Tropas sirias y rusas entran en la estratégica ciudad fronteriza de Kobane para frenar a los turcos

LA NACION

DAMASCO.- Las tropas del régimen sirio, con respaldo de efectivos rusos, entraron ayer en la estratégica ciudad fronteriza de Kobane, para empezar a poner freno a la ofensiva de Turquía, que conduce una operación que ya dejó cientos de muertos, entre combatientes y civiles, y decenas de miles de desplazados que escapan del nuevo brote de violencia.

El despliegue sirio puso en práctica un acuerdo alcanzado entre el gobierno del presidente Bashar al-Assad y las autoridades kurdas de la región para detener el hasta ahora inexorable avance de los turcos, cuya ofensiva comenzó con bombardeos aéreos y siguió en una segunda etapa por tierra.

La llegada del convoy binacional también confirmó los nuevos vientos políticos en el norte de Siria, donde Rusia comenzó a pisar fuerte y a ocupar el vacío que dejó la salida de las fuerzas estadounidenses.

Kobane es una ciudad de gran simbolismo para los kurdos de Siria, que consiguieron arrebatársela tras encarnizados combates al grupo jihadista Estado Islámico (EI), con el apoyo de la coalición liderada por Estados Unidos.

Los habitantes de Kobane vieron llegar con alivio el convoy militar en el que ondeaba la bandera siria, y del que formaban parte ocho camiones blindados, una primera partida de la movilización dispuesta por Al-Assad y con escolta rusa.

En otros sectores de la frontera los enfrentamientos entre los turcos y las milicias kurdas continuaron como en los últimos días. La aviación y la artillería turcas golpearon una vez más el pueblo de Ras al-Ain, en la primera línea de fuego de la ofensiva del gobierno de Recep Tayyip Erdogan, dispuesto a barrer con las fuerzas kurdas de la frontera para formar una zona de seguridad, según la expresión que justificó las maniobras.

También se produjeron enfrentamientos cerca de la autopista estratégica M4, que cruza el norte de Siria desde Aleppo hasta Irak. Según el gobierno turco hasta el momento hay 653 "terroristas neutralizados", entre abatidos, heridos y capturados. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) calculó en 185 el número de combatientes kurdos muertos, contra 164 en las filas enemigas.

Y aunque Erdogan prometió evitar las "masacres de civiles", según OSDH habría al menos 71 víctimas entre la población.

Turquía continuó así la ofensiva contra la milicia kurda Unidades de Protección Popular (YPG), que considera un grupo "terrorista", pero que cuenta con el apoyo de la comunidad internacional.

"Si los terroristas abandonan la zona de seguridad" que Turquía quiere crear en sus fronteras con Siria, "la operación terminará", dijo Erdogan sobre las milicias, a las que supone aliadas del movimiento separatista de su propio país.

Como si no tuviera nada que ver en el asunto, el presidente estadounidense, Donald Trump, defendió su decisión de retirar a los efectivos que estaban en el noreste de Siria y que desató el caos. "Eso es algo entre Turquía y Siria. No es algo entre Turquía y Siria y Estados Unidos", afirmó.

Si bien en los últimos días le advirtió a Erdogan que detenga sus incursiones fronterizas, ayer pareció darle la razón cuando comparó a los kurdos que reivindican su autonomía en Turquía con los jihadistas de Estado Islámico (EI), el grupo terrorista que llegó a instaurar un "califato" en la región.

El grupo kurdo que opera en Turquía (PKK) es "probablemente una mayor amenaza terrorista, en muchos sentidos, que EI", dijo Trump, aunque negó que hubiera dado el visto bueno a Erdogan para sus operaciones. "Yo no le di luz verde. Cuando uno dice algo así es engañoso. Fue lo opuesto a una luz verde. Para empezar ya casi no teníamos soldados ahí. La mayor partida se había dado ya", señaló.

Mientras Trump hablaba, el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el vicepresidente Mike Pence se preparaban para dejar Washington y viajar a Turquía, donde prevén reunirse en la jornada de hoy con el presidente Erdogan para negociar un alto el fuego.

Agencias AFP, AP y ANSA