Trump no es un patriota. El 6 de enero, se alegró cuando estalló la violencia contra nuestra democracia | Opinión

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¿Por qué un empresario que ha ganado miles de millones en el sector privado se postularía a la presidencia si no fuera un verdadero patriota?

Ese fue el razonamiento que me formuló un querido amigo alrededor de 2018. Escuché diferentes versiones de esa afirmación a lo largo de los años, cuando cubrí temas políticos, y más tarde como columnista, en áreas republicanas de Florida.

El usar de chivo expiatorio a los inmigrantes, el lenguaje grosero, su admiración por los dictadores; todo lo que hizo el presidente abrazado a la bandera fue supuestamente por amor a su país. Es la otra parte –los medios de comunicación incluidos– la que lo malentiende.

Cuando uno oye eso suficientes veces, empieza a cuestionar su propia realidad. ¿Me estoy perdiendo algo? ¿Es este un episodio de la “Twilight Zone” (Dimensión Desconocida) en el que soy yo quien está ciego ante los dones de Trump para el país?

Cuando uno escucha a suficientes personas, como el líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, que supuestamente estaba “asustado “ durante el ataque al Capitolio del 6 de enero, minimizar lo que sucedió ese día, tiene que cuestionar la realidad paralela en la que viven –o eligen vivir– Trump y sus seguidores.

“Pensaba que todos en el país [tenían] alguna responsabilidad con base en lo que ha estado sucediendo: los disturbios en las calles, los otros”, dijo McCarthy a los periodistas esta semana cuando se le preguntó si pensaba que Trump tenía responsabilidad en los ataques.

Líder McCarthy, se equivoca. Los millones de estadounidenses que reconocen a Joe Biden como el ganador de las elecciones de 2020 y los republicanos que han desautorizado las mentiras electorales de Trump y calificaron el 6 de enero como lo que fue, una insurrección, no comparten esa carga con políticos oportunistas y sin carácter como usted. Por no hablar del propio Trump.

Después de la primera audiencia de la comisión sobre los disturbios del 6 de enero en el Capitolio el jueves por la noche, está claro que el ex presidente tiene al menos cierta responsabilidad en la incitación de los ataques. Su llamado a los Proud Boys para que “se aparten, se mantengan a la espera” estimuló el aumento de miembros del grupo de extrema derecha que conspiró durante semanas para impedir el traspaso pacífico del poder. Su tuit –”Gran protesta en D.C. el 6 de enero ¡Estén allí, será salvaje!”– desencadenó los preparativos del atentado, según las conclusiones de la comisión.

Los que son como McCarthy –y los estadounidenses comunes que siguen prometiendo lealtad a un personaje político– pueden descartar estos hallazgos como una cacería de brujas o una conspiración del Estado profundo. Pueden racionalizar cómo el secretario de Justicia de Trump, William Barr, le dijo al entonces presidente que sus afirmaciones de fraude electoral eran “mier----”. Que la hija favorita de Trump, Ivanka, “aceptó” la afirmación de Barr de que no hubo fraude generalizado.

Una vez que reconoces que la propia descendencia de Trump y las personas más cercanas a él no podían formar parte, de manera realista, de una conspiración para derribarlo, lo único que te queda es un político cuya verdadera lealtad es a su ego.

Solo alguien que pone su propio interés por encima del documento fundacional de esta nación se negaría a llamar a una sola persona o a emitir una orden para proteger el Capitolio, según la comisión. Solo alguien que no entiende –o no le importa– que está sobre los hombros de Abraham Lincoln y George Washington hablaría supuestamente con aprobación de las conversaciones de los alborotadores sobre colgar al vicepresidente Mike Pence (Trump negó haber dicho que Pence “merece” ser colgado).

Fue Pence, fiel apologista de Trump durante cuatro años, quien actuó como un presidente y ordenó a la Guardia Nacional que respondiera a la violencia, según el testimonio de Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto.

Solo si usted sintoniza FOX News los jueves por la noche y se niega a leer cualquier cobertura de la audiencia puede seguir creyendo que Trump realmente quiere Hacer Grande a Estados Unidos una vez más.

O puede decir que Milley, Barr, Ivanka Trump y muchos otros son mentirosos.

Pero también tendrá que negar la sangre que se derramó el 6 de enero, tanta que la agente de la Policía del Capitolio de Estados Unidos Caroline Edwards testificó que estaba “resbalando en sangre de la gente”.

“No podía creer lo que veían mis ojos, había agentes en el suelo, estaban sangrando, estaban vomitando”, dijo.

Usted también tendrá que fingir que la lesión cerebral traumática de Edwards no se produjo. Fue causada por los alborotadores que le pegaron en la cabeza con un rack para bicicletas, dejándola inconsciente. Si usted hace eso, quite su bandera de la Línea Azul Delgada (creada en homenaje a los policías) y despegue esa calcomanía de Blue Lives Matter de su parachoques mientras estás en ello.

O puede poner Primero a Estados Unidos, como Trump nunca ha podido hacerlo.

Isadora Rangel es miembro de la Junta Editorial del Miami Herald.

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