstenerse de circular.

Como antes sucedió, la aplicación del Programa Hoy No Circula operará como un promotor de ventas de automóviles porque nadie está dispuesto a no trabajar solo porque la alta burocracia, ineficiente y corrupta, determina que la circulación de más de 500 mil automóviles se cancela un día a la semana lo que equivale a desmovilizar a más de un millón de personas cada día.

Para combatir la contaminación ambiental, adicionalmente las autoridades de la Ciudad de México y el Estado de México, amenazan con endurecer el Programa de Verificación Vehicular para “garantizar” que solo circulen los que están en buenas condiciones mecánicas y no arrojen gases de manera excesiva.

La experiencia de los habitantes de la megalópolis indica que las “buenas intenciones” de los gobernantes crearon una enorme fuente de ingresos para los gobiernos locales y una fuente de corrupción para los Centros de Verificación Vehicular. Empezó en 1989 cuando Manuel Camacho Solís aplicó por primera ocasión el Hoy No Circula, en calidad de temporal, pero se volvió permanente para beneficio del fisco y perjuicio para el bolsillo de los ciudadanos.

Esta es una buena ocasión para que los promotores de las encuestas pregunten a los ciudadanos que es lo que desean para mejorar la movilidad, el medio ambiente y la economía de la Megalópolis. Si alguien la hiciera, seguramente tranvías y trolebuses no estarían considerados, no sea que se disgusten las empresas trasnacionales de la industria automotriz.

Esta es una idea con poco futuro porque a ningún político ni empresario le conviene la verdad. Lo cierto es que la ciudad ha sido traicionada por sus gobernantes una y otra vez. No importa el color. Todos son iguales. Los de hoy también.

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