La carrera de algunos multimillonarios norteamericanos por conseguir la inmortalidad es un problema para todos

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La sustitución de órganos biológicos envejecidos por partes mecánicas forma parte del ideario transhumanista. (Imagen Creative Commons vista en PxFuel).
La sustitución de órganos biológicos envejecidos por partes mecánicas forma parte del ideario transhumanista. (Imagen Creative Commons vista en PxFuel).

En 2007 oí hablar por primera vez de los transhumanistas, un grupo de personas cuyo objetivo final en la vida no es otro que esquivar la muerte. Para lograr tal objetivo no dudarán en invertir cuanto tienen en tecnologías como inteligencia artificial, ingeniería genética, nanotecnología y en general cualquier técnica que logree hackear nuestro cuerpo “enfermo” y programado para la muerte. De hecho, si entrecomillo la palabra “enfermo” es porque precisamente así ven los transhumanistas a la muerte, como un mal que es necesario “curar”.

Este grupo es especialmente numeroso en los Estados Unidos. Como escribió en 2003 la ensayista británica Zadie Smith: “la muerte es una especie de afrenta al estilo de vida americana. Va completamente en contra de las aspiraciones”. Tal vez sea por ello que sea en este país donde encontramos los nombres de los mayores inversores en técnicas anti-envejecimiento a nivel global. Personas muy conocidas por sus compañías tecnológicas, situadas a la vanguardia planetaria, y como no también por sus astronómicas cuentas corrientes.

En la selecta lista encontraremos a Larry Page y Sergey Brin (los fundadores de Google), o al multimillonario Peter Thiel (confundador de Paypal). También, como no, aparecen dos personas empeñadas en escapar de este mundo con sus compañías espaciales, el famoso fundador de Amazon Jeff Bezos, y el no menos célebre CEO de Tesla y Space X, Elon Musk.

Todos los citados han invertido, en mayor o menor medida, importantes sumas de dinero en crear o participar compañías enfocadas a investigar tratamientos anti-envejecimiento. Bezos por ejemplo, ha regado de dinero a nivel personal a algunas startups como Unity Biotechnoly y Altos Labs, cuyo fin es la reprogramación biológica celular a través de la tecnología.

Más allá del manido asunto de si resulta ético o no invertir tanto capital para este fin, existiendo problemas más urgentes que resolver en estos momentos (crisis energética, enfermedades incurables, calentamiento global, etc.) lo cierto es que el afán que esta élite muestra por alargar al máximo su esperanza de vida, ya no digamos alcanzar la forma de esquivar a la muerte, podría llegar a suponer un problema para todos los habitantes de la Tierra. Me explico dando algunas cifras.

En la reciente cumbre climática en Glasgow se especificó que para lograr el objetivo de que la temperatura global no superara el grado y medio, cada humano debería de emitir menos de dos toneladas de CO2 al año. Pero resulta que el 1% de los humanos más ricos de la Tierra, entre los que se cuentan todas las personas citadas en los párrafos anteriores, producen más de 70 toneladas de CO2 por cabeza con su ostentoso modo de vida. ¿Os imagináis lo que pasaría si esta élite supermillonaria lograra vivir 140 años, 200 años, o incluso eternamente?

Según la OMS, para el año 2030 una sexta parte de la humanidad (es decir 1.400 millones de personas) tendrán 60 o más años. La cifra de octogenarios se multiplicará por tres desde 2020 a 2050. Ni que decir tiene que este problema de envejecimiento de la población (sumado al del descenso de la natalidad) tendrá un efecto desastroso en los sistemas de pensiones solidarios propios de estados del bienestar como el nuestro. En nuestro país la mitad de las personas que superan los 80 años viven solas (son principalmente mujeres) y ocupan casi la mitad de las viviendas disponibles. Por otro lado los jóvenes a menudo alargan el período de vida en el hogar paternal por encima de los 25 años, porque son incapaces de encontrar un trabajo tal que les permita procurarse una vivienda en propiedad.

Dado que numerosos estudios inciden en que una de las claves para vivir más años de forma saludable radica en la compañía, parece claro que hacer vida social y participar en actividades comunales no solo aleja la soledad sino que hace mejorar todas las constantes médicas. De ahí que muchos expertos aboguen por el co-housing, comunidades formadas por viviendas privadas que comparten servicios comunes en función de las necesidades de sus residentes con el objetivo de lograr el bien común. Imaginad una urbanización en la que los jóvenes adultos cuidan de que los ancianos no tengan problemas médicos o higiénicos, mientras estos colaboran en la cocina o en el cuidado de los niños. Por aquí deberían ir los tiros si queremos solucionar los diversos obstáculos a los que se enfrenta cada generación. 

Obviamente a ese 1% de súper ricos entre los que se encuentran buena parte de los transhumanistas más activos, tales problemas no les preocupan ni lo más mínimo. Tienen acceso a los últimos avances médicos y la compañía humana no va a faltarles mientras su cartera rebose de billetes. Si algún día consiguen su objetivo de vivir eternamente habría que preguntarles si también piensan trabajar (y pagar impuestos) eternamente, de lo contrario no habrá economía que lo resistiese.

Resulta irónico pensar que, a pesar de la enorme inversión en ciencia anti-aging, de momento no se han alcanzado resultados revolucionarios. Hace mucho tiempo que se investiga en maneras de alargar la esperanza de vida al tiempo que se revierten los estragos del envejecimiento, pero lo cierto es que al margen de los avances en medicina, con los que hemos logrado derrotar a enfermedades que antes nos diezmaban, en realidad no se han producido mejoras significativas. Me temo que el mecanismo de degradación corporal es sumamente complejo.

Me enteré leyendo The Guardian.

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