La amenaza que esta actividad humana ha creado para millones de personas en EEUU

Como si fueran pocas las amenazas, ya sea naturales o por tensiones sociales, que pesan sobre Estados Unidos, una nuevo e inquietante factor podría, literalmente, moverle el piso a millones de personas en el país y, de pasada, conmocionar a toda una industria y a las autoridades que a diferentes niveles la han auspiciado sustantivamente.

El Servicio Geológico de Estados Unidos dio a conocer este lunes un reporte que indica, por primera vez, las áreas de riesgo por terremotos que incluyen los lugares donde existe la posibilidad de que se desaten movimientos telúricos causados por la actividad humana, en específico por la intensa actividad del ‘fracking’ –perforación horizontal del subsuelo para extraer hidrocarburos que implica la inyección de ingentes cantidades de líquido– que ha tenido lugar en años recientes en el centro y este de Estados Unidos.

image

Daños sufridos en Oklahoma por un fuerte terremoto sucedido en 2011 y vinculado a daños en el subsuelo producidos por el fracking. (AP)

Siete millones de personas viven en zonas que podrían ser golpeadas por terremotos originados en esa actividad humana, y el potencial destructivo de esos desastres sería similar al que existe en California por causa de la sismicidad natural.

Así, podría decirse de modo simplista que el frenesí de extracción de hidrocarburos mediante el ‘fracking’ y la inyección de ingentes cantidades de líquidos al subsuelo ha creado el equivalente al peligro de distribuir una ‘falla de San Andrés’ –con toda su ominosa carga de destrucción pasada y potencial– en otras zonas de Estados Unidos.

Por añadidura, como señala el periódico The Washington Post, el proceso mismo de ‘fracking’ implica la descarga de enormes cantidades de agua cargada de químicos (de muchos de los cuáles no se conoce a fondo su composición), una amenaza contaminante ya conocida y combativa por los opositores a esta técnica de extracción de hidrocarburos a la que ahora se añade, nada menos, que el peligro de terremotos.

De acuerdo al Servicio Geológico de Estados Unidos, los estados en mayor riesgo de sufrir terremotos inducidos por la actividad humana son Oklahoma, Kansas, Texas, Colorado, Nuevo México y Arkansas y no se trata de una mera especulación: las autoridades tienen ya registros de 1,500 reportes de casos en los que se han percibido fuertes temblores o incluso se han suscitado daños en esas áreas, y muchos miles más de movimientos de tierra menores.

Regiones de Ohio y Alabama también estarían en condiciones de riesgo por este motivo, aunque en menor medida que los otros seis estados.

image

Un mapa del Servicio Geológico de EEUU: a la izquierda zonas sísmicas naturales en California, a un lado, zonas de sismicidad inducida. (USGS)

El Post indicó que sismos ligados a actividades de ‘fracking’ de fuerza tan alta como 5.6 grados se registraron ya en una ocasión en Oklahoma en 2011 y uno de 5.1 tuvo lugar este 2016. No hay claridad sobre cuál podría ser la intensidad máxima de un movimiento telúrico así en el futuro. La geología de la zona indica que en el pasado habría habido terremotos de 7 grados en esa región y si se considera (teniendo en cuenta desde luego las diferencias del subsuelo y el urbanismo) que el gran terremoto de 1989 en el área norte de California, que golpeó con fuerza a San Francisco y provocó 69 fallecimientos fue de 6.9 grados, el riesgo potencial de terremotos vinculados al ‘fracking’ resulta particularmente relevante.

E incluso con terremotos de menor intensidad se pueden generar grandes daños, sobre todo porque impactan áreas donde antes no existían los mismos riesgos y por ello las construcciones y las poblaciones están menos preparadas para encararlos.

Como indicó el periódico The Dallas Morning News, un terremoto de 5.6 grados que golpeara el área de Dallas dañaría miles de edificios, 700 de ellos de modo severo, con pérdidas económicas del orden de los 10,000 millones de dólares. Incluso uno de 4.8 grados, que en otras regiones podría no provocar afectaciones de gran magnitud, podría en el área de Dallas provocar daños equivalentes a 2,300 millones de dólares.

Pero la conciencia de que un terremoto causado por la actividad humana podría golpear esas áreas del país aún no ha suscitado un cambio en las prácticas de fracking, si bien en fechas recientes se ha reducido el ritmo de extracción de hidrocarburos con esa técnica y, en lugares como Kansas, ha bajado la incidencia de movimientos telúricos vinculados a ello.

Pero eso no se debería a una súbita concientización sobre las posibilidades de un desastre sino porque la tremenda caída del precio internacional del petróleo ha reducido drásticamente la rentabilidad de los pozos de fracking, cuya operación es mucho más cara, y por ello se han reducido las actividades de perforación y extracción.

image

Un pozo de perforación y fractura con inyección hidráulica, técnica conocida como fracking. Muchos como este en Texas operan en Estados Unidos. (AP)

Así, al margen de que el impasse en el ‘fracking’ resulte o no temporal, eso no significa que los riesgos creados por la intensa actividad en los años recientes vayan a disiparse. En realidad es aún poco lo que se sabe sobre el estado del subsuelo, y la posibilidad de súbitos terremotos en esas áreas, como sucede con sus contrapartes naturales, estará presente por muy largo tiempo.

Y en la eventualidad de un evento sísmica mayor cuyas causas estén vinculadas al fracking suceda en el futuro generando pérdidas humanas y materiales, la estructura entera de esa industria extractiva y de las autoridades que han tratado de regularla o, también, de mantenerla lo más exenta de limitaciones, podrían también sufrir una sacudida contundente.

Más en Twitter: @JesusDelToro