El truco para fomentar la actividad física entre los jóvenes mientras se lucha contra el cambio climático

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En nuestra sociedad actual tenemos dos problemas importantes que debemos priorizar: la sostenibilidad de nuestro planeta y nuestras ciudades, y la salud de los ciudadanos con una escasa actividad física. Pueden parecer retos diferentes, pero vamos a explicar su relación y qué podría ser útil para mejorar la situación.

El problema de la sostenibilidad lleva en primera línea desde el lanzamiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que realizó Naciones Unidas en 2015, los cuales han establecido un marco de actuación para conseguir tener una sociedad más igualitaria, equitativa, que acabe con la pobreza y que combata el cambio climático.

Desde el ámbito de la actividad física ya se ha analizado cómo esta puede contribuir al cumplimiento de estos objetivos, que tienen como meta el año 2030. En este sentido, la evidencia científica nos demuestra cómo las estrategias de promoción de la actividad física que incluyan políticas relacionadas con el transporte, diseño de infraestructuras urbanas y programas orientados a la comunidad pueden aportar beneficios observables en los objetivos 3 (salud y bienestar), 9 (industria, innovación e infraestructura), 11 (ciudades y comunidades sostenibles), 13 (acción por el clima) y 16 (paz, justicia e instituciones sólidas).

Recientemente la revista The Lancet ha publicado un análisis de los costes de la atención sanitaria asociados con las enfermedades no transmisibles que son evitables por medio de la práctica de suficiente cantidad de actividad física. Casi 500 millones de nuevos casos de estas enfermedades se contabilizarán hasta 2030 si el nivel de práctica de actividad física se mantiene como hasta ahora, lo que implicaría más de 47 000 millones de dólares por año de coste para los sistemas sanitarios a nivel mundial.

Este coste se puede evitar con un incremento de la práctica de actividad física en la población.

¿Cómo mejorar la situación?

Es fácil: incrementar los niveles de práctica de actividad física en la población. Sin embargo, esto es algo difícil de lograr sin acciones concretas.

La Organización Mundial de la Salud tiene un plan (Plan de Acción Mundial sobre Actividad Física 2018-2030: Más personas activas para un mundo sano) en el que se integran diferentes acciones que pueden ayudar a lograr el objetivo de reducción de la insuficiente práctica de actividad física.

En este plan adquiere una mayor relevancia el entorno urbano donde se desarrollan estas actividades físicas. Es necesario garantizar que sea apto, seguro y sostenible para las personas.

¿Se puede fomentar el desarrollo sostenible a la vez que la actividad física?

El transporte activo consiste, por ejemplo, en andar o ir en bicicleta durante el día a día para desplazarnos a los lugares que frecuentamos. Por ejemplo, a los centros educativos (para los jóvenes) y el trabajo (para los adultos).

Esto solventa la doble problemática, tal y como se muestra en la “pirámide de la movilidad”. Esta pirámide, creada por el grupo PROFITH de la Universidad de Granada, muestra cómo el tipo de transporte puede contribuir a la salud de las personas y a la sostenibilidad del planeta.

Pirámide de la movilidad. PROFITH/Universidad de Granada, Author provided
Pirámide de la movilidad. PROFITH/Universidad de Granada, Author provided

El transporte activo se ofrece como una oportunidad para ser activos y aumentar nuestra salud y, a la vez, reducir la emisión de gases que produce el transporte motorizado y mejorar la sostenibilidad de nuestro entorno.

Cambiar un desplazamiento en transporte motorizado por aquel impulsado por el ser humano (caminar, correr, bicicleta y patinete no eléctricos) incrementará el tiempo de práctica de actividad física y a su vez aportará beneficios de carácter físico y psicológico, e incluso disminuirá el riesgo de mortalidad por cualquier causa.

Además, en muchas situaciones provoca un importante ahorro de tiempo, ya que evita la necesidad de buscar un aparcamiento, así como los atascos de tráfico. Y, no menos importante, contribuye a una menor emisión de gases de efecto invernadero, lo que ayuda a luchar así de manera eficiente contra el cambio climático, además de reducir la contaminación acústica y favorecer el ahorro económico.

La importancia de fomentar el transporte activo durante la infancia

La infancia es una etapa en la que se establecen algunos hábitos activos que pueden perdurar en la edad adulta.

Además, la escolarización en esta franja de edad facilita que diferentes materias (educación física, ciencias sociales, ciencias naturales) puedan ayudar a educar a los más jóvenes en el uso del transporte activo.

Si utilizamos el trayecto hacia y desde el centro educativo para fomentar el transporte activo y nos aseguramos de que ocurre diariamente al menos dos veces, podríamos influir en toda la población joven.

<a href="https://www.shutterstock.com/es/image-photo/two-school-kid-boys-safety-helmet-1107524681" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Shutterstock / Irina Wilhauk;elm:context_link;itc:0" class="link ">Shutterstock / Irina Wilhauk</a>

¿Es necesario atender al contexto para promover el transporte activo?

Sin duda, sí. El transporte activo hacia y desde el centro educativo tiene diferentes implicaciones según el desarrollo socioeconómico del país y este debe ser teniendo en cuenta para establecer propuestas de intervención.

De hecho, se han observado diferentes tendencias en los patrones de desplazamiento al colegio en las últimas décadas en países desarrollados –en Estados Unidos se observa un descenso– frente a países en vías de desarrollo –donde se observa un patrón más estable–.

Por tanto, el fomento del transporte activo en la infancia puede contribuir a que tengamos cada vez más ciudadanos haciendo uso de medios de transporte que fomentan la sostenibilidad de nuestro planeta. Será necesaria la implicación de toda la sociedad, especialmente de las familias y de nuestros representantes públicos para crear el contexto que facilite una sociedad más activa y saludable.

Javier Brazo-Sayavera es miembro de la Alianza Global por una Infancia Activa y Saludable. Además, coordina la Red Española por una Infancia Activa y Saludable.

Palma Chillón Garzón es coordinadora de la Red Iberoamericana de Investigación en Desplazamiento Activo, Salud y Sostenibilidad.