Un vagón con mucha historia a 100 años del fin de la guerra

Por THOMAS ADAMSON
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Adolf Hitler (segundo a la izquierda, sentado) asiste a la firma de la rendición de Francia en un vagón de tren en Compiegne el 21 de junio de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial. La capitulación se firmó en el mismo sitio donde Alemania firmó el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial el 11 de noviembre de 1918. (AP Photo)

Adolf Hitler (segundo a la izquierda, sentado) asiste a la firma de la rendición de Francia en un vagón de tren en Compiegne el 21 de junio de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial. La capitulación se firmó en el mismo sitio donde Alemania firmó el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial el 11 de noviembre de 1918. (AP Photo)

COMPIEGNE, Francia (AP) — Adolf Hitler fue a la guerra en busca de revancha. Angela Merkel planea un peregrinaje en nombre de la paz. Dos cancilleres alemanes con distintas visiones y un mismo destino: El vagón de un tren en un bosque de Francia.

Hitler trató de reescribir la historia en 1940 y propinar a Francia la misma humillación sufrida por su país en 1918 al firmar allí otro armisticio, el de la rendición de los franceses ante los alemanes en la Segunda Guerra Mundial.

Esta vez, Merkel tendrá al presidente francés Emmanuel Macron a su lado en circunstancias muy distintas. Ambos visitarán lo que queda del Vagón de Compiegne donde los aliados y Alemania firmaron el armisticio el 11 de noviembre de 1918, hace exactamente 100 años, que puso fin a la Primera Guerra Mundial.

El vagón 2419D de Wagons-Lits Co. que servía ternera salteada y carne de res bourguignon a los pasajeros en el balneario de Deauville fue escenario de un hecho histórico para la paz mundial en medio de un bosque de la Compiegne.

Desconcertados turistas a menudo le preguntan a Bernard Letemps, curador del Museo del Armisticio, por qué los aliados firmaron el cese al fuego que puso fin a las atrocidades del Frente Occidental en ese sitio tan humilde y no en un gran cuartel militar o en un fastuoso palacio.

En esa época, los cuarteles generales del comandante aliado de Senlis, el mariscal francés Ferdinand Foch, hubieran sido el sitio más lógico para la firma del cese al fuego.

Pero la ciudad había sufrido un brutal ataque alemán. Sus habitantes fueron tomados como rehenes y su alcalde fue ejecutado en septiembre de 1914, antes de la primera Batalla del Marne. Hubiera podido pasar cualquier cosa si se presentaba una delegación alemana, por más que fuera para sellar la paz.

“Estaba totalmente descartado que los enviados plenipotenciarios alemanes fuesen a la ciudad”, expresó Letemps.

Se decidió que un vagón estacionado en un bosque cercano a Compiegne era el sitio ideal: Un paraje aislado sin posibles intrusos, en un ambiente de paz y discreción que reflejaban respeto por los derrotados.

Pero resultó que Foch había instalado una oficina móvil un mes antes en un vagón comedor de un tren de pasajeros elegido al azar. Fue así que el vagón 2419D pasó a ser conocido como el “Vagón de Compiegne”.

El armisticio fue firmado a las cinco de la mañana, pero demoraron seis horas su entrada en vigor en un arranque poético: A las 11 del 11mo día de 1918. Esa demora probablemente les costó la vida a numerosos soldados al prolongar los combates en una guerra que ya había dejado 17 millones de muertos.

“El tren representa el fin de los combates. El fin, cuando la gente encontró la paz”, dijo Letemps.

El Museo del Armisticio se encuentra en las vías donde se firmó el armisticio, en el medio de un bosque.

Foch fue inmortalizado en estatuas por toda Francia y una de las avenidas que salen del Arco del Triunfo de París lleva su nombre.

Los alemanes que firmaron el armisticio no corrieron la misma suerte. Uno de ellos, Matthias Erzberger, fue vilipendiado y terminó siendo asesinado en 1921.

La historia del vagón 2419D y de Compiegne no terminó allí.

Para mucha gente pasó a ser un símbolo de paz y de catarsis.

El vagón fue llevado a París y exhibido en los jardines de Les Invalides, donde descansan los restos de Napoléon. En 1927 regresó a Compiegne y fue ubicado en el sitio que ocupa hoy el museo.

Letemps dijo que el vagón llegó a recibir 190.000 visitantes un año de la década de 1930, cuando los franceses todavía lloraban los 1,4 millones de soldados muertos en la guerra.

Para Hitler, en tanto, pasó a ser un símbolo de la humillación que representaron los términos de la rendición alemana en el 18.

El líder nazi visitó el sitio en 1940, cuando sus soldados conquistaron Francia.

Y dispuso que la rendición francesa se firmase en el mismo lugar donde se había firmado la capitulación alemana.

“El general (Wilhelm) Keitel leyó las condiciones (de la rendición) en el vagón y el canciller Hitler se sentó en el mismo sillón donde se había sentado Foch”, cuenta Letemps.

Posteriormente Hitler ordenó que el vagón fuese trasladado a Alemania y exhibido en la catedral de Berlín, como un trofeo de guerra.

El vagón fue destruido al final de la Segunda Guerra Mundial, aunque no se conocen las circunstancias, si por los alemanes o en un bombardeo.

En 1950, la empresa francesa que fabricó el vagón, la Wagons-Lits, que tenía a su cargo el famoso Expreso del Oriente (Oriente Express), donó al museo un vagón muy parecido con asientos de cuero, el 2439D, el cual se encuentra junto a lo que queda del original: unos pocos pedazos de decoraciones de bronce y dos rampas de acceso.

Merkel será la primera canciller alemana en 78 años que visita al bosque donde se puso fin al primer conflicto bélico mundial.

Su encuentro con Macron será parecido al que sostuvieron el canciller alemán Helmut Kohl, y el presidente francés Francois Mitterrand en un osario cerca de Verdun en 1984.

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Thomas Adamson está en Twitter.com/ThomasAdamson

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