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Para el ‘tsunami plateado’ con VIH, hay nuevas esperanzas de un envejecimiento saludable

Donté Smith en Kansas City, Misuri, el 8 de septiembre de 2023. (Arin Yoon/The New York Times)
Donté Smith en Kansas City, Misuri, el 8 de septiembre de 2023. (Arin Yoon/The New York Times)

Los estadounidenses con VIH están logrando lo que antes era impensable: un avance estable hacia la vejez. Sin embargo, alrededor de los 50 años, muchas personas que viven con el virus enfrentan una variedad de problemas de salud, desde cardiopatías y diabetes hasta aislamiento social y deterioro cognitivo.

Por ello, la comunidad de investigación médica, que hace unos treinta años desarrolló fármacos para contener el virus que han salvado muchas vidas, ahora busca nuevas maneras de mantener más sanas a las personas con VIH en sus últimos años de vida.

Por ejemplo, un estudio reciente mostró que una droga con estatinas aminoraba el riesgo de padecer ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares entre adultos mayores y de mediana edad con VIH y podría revelar información biológica sobre por qué este grupo tiende a envejecer con mayor rapidez que otros. Además, una serie de hospitales académicos han establecido clínicas especializadas para personas mayores con el virus, donde se brinda atención de expertos médicos, así como de trabajadores sociales, consejeros en abuso de sustancias, psicólogos y nutriólogos.

Nathan Goldstein, director de una de esas clínicas en Monte Sinaí, en la ciudad de Nueva York, opinó: “Me ha impresionado mucho cómo se ha disparado la atención para la población de edad avanzada con VIH. Todos los días, recibo correos electrónicos sobre modelos y subvenciones nuevos. La gente está prestando mucha atención a esto”. Más de dos decenas de expertos en VIH y envejecimiento también expresaron optimismo, en contraste con la perspectiva más sombría que muchos tenían hace una década.

Los investigadores se han referido a menudo a un inminente “tsunami plateado” de personas mayores con VIH que necesitan una mejor atención. En 2021, había 572.000 estadounidenses de 50 años o más diagnosticados con VIH, un 73 por ciento más que en 2011.

En la actualidad, dos tercios de las muertes en la población con VIH se deben a causas distintas al virus. Este grupo en envejecimiento se enfrenta a un mayor riesgo de padecer diabetes, enfermedades hepáticas y renales, así como osteoporosis, deterioro cognitivo y diversos tipos de cáncer.

Paul Aguilar, de 60 años, a quien le pronosticaron cinco años de vida cuando le diagnosticaron VIH en 1988, en Washington, el 8 de septiembre de 2023. (Haiyun Jiang/The New York Times)
Paul Aguilar, de 60 años, a quien le pronosticaron cinco años de vida cuando le diagnosticaron VIH en 1988, en Washington, el 8 de septiembre de 2023. (Haiyun Jiang/The New York Times)

No obstante, tal vez su preocupación de salud más apremiante es que enfrentan el doble de probabilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular en comparación con las personas que no son portadoras del virus. Investigadores de los Países Bajos estimaron que para 2030, más de tres cuartas partes de la población con VIH de ese país tendrán enfermedades cardiovasculares, incluyendo hipertensión, colesterol alto, ataques cardiacos o accidentes cerebrovasculares.

En busca de una defensa contra esta creciente amenaza, los Institutos Nacionales de Salud invirtieron 100 millones de dólares en un ensayo controlado aleatorio, llamado Reprieve, que probó una estatina frente a un placebo entre 7769 personas con VIH cuya edad oscilaba entre los 40 y los 75 años. Los voluntarios estaban relativamente sanos y recibían un tratamiento antirretroviral estable, por lo que, en general, no se les habría recomendado una estatina. Sin embargo, los resultados de ese ensayo, publicados en The New England Journal of Medicine, mostraron que el fármaco redujo más de un tercio el riesgo de eventos cardiovasculares importantes en los voluntarios.

Anthony Fauci, el exdirector (se jubiló en diciembre) del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por su sigla en inglés), quien también estuvo entre los líderes de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por su sigla en inglés) que aprobaron el gigantesco presupuesto de Reprieve, mencionó: “Este es realmente un estudio importante. Los resultados, en algunos aspectos, son incluso mejores de lo que hubiera esperado”.

Steven Grinspoon, autor principal de Reprieve y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, afirmó que el ensayo clínico también midió muchos marcadores químicos de inflamación en la sangre de los voluntarios y escaneó sus arterias coronarias. Los investigadores están analizando si estos datos pueden ayudar a explicar por qué las estatinas redujeron los eventos cardiovasculares. Los investigadores presentarán sus hallazgos en una reunión en noviembre.

Fauci sospechaba que este análisis podría revelar que la estatina redujo la inflamación crónica de los voluntarios y, a su vez, evitó la acumulación de placa en las arterias que puede precipitar un ataque cardiaco o un accidente cerebrovascular.

No obstante, los expertos aseguraron que la atención a largo plazo de las personas con VIH dependerá de mucho más que solo fármacos. Una serie de problemas sociales prevalecen en especial entre las personas de mayor edad con VIH y pueden exacerbar los peligros del envejecimiento, entre ellos la pobreza, la soledad, la adicción, las enfermedades mentales, el estigma y la inseguridad de vivienda.

A Paul Aguilar, de 60 años, le pronosticaron cinco años de vida cuando le diagnosticaron VIH en 1988. Ha sobrevivido, pero no ha sido fácil. Perdió grasa en la cara, un efecto secundario de la primera generación tóxica de medicamentos antirretrovirales. Además ha soportado olas de pérdidas de amistades en San Francisco: primero, por el sida y, en fechas más recientes, por otras enfermedades.

El año pasado, comenzó a asistir al programa “Golden Compass” para pacientes mayores con VIH en la Universidad de California, campus San Francisco, el cual brinda una variedad de servicios que incluyen cardiología, clases de ejercicio, así como atención dental, oftalmológica y de salud mental. Aguilar aseveró que la asesoría psicológica y el apoyo que recibió ahí lo ayudaron a lidiar con la muerte por suicidio de su amigo más cercano y con su propia crisis de salud mental subsecuente.

Aguilar expresó que el programa de la universidad es “realmente una bendición del cielo” y señaló que no tiene costo para él gracias a su cobertura de Medicare y Medicaid.

No obstante, los expertos indicaron que la gran mayoría de las personas de edad avanzada portadoras del virus carecen del tipo de atención de alta calidad que ha ayudado a Aguilar a salir adelante. Estos programas suelen ser prohibitivamente caros y plantean necesidades de personal y espacio que muchas clínicas, sobre todo en zonas de escasos recursos, no pueden satisfacer.

Jules Levin, de 73 años, un destacado activista que alza la voz en nombre de las personas mayores seropositivas como él, señaló: “Los pacientes no están recibiendo atención”.

Después de enterarse de los hallazgos del estudio Reprieve, Aguilar le preguntó a su médico sobre comenzar a tomar una estatina.

“Voy a volverme un cascarrabias y les diré a los niños que no pisen mi césped”, bromeó.

c.2023 The New York Times Company